Por fin se movieron los favoritos y lo que aprendimos es más importante que las diferencias en meta. Lo primero es que el Tour no tiene dueño. Roglic (30 años) parece el candidato más solvente, pero tampoco anda sobrado. De haberlo estado, habría saltado al ataque del imberbe Pogacar (21) y ambos se habrían presentado juntos en meta (urge una entrevista con el ministro de deportes esloveno). A esta hora, el niño Pogacar (siete meses más joven que Doncic) es la pieza clave de la trama. Nadie sabe hasta dónde puede llegar, ni siquiera él mismo. De tal modo que sus adversarios se plantean la duda de seguirlo (y reventar quizá) o dejarlo marchar para que tal vez reviente él.

La siguiente evidencia es que Bernal (22) no es el ciclista del pasado año y su equipo tampoco. El vigente campeón sufrió en el Peyresourde. Lo hizo con inteligencia y abnegación, hasta con clase, pero sufrió. Carapaz (27) le ayudó lo que pudo, pero tampoco se le ve muy fino. También supimos que Yates (28) no es un líder que pasaba por allí y que muerto Pinot el francés de moda se llama Guillaume Martin (27), decimosegundo en la pasada edición. Con permiso, claro, del eterno Romain Bardet (29), que tuvo coraje para atacar al grupo de estrellas en los últimos metros.

Ahora vayamos con Nairo (30). La sensación es que tiene piernas y ambición. Diría que es, junto a Rigoberto Urán (33), el ciclista que mejor entiende la carrera y eso le concede una ventaja esencial a la hora de dosificar esfuerzos e identificar enemigos. Perro viejo, para entendernos. Y quizá maravillosamente rabioso.

Supermán López (26) es el último colombiano en la disputa —otro falso veterano— y seguramente el más indescifrable. Su pecado suele ser la precipitación, pero de momento permanece en un segundo plano. No olvidemos que se estrena en el Tour y podría estar tomando notas.

Y llegamos a Mikel Landa. Comenzó la etapa afligido por la pérdida del día anterior y se fue animando poco a poco. Me resulta difícil decir si esconde cartas o simplemente no las tiene demasiado buenas. Es posible que tampoco lo sepa él. Su rostro no da pistas y su colocación en la carrera menos. La impresión es que cuando se movió el grupo de favoritos se sintió, sucesivamente, agobiado, indeciso, animado, confiado, ambicioso, descreído y conformado. Para él vale lo mismo que para Roglic: de encontrarse muy bien se hubiera marchado con Pogacar.

El caso es que el Tour está más abierto que nunca hasta donde me alcanza la memoria. El todopoderoso Jumbo se desintegró en la última subida, incluido Tom Dumoulin, que perdió más de dos minutos con respecto a los favoritos. Los de la tuneladora no tienen plan B. Tampoco existe ya la romántica baza de Alaphilippe (28), valiente hasta que implosionó.

Respecto a Enric Mas (25) las dudas se imponen a las certezas. Cedió 38 segundos con los favoritos, lo que está lejos de ser una buena señal para un escalador puro. No está claro si está verde para estas batallas o el verde es su color natural.

Nans Peters (26) fue el mejor de la escapada (y de la jornada) y Carlos Verona (27) llegó tercero. El realizador de la televisión francesa se regodeó tanto en la fuga cuando la carrera se jugaba atrás que dieron muchas ganas de comprar muñecos de vudú en el chino de la esquina. Antes de llegar a mayores, rogamos a los ciclistas con mando en plaza que impidan mañana la escapada de ningún corredor francés, especialmente Pinot, si es que sobrevive a las próximas horas. Sería hermoso disfrutar en directo de la pelea que se avecina.

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