Argentina, comandada por Redondo, Simeone y Batistuta, llega con la Copa América bajo el brazo. Hasta hoy, el último título absoluto de la albiceleste. Pero en ese momento es segunda de grupo y necesita ganar para no jugar la repesca. De no hacerlo, depende del resultado del encuentro que a la misma hora se disputa en Lima entre Perú y Paraguay.
Por su parte, Colombia quedará primera de grupo con un simple empate que parece factible: apenas tres meses antes, ambas selecciones se han visto las caras en las semifinales de la Copa América con un empate agónico y victoria en los penalties para Argentina. Y han pasado sólo 15 días desde que Colombia ganó a los del Coco Basile por 2-1 en Barranquilla, en esta misma fase de clasificación. Es evidente que, pese a jugar en casa, el partido no será un paseo para Argentina. Lo que está por llegar no lo sospecha ninguno de los 80.000 hinchas argentinos, que abuchean a Colombia cuando salta al repleto Antonio Vespucio Liberti.
Menos aún cuando Argentina empieza dominando el partido con varias ocasiones desbaratadas por Óscar Córdoba, el portero colombiano que curiosamente luego hará carrera en el fútbol argentino (dos Copas Libertadores con Boca Juniors y aquella famosa intercontinental contra el Real Madrid). Cuando la grada espera el inminente gol, surge la rizada melena del Pibe Carlos Valderrama. Viene de fracasar en el fútbol europeo (Montpellier y Valladolid) pero decide festejar su 32º cumpleaños a lo grande: bajo su batuta, Colombia empieza a controlar el partido y con un pase medido a Freddy Rincón, el Coloso de Buenaventura, (precursor de James Rodríguez en el Real Madrid), Colombia silencia el Monumental de River. Desde Lima tampoco llegan buenas noticias: Argentina está a un gol más de Paraguay de quedarse fuera del Mundial.
En el segundo tiempo, Colombia aprovecha los nervios de una desquiciada y desbordaba Argentina. El “10” de Santa Marta sienta cátedra ante el histórico “10” argentino: Maradona, con evidente sobrepeso, aún decide si continúa jugando al fútbol mientras desde la tribuna principal sufre con las galopadas de Faustino Asprilla y la potencia del Tren Valencia. El otro héroe argentino en Italia 90, Sergio Goycochea, saca cuatro veces más el balón del fondo de las mallas. La debacle finalmente tiene forma de “manito” (en Argentina el diminutivo de mano, no es manita sino manito). Y podía haber sido peor: Perú salva los muebles en Lima y da a Argentina una vida extra. Jugará la repesca contra Australia.
Termina el partido y los 80.000 testigos de una humillación histórica se ponen de pie en la grada para aplaudir la exhibición colombiana: la histórica soberbia argentina se transforma en señorío. Las cámaras enfocan especialmente el amargado aplauso del, hasta ese momento, mejor jugador argentino de la historia. Ya piden su vuelta para ayudar a su país en la repesca, incluso con el “cadáver aún caliente”. Un cadáver que “El Gráfico” inmortalizó hace 25 años con una “tapa” (portada) de luto para la historia.






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