El PSG venció al Atalanta y quién sabe si la historia de los italianos en la Champions 19/20 se escribirá a partir de este partido. De lo que no cabe duda es de que el equipo de Bérgamo fue el protagonista de todo lo que ocurrió sobre el terreno de juego en el primero de los cuartos de final.
El Atalanta es un equipo admirable que apuesta todo al ataque, que no negocia, que no engaña, que no hace prisioneros, que salta al campo con la idea de atacar y atacar, un grupo compacto, directo, vertical, perfectamente geométrico y cuya idea básica es atacar en cuanto tiene la pelota.
Los italianos son todo agresividad y al PSG le llevó 60 minutos superar mínimamente esa furia desatada. Una agresividad con la que ataca y defiende la Atalanta, que no es más que el argumento que Gasperini lleva años utilizando para enmascarar, y superar, las carencias estructurales, fundamentalmente técnicas, de su equipo. Para eso existe la pizarra, para que el técnico dote a los suyos de argumentos y herramientas que minimicen sus problemas.
Gasperini puso al equipo en modo ataque. Le dio las llaves del partido a su mejor futbolista, Alejandro Papu Gómez, encargado de dominar y dar criterio al juego. Escurridizo en el uno para uno e indetectable para el sistema defensivo francés, el argentino volvió a ser básico en el sistema partiendo siempre desde la izquierda, a pie cambiado, para recibir muy abierto, recortar hacia dentro y salir a favor de su mejor pierna tanto para asociarse, como para cambiar la orientación del juego o atacar el área desde el centro, como para ensayar el disparo.
Durante la primera parte y muchos minutos de la segunda, la idea del Atalanta funcionó. El problema es que esa verticalidad, en ocasiones excesiva, les penaliza y les lleva a ser un equipo que generalmente sufre en su transición defensiva, más aún si delante está Neymar. Al Atalanta le faltó ese segundo gol que hubiera abierto el partido y le hubiera permitido jugar los últimos minutos, cuando más sufren sus jugadores por el desgaste físico, desde una posición más cómoda.
Touchel supo mover el banquillo. A la clase de Neymar le sumó la potencia de M’bappé y a ellos añadió al inesperado héroe de la noche, Choupo- Moting. Los italianos empezaron a defender dentro de su área, fortificando el área pequeña como las legiones romanas cuando con sus escudos se ponían en formación tortuga.
El fútbol fue cruel. Habían llegado con el 1-0 al minuto noventa, pero cuando defiendes dentro de tu área pequeña, cualquier remate es un pase y cualquier pase se convierte en remate. En tres minutos se pasó del 1-0 al 1-2. El PSG ganó un partido que perfectamente podía haber perdido y el Atalanta perdió uno que tuvo ganado.
El Atalanta es uno de los modestos que han enamorado este curso. El otro es el Slavia de Praga. Ambos, sin jugadores de tronío y con carencias en su fútbol, han jugado de una forma tan emocionante que costará olvidarlos.







