Desde que el barón de Coubertin pronunciara estas palabras en la inauguración de los Juegos de 1896, no ha existido un atleta que no haya intentado correr más rápido, saltar más alto,  lanzar más lejos. Hay algo en el deporte que nos conecta con el niño que fuimos: muchos juegos infantiles se basan en atrapar al contrario, en brincar sobre el compañero o en tirar piedras (a un río o a un adversario, según los casos).

A sus veinte años no hace tanto que Armand Duplantis abandonó la infancia, pero desde luego dudo que ningún crío se haya elevado tanto como este magnífico deportista sueco. El pasado jueves, en el Estadio Olímpico de Roma, franqueó el listón colocado a 6,15 convirtiéndose así en el hombre que ha saltado más al aire libre ayudándose de una pértiga. En puridad la plusmarca mundial de la modalidad ya la ostentaba él mismo con 6,18 conseguidos en pista cubierta, pero desde siempre las grandes hazañas atléticas se relacionan con enormes graderíos y con el único techo del cielo y las nubes. Las instalaciones cerradas otorgan a las competiciones un aire industrial que casa mal con la épica.

Este sueco precoz ha borrado así de la tabla de mejores marcas a uno de los mitos del deporte rey de todos los tiempos, Sergey Bubka. El ucraniano, figura indiscutible cuando los atletas eran estrellas del rock, se reconvirtió a dirigente deportivo tras retirarse y si se le preguntaba por un posible heredero en las alturas siempre mencionaba el mismo nombre: Renaud Lavillenie, campeón olímpico en Londres. El francés llegó a ostentar la mejor marca bajo techo, pero nunca pudo superar al ucraniano al aire libre. La aparición fulgurante de Duplantis ha trastocado la línea sucesoria y el joven delfín ya está sentado en los dos tronos (indoor y outdoor) para que no quepa duda alguna sobre su superioridad.  

Como la realidad suele ofrecernos anécdotas para el disfrute, contaré que Lavillenie y Duplantis, rivales y amigos al estilo de Nadal y Federer, han compartido alguna vez barbacoa y refrescos en la residencia del francés. En su jardín, donde cualquier mortal tiene una piscina o una mesa de ping pong, él tiene una colchoneta y un listón adecuados para el salto con pértiga. Las imágenes de los dos atletas franqueando casi seis metros después de haber pasado una tarde veraniega se hicieron virales.

Esta pareja volvió a coincidir el pasado jueves durante la estación romana de la Diamond League, con cielo y nubes, pero sin público que pudiese vitorear la gesta, por mor de la pandemia. Tras el primer intento fallido, Duplantis le consultó al galo alguna cuestión técnica. En la nueva tentativa superó el listón con tanta solvencia que hubo quien pensó que tal vez pediría una nueva altura, cosa que naturalmente no hizo (centímetro a centímetro se recauda más).  

No descarto que el sueco invierta parte del premio en comprar un gnomo de jardín para Lavillenie.

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