El entrenador del Atlético de Madrid se lamentaba hace unos días de la nueva lesión muscular de Griezmann, al tiempo que mostraba públicamente su preocupación por las recaídas de algunos de sus jugadores, como por ejemplo Marcos Llorente.
Es un mal endémico que viene ocurriendo en muchos equipos de nuestra Liga. En artículos anteriores he manifestado que no existe la prevención de las lesiones: por desgracia, se siguen y seguirán produciendo por la exigencia tan brutal que supone el fútbol. Añadamos un calendario de locos que hace que los jugadores sometan a sus organismos a un alto estrés oxidativo, rozando el límite fisiológico y muscular.
En el tema que nos ocupa y preocupa, las “recaídas” de las lesiones se pueden prevenir en más del 75% de los casos. Eso sí, será necesario cumplir a rajatabla el “protocolo” de la rehabilitación de una lesión que los servicios médicos y los staff técnicos conocen a la perfección.
En la fase 3, la readaptación cobra un gran protagonismo porque para entonces ya se ha formado la cicatriz que nos indica que las fibras dañadas han adquirido un buen nivel de funcionalidad. Para recuperar al menos el 80 por ciento de la potencia de las fibras sanas será fundamental el entrenamiento metódico, progresivo, con objetivos funcionales y musculares, y con la aplicación de los tests adecuados. Ellos nos indicaran que se puede pasar con total garantía a la fase 4. Entonces, el jugador se incorporará con el grupo y el balón adquirirá el protagonismo necesario para afinar la punta de velocidad.
La competición hará el resto y el entrenador, con todos estos datos objetivos, podrá decidir cuándo es el momento oportuno para que el jugador compita con garantías. De esta manera no sólo protegeremos la salud del jugador, sino que su confianza en el staff técnico aumentará. Lo contrario sería como echar una moneda al aire.




