Una de las salidas discográficas del año —porque sí, algunos todavía seguimos deleitándonos con el vinilo o el CD— es, sin duda, Corazones Legendarios, de Loquillo. Una oda a su carrera musical que, como ha escrito Octavio Gómez, se podría interpretar más que como un disco, como un manual de Historia.
Haciendo dueto con aliados de privilegio, como Alaska, Miguel Ríos, Bunbury, Leiva y Rubén, Coque Malla o Tarque, el barcelonés ofrece 23 versiones renovadas de canciones que ya forman parte del acervo cultural español y que, por ello, podemos permitirnos el lujo de asimilar a otras lindes. Pongamos que hablo del Madrid.
Para abrir, el Loco no se corta con Rock and Roll Star junto a los antiguos componentes de Pereza. “Me verás en los carteles para hacerte irme detrás, y te creerás que soy alguien con un toque especial. Soy un chico de la calle que vive su canción, también me emborracho y lloro cuando tengo depresión” bien parece establecer el ánimo y los parámetros de Vinicius, condenado a estrella sui generis, aunque no sabemos todavía si a su pesar o mejor gloria. El Feo, fuerte y formal con Dani Martín —y que me perdone— bien parece describir a lo que busca Xabi Alonso en Tchouameni, su vigilante de la guarda: «No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo. Dicen de mí que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental”. Precisamente unos cortes más adelante, El último clásico (acompañado de Calamaro) podría interpelar al técnico blanco, impoluto en sus formas, veremos si también en sus resultados: “Prefiero hablar de victorias, nunca aceptar la derrota. Yo sólo entiendo de personas, lo normal es radical”.
Loquillo feat. Enrique Bunbury – Cadillac solitariohttps://t.co/PvCnCxn7iP pic.twitter.com/UI3JkA4qgU
— Enrique Bunbury (@bunburyoficial) September 30, 2025
Pero hay más. Qué me dicen de Memoria de jóvenes airados, revisada con Shuarma (se llama así, a mí no me miren) y el papel que les tocará este años a los Asencio, Fran García o Brahim de turno: “Nosotros que no formamos parte, decidimos seguir al margen, viviendo en el alambre”. Tampoco podemos dejarnos la que parece su antítesis, No volveré a ser joven, junto a Miguel Poveda, y lo que le puede rondar la cabeza de Courtois, Rüdiger o Alaba en estos momentos: “Dejar huella quería, y marcharme entre aplausos. Envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro”. Ninguna discusión tiene que la Rock and Roll actitud (Miguel Ríos mediante) es cosa de Valverde y Carvajal, centinelas del ADN madridista: “No olvides, no traiciones lo que siempre te ha hecho vivir. No olvides, no traiciones lo que llevas muy dentro de ti. Porque no muere jamás tu rock and roll actitud”.
Si todavía no han percibido la complicidad entre las letras de Loquillo y el Madrid, quizá les convenza el último cruce, Los Buscadores, cantada justo a Kutxi Romero: “Somos vinos de una misma tierra, vikingos leales a su Clan. Samurais de idéntico linaje, caballeros buscando el Santo Grial”. Cambien esto último por títulos y ahí lo tienen.







