El anuncio del confinamiento me pilló de sopetón, tanto como el gol de Ramos en la final de Lisboa. Sin esperarlo, todo lo demás ha venido como una sucesión de actos esperada, como pasó en aquella final. Tanto es así, que celebré las decisiones como aquellos goles y ahora vivo como en una nube.
Ahora, que podría decirse que ya estamos la población española en estado de alarma oficial y con la gente envuelta en rollos de papel higiénico como si fuesen Joaquin Phoenix en Señales con el papel de aluminio, es momento de pasar tiempo delante de la televisión y sorprendernos de lo que se emite.
Puede que no seáis conscientes, pero desde el día que nos dijeron que no podemos salir de casa todos tenemos unas ganas irrefrenables de salir a llenar los bares, a quedar con amigos e incluso, algunos, empujados por el espíritu olímpico del encendido de la antorcha, han querido salir a la calle para hacer o empezar a hacer deporte. Gracias Covid-19, porque este virus podrá tocarnos la salud pero lo que es seguro es que nos hará mejores personas.
Durante lo que dure esta cuarentena, todos podremos recordar, y se lo podremos contar a hijos y nietos, lo que es una resaca. Vamos a estar 15 días, en principio, en una resaca continua, pero sin ese molesto dolor de cabeza y ese malestar general. Tampoco somos héroes, vaya por delante, que solo se nos pide estar sentados en un sofá con la televisión puesta o un libro entre las manos, no que vayamos a liberar Alemania de la ocupación Nazi.
Nunca nadie nos había dado la oportunidad de pasar tanto tiempo en casa, algo que siempre pedimos, y ahora que llega un virus que nos obliga a estar en casa para poder ver las series que tenemos atrasadas y terminarnos esa lista de libros que nos gustaría leer, nosotros queremos volver al trabajo, salir a la calle, hacer deporte y abrazarnos para contagiar y que nos contagien enfermedades. Piensen lo que quieran, pero con esta crisis me doy cuenta de que el ser humano es extraordinariamente absurdo.
Y por favor, miren el lado bueno de las cosas, como hacían los Monty Phyton, podrán limpiar aquellos rincones de la casa que se resisten al día a día y a las limpiezas que creemos que son en profundidad. Esta cuarentena hará ver cómo una leonera se transforma en habitación.







