Hubo un tiempo, no tan lejano, en que uno de los entretenimientos del 28 de diciembre era descubrir las inocentadas que publicaban los periódicos. Que algo tan solemne como un periódico, tan vinculado en origen con la verdad (y digo en origen), se permitiera bromear con noticias que eran mentira convertía a la Festividad de los Santos Inocentes en una celebración altamente transgresora. Si la fiesta ya no tiene el brío de antaño es porque los periódicos han perdido, casi en la misma medida, solemnidad y celulosa. Ahora a las mentiras las llamamos posverdad y en el universo digital resulta más provocativa una noticia cierta que una mentira monumental. El juego ha cambiado: el mentiroso ya no se esconde, sino que tiene sección propia.

Los romanos del Imperio son los primeros que podrían dar fe —si pudieran— de cómo se pervierten las buenas costumbres. La fiesta de los Santos Inocentes tiene su origen en los Saturnales, una celebración que, como todas las romanas, tendía al descontrol, nada hay tan liviano como una toga. Con la excusa de honrar a Saturno, dios de la agricultura, los ciudadanos del imperio se igualaban —también los esclavos—, el concepto de culpa se declaraba suspendido y la autoridad se sorteaba de un modo que resultará familiar: se comía una torta de higo y miel con un haba en su interior. El plan, tal y como sucede en los carnavales, era invertir el orden durante unos días.

Cuando la Iglesia se hizo con la administración moral del mundo trató de erradicar estas voluptuosas costumbres paganas e hizo coincidir las bromas saturnales con el día en que se conmemora la matanza de niños menores de dos años ordenada por Herodes. Ni el bromuro hubiera provocado semejante bajonazo. Sin embargo, y aunque las togas se ajustaron, la broma prosiguió. De los inocentes se pasó a la inocentada y la tradición se instauró en España y en la América no anglosajona; el resto del mundo (incluida Menorca por su pasado británico) concentra sus bromas el 1 de abril en el llamado April Fool’s Day, que antes fue Fooles Holy Day, algo así como «el día santo de los tontos». 

La broma hispánica tenía por costumbre, ya perdida, entregar al inocente una cestita con caramelos acompañada del siguiente mensaje: «Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se debe prestar». La influencia social del 28 de diciembre iba más allá de los vaciles cotidianos, como pegar en la espalda del incauto un monigote de papel (derivación de la «llufa» catalana) o clavar en el suelo monedas para mofarse de los que intentan llevárselas. En los teatros se concentraban muchas de las bromas. Así lo explicaba, y con cierta indignación, Cómitre Santibáñez en El Siglo Futuro (29-12-1910), «La mayor parte de las veces la inocentada consiste en trocar los papeles de hombres por los de mujeres y los de estas por aquellos. En esto tampoco se ve la novedad y la gracia. Lo estamos viendo en la vida usual con cierta frecuencia en muchos hogares y todo el mundo se ha acostumbrado ya». El 28 de diciembre de ese mismo año, Jacinto Benavente, autor de Los intereses creados, sorprendió a la concurrencia al aparecer en escena en el papel del pícaro Crispín. «Si hubiera sido un buen actor no habría tenido tanta gracia», se pudo leer al día siguiente en El Mundo.

Los periódicos se sumaron a la fiesta en fecha indeterminada, aunque muy pronto. En 1905, el ABC publicó la noticia del derrumbe del viaducto de la calle de Segovia de Madrid, acompañado de una foto del puente quebrado por la mitad. Tal vez ese día no se iniciaron las bromas periodísticas, pero se inventó el Photoshop. Cuando se hace repaso, el problema es distinguir las noticias ciertas de las inventadas. Les pongo a prueba. El 28 de diciembre de 1910, el ABC publicaba en su sección Mundanalidades la historia de la señorita Lydia Mayers que, ante el cambio de planes de su pretendiente, Charles Gurner, «compró un revólver y encontrando al joven por la calle le declaró que le concedía ocho días para casarse». «Al cabo de este tiempo, vestida de novia, se dirigió a un café donde solía acudir a su novio y, revólver en mano, le obligó a ir a la iglesia, acompañado de unos amigos, para celebrar la ceremonia. Uno de los testigos trató de abandonar la comitiva en el camino; pero Miss Mayers le disparó un tiro, hiriéndole en un brazo y obligándole a continuar hasta la iglesia. El pastor que celebró la ceremonia se enteró de los extraños preliminares y detuvo a los recién casados a la puerta de la iglesia. Gurner, que se había reconciliado con la idea del matrimonio, tomó el revólver de manos de su novia, lo tiró a la calle y declaró al pastor que estaba muy contento de haberse casado. El amigo no quiso proceder contra la novia y en cuanto se cure se celebrará un banquete en honor de los recién casados. Si antes no se han divorciado. O si la dulce esposa no le ha disparado media docena de tiros a su caro esposo”. Ahora digan, si pueden, si Miss Mayers es un personaje de ficción o una heroína del empoderamiento.

Poco más adelante hay otra reseña que vuelve a provocar estupefacción: “Las faldas estrechas contrarían la afición, cada vez mayor, por los deportes. Por consiguiente, desde la primavera próxima reemplazaremos las faldas por pantalones, por verdaderos pantalones. Entonces, podremos decir con propiedad que hay mujeres que se ponen los pantalones. Los fabricantes de tejidos también agradecerán la innovación. Por estrechos que sean los pantalones llevarán, de seguro, más tela que las faldas”.

Foto (¿montaje?) ABC. El Kaiser Guillermo II sale de la perfumería Gail después de comprar jabón Heno de Previa.

En 1914, otra vez en el ABC y también un 28 de diciembre, se dio noticia de la asombrosa visita de Gullermo II a Madrid (en plena Guerra Mundial). En el artículo se puede leer: “Al pasar por la perfumería Gal, el Kaiser manifestó sus deseos de conocer el célebre jabón de Heno de Pravia…”. Ni corto ni perezoso, Guillermo II entró a comprar una pastilla, con tanta fortuna para el reportero gráfico que pudo sacarle una foto en ese mismo instante. 

El vicio de manipular las fotos, hoy muy extendido, se siguió practicando cuando ABC anunció en 1917, con testimonio gráfico incluido, el robo de uno de los leones de Las Cortes: «De madrugada nos da cuenta el teléfono de un suceso inaudito que prueba la audacia de los fieles devotos de Caco; uno de los leones que eran gala del Congreso y testimonio de nuestras glorias en África ha desaparecido». En la noticia, los bromistas tejen una intrincada trama en la que el falso ataque epiléptico de una mujer habría distraído al sereno mientras los ladrones se hacían con la fiera. «A última hora se nos dice que los ladrones no han sido habidos, pero que el león ha aparecido abandonado en un rincón del Retiro. El hecho demuestra lo que era creencia muy general, aunque negada por algunos técnicos: que los famosos leones son huecos, pues de ser macizos no hubiera sido fácil arrancar uno y llevársele con tanta rapidez y tan escaso esfuerzo. Se supone que en todo el día no será posible ver en su sitio al león fugitivo, pero mañana seguramente ya estará en su lugar”.

Cambiar de lugar lo más significativo del mobiliario urbano debía ser motivo de mucha risa, porque El Liberal informó en 1928 del traslado de La Cibeles al solar del Ministerio de Gobernación, también con fotos de la supuesta mudanza, y hubo quien fue más allá al anunciar la venta del monumento a México.

Ahora sabemos que el ABC, periódico al que siempre se ha tenido por esencialmente monárquico, era, en realidad, un rotativo bromista. Y valiente. En 1971, llevó la broma a su portada y descubrió que el alcalde de Madrid, Carlos Arias-Navarro —el que pronunció la histórica frase, “Españoles, Franco ha muerto”— había sido multado por un agente municipal por hacer un giro indebido. El montaje que ilustra la información es digno de El Jueves, pero la censura, que se sepa, no intervino. Ni las fuerzas del orden.

Carlos Arias-Navarro, ‘multado’ por un municipal.

Eso sí, este humilde documentalista ha sido incapaz de encontrar una broma en la edición del 28 de diciembre de 1975; Franco había muerto un mes antes y el ambiente no estaba para grandes jolgorios (o sí). En El Mundo Deportivo, sin embargo, la realidad podría pasar por chanza. En vísperas de medirse al Barcelona en el Camp Nou, Bernabéu había declarado: “Cuando escriba mis memorias haré un capítulo para los árbitros. Sé quiénes cobraron un cheque de un millón de pesetas en un banco de Valencia por vencer al Real Madrid. Bueno, ya lo leerás. Quizá pronto. Porque hay aperturismo y libertad de expresión, ¿no? Va a arder Troya, créetelo”. El presidente apostillaba su comentario con una reflexión enigmática, quizá relacionada con el aperturismo: “No nos vamos a poder abrochar los pantalones. Vamos a tener que llevarlos bajados siempre”.

Montal, presidente culé, fue entrevistado por el añorado Andrés Astruells y contestó en la edición del 28 de diciembre: “Bernabéu es un navegante que, a menudo, pierde el rumbo. El ambiente lo enrarecen los fantasmas y ya sabe usted de qué color suelen vestir los fantasmas”. Por cierto, el primer Clásico tras la dictadura lo ganó el Barça (2-1) con gol de Rexach en el último minuto. En el Camp Nou ondearon multitud de senyeras y se mostró una pancarta que no era broma y que rezaba (nunca mejor dicho): “Amnistía, libertad y Estatuto de Autonomía”. Pitó el inolvidable Acebal Pezón.

En 1984, el ABC de Sevilla hizo una broma que no terminó por poco en algarada tumultuaria. En sus páginas deportivas, el diario anuncio un trueque entre Betis y Sevilla: Rafa Gordillo por Enrique Magdaleno. Para evitar la definitiva revolución popular, ABC aclaró al día siguiente que era una inocentada y que los interesados se lo habían tomado con buen humor.

Cada vez hay menos bromas en los periódicos, seguramente porque los periódicos están para pocas bromas. Pero todavía hay brillos del viejo fulgor. El inefable ABC anunció en 1996 la boda de Jesulín con Mar Flores: “Triunfó el amor”. Ese mismo año, TVE anunció que Boris Yeltsin había nacido en Ronda y se llamaba en realidad Juan Manuel Sánchez Fernández. Hace bien poco, El Mundo Deportivo presentó una camiseta psicodélica para la temporada 16-17 y, en lugar de sorprenderse, muchos lectores se persignaron. Los nuevos diseños dan mucho juego y es difícil discernir entre ficción y realidad.

En la época digital los ejemplos se disparan, aunque pocos dan el nivel. Cinemanía anunció que Ana Belén haría de Ana Botella en una película de Vicente Aranda con el título Primera Dama. Fotogramas, inspirado por el impulso vendedor de Juanma Bajo Ulloa, publicó que los siete Goyas de Tesis estaban a la venta en un CashConverters, pero que no se vendían por separado. Netflix se hizo un auto-spoiler y aseguró que Pablo Escobar resucitaba en la tercera temporada.

En Twitter también suele haber animación. En 2012, Alejandro Sanz destrozó el corazón de su fans: “Hoy he decidido retirarme de la música. Fue bonito mientras duró, gracias por todo”. Ese mismo año, Piqué comunicó el nacimiento de su retoño: “¡Ya ha nacido nuestro hijo! ¡Estamos muy felices! Gracias a todos por vuestros mensajes”. Shakira todavía no había salido de cuentas y todavía no había empezado a ajustárselas.       

No obstante, es El Mundo Deportivo quien se hubiera llevado el primer premio de los Saturnales al afirmar que Arbeloa estaba cerca de fichar por el Barcelona y que había hecho las paces con Piqué en un restaurante llamado Los Conos.

El mejor resumen de los tiempos que corren lo hizo Forges en una de sus viñetas, allá por los 80. Un blasillo le dice a otro: «Cuando todo es posible, las inocentadas son imposibles». 

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