En Nava, Asturias, el partido les importaba un bledo. Allí seguían de fiesta, como en Avilés o en Llanes. La suerte había regado de millones ese pequeño concejo asturiano donde vivían entonces 5.400 habitantes. No eran los únicos, la fortuna también se había dejado caer por A Coruña, por El Prat y por los Clásicos del azar, Doña Manolita y Sort. Aquel 23 de diciembre de 2007 esos afortunados se levantaban resacosos o directamente no se habían ido a dormir (no fuera a ser todo un sueño) después de que el 6.381 les cambiara la vida. “Un Gordo, feo y bajito”, titularía El País y no se referían a Ronaldinho máxima estrella culé y acusado ya por entonces de sobrepeso. Era el día después del Sorteo de Navidad, “Uno de los gordos más troceados, repartido en 11 provincias”, puntualizaba ABC. El pistoletazo a las fiestas navideñas estaba dado, aunque ese año las cenas familiares tendrían como tema estrella el Clásico que se disputaba en la víspera de Nochebuena, el último antes de que dos tipos cambiaran nuestra vida, el último que no jugaron ni Cristiano, ni Messi.
En esas cenas también aparecerían palabras como desaceleración (y no por Heinze, lateral izquierdo blanco en aquel partido) o burbuja inmobiliaria que marcarían nuestro día a día en los próximos meses e incluso años. Por entonces la crisis amenazaba con instalarse en Can Barça, una palabra que nunca gustó a los futbolistas ni tampoco a los políticos. Antes de hablar de ella, Zapatero nos regateó con la desaceleración. La jugada terminaría en gol para el presidente del Gobierno. Nadie reparó en el juego peligroso procedente de EEUU, donde las hipotecas subprime habían estallado ese verano y los efectos empezaban a extenderse por Europa. Tampoco en el fuera de juego en que estaba incurriendo España: los precios de la vivienda dejaron de aumentar, la construcción se paralizó y arrastró al conjunto de la economía, que empezó a crecer con menor ritmo, lo que supuso un incremento del desempleo. Apenas dos meses y medio después de ese 23 de diciembre de 2007, José Luis Rodríguez Zapatero volvía a ganar las elecciones. Gol por la escuadra pese a lo que ese día vaticinaba la prensa: “El PP lograría hasta 8 escaños más que el PSOE con los mismos votos”. Las encuestas llevan fallando más tiempo del que pensamos.
Fue un fin de semana frío y lluvioso. En eso acertó el pronóstico climático. Ese domingo la borrasca se había desplazado a la cuenca mediterránea, aunque durante los noventa minutos que duró el encuentro se tomó un respiro. El chaparrón llegó justo con el pitido final para Laporta, Rijkaard y los suyos. Ninguno de ellos encontraría consuelo en una sala de cine porque en las carteleras escaseaban los grandes títulos pese a fechas navideñas. Soy Leyenda de Will Smith era de lo poco destacable. Reencarnado en el protagonista principal, Julio Baptista corrió hacia el córner dándose golpes en el pecho. Pocos goles más importantes del brasileño se recuerdan vestido de blanco. Y eso que el año había sido fantástico cinematográficamente hablando. Infiltrados se había impuesto en los Oscars, poniendo fin a la deuda histórica con Scorsese, y ese mismo año se habían estrenado peliculones como No es país para viejos o Pozos de ambición.
Tengan en cuenta que aquella era la España anterior a las redes sociales, a los memes y a los gifs. Nokia había perdido su dominio en la telefonía móvil a la espera de la llegada del próximo gigante: Apple. Jobs ya había reinventado el móvil con su revolucionario iPhone, aunque todavía tardaría unos meses en llegar a nuestro país. Estábamos en el kilómetro cero de los smartphones, más preocupados de ver cuántas visitas teníamos en nuestro perfil de Tuenti que por saber quién era aquel joven díscolo y despreocupado de apellido impronunciable. Mark Zuckerberg daría pronto una vuelta de tuerca más a nuestra vida social con su Facebook. Pero la España de 2007 era más de Fotolog, los más avanzados tenían MySpace y los primeros pinitos en la web se hacían en Blogger. Hay quien seguía aferrándose al Messenger. Mientras tanto, algunas futuras estrellas ya caían en los vicios actuales. Las fotos frente al espejo o en mitad de una fiesta con amigos nacieron allí. Lástima que en esas noches, Ronaldinho y Robinho no tuvieran Instagram.
En esa época tampoco existían las fake news o al menos no las llamábamos así. Las noticias falsas se firmaban con el seudónimo de «rumor». El reguetton ya había llegado a nuestras vidas aunque todavía uno podía mirar la lista de éxitos y encontrar temas de Juanes, Amy Winehouse o Alicia Keys. Los tres copaban los números uno de España, Inglaterra y EEUU. Respectivamente. Ya por entonces, eso sí, la música acusaba como ninguna otra industria la piratería digital. Nombres como Emule, Ares o Torrent resultaban imprescindibles compañeros de viaje de cualquier incipiente Dj. A Spotify todavía le quedaban un par de años para popularizarse, y al reguetton unos cuantos más para tener descendencia en forma de Trap.
El partido fue retransmitido por Digital +, la plataforma analógica por satélite heredera de la fusión entre Vía Digital y Canal Satélite y cuya propiedad pertenecía mayoritariamente a Sogecable. Ahora que la televisión la puedes ver en una tablet, un móvil o en cualquier ordenador, esto suena antediluviano, más aún lo es intentar comprender un nuevo capítulo de la guerra del fútbol desatado por la llegada de Mediapro al terreno de las retransmisiones. Aquel partido se sirvió en Pay per view (Pago por visión), concretamente por 12 euros de la época, pero durante esa Liga la empresa fundada por Jaume Roures llegó a emitir a través de La Sexta varios partidos en abierto. Y es que la televisión en España había abrazado recientemente la llegada de la TDT y un aluvión de nuevos canales. Los más significativos habían sido Cuatro y La Sexta. Esta última hizo una apuesta fuerte por el humor como principal baza. Con Se lo que hicisteis dieron en la tecla. Tanto que una década después si zapean un poco encontrarán cosas parecidas.
Si no me creen hagan un poco de memoria. Telecinco iba ya por su novena edición de Gran Hermano y el nuevo programa estrella de ese 2007 era La Noria, un nuevo formato que alternaba temas políticos y de corazón, todo ello presentado por Jordi González. En cuanto a la ficción española el golpe lo había dado el canal de Vasile arrebatando a Antena 3 una de sus series de mayor éxito, Aquí no hay quien viva. En Telecinco sería rebautizada como La que se avecina. Son ya 11 las temporadas en emisión y amenazan con seguir. Quizá están viviendo demasiado. Cuatro por su parte apostaba ya por las aventuras de Jesús Calleja con su Desafío extremo y Antena 3 intentaba no perder su lugar en la parrilla con el fichaje de dos viejas glorias: Ramón García (¿Sabes más que un niño de Primaria?) y Teresa Viejo (Cambio Radical); el primero lo cancelaron cuando empezábamos a descubrir el daño que la LOGSE estaba haciendo a los más pequeños. Cambio Radical sigue funcionando después de que Vasile le diera una pátina de reality.
También es cierto que en aquel 2007 surgieron algunos formatos para recordar. Copiado de la televisión pública francesa llegó a través de TVE Tengo una pregunta para usted, donde un grupo de ciudadanos representantes de las diferentes escalas sociales hacían preguntas en directo a los invitados. José Luis Rodríguez Zapatero fue el primero y más tarde, poco antes de la Eurocopa, Don Luis Aragonés se sometió a las preguntas de los españoles. En La 2 hicieron un hueco a los chanantes. El humor surrealista de Muchachada Nui se hacía mainstream con su salto a un canal de ámbito nacional. De algún modo tomaron el relevo en la casa de Cruz y Raya, que ese mismo año se habían separado.
Y dónde estaban ellos, se preguntarán a estas alturas. Pues Cristiano Ronaldo marcaba goles para el Manchester United y Messi andaba lesionado tras sufrir una ruptura en el bíceps femoral de la pierna izquierda en Mestalla. Ambas cosas eran también un clásico en aquella época. Precisamente ese 23 de diciembre de 2007 el portugués daba la victoria al United en su partido contra el Everton. La victoria por 2-1 en Old Trafford colocaba al United segundo en la clasificación de la Premier, a solo un punto del líder, el Arsenal de Wenger. Los red devils terminarían alzando la Premier y la Champions con Ronaldo convertido ya en estrella e icono del fútbol mundial.
El argentino sí que estaba en el Camp Nou ese día. En la grada para ser exactos, donde permanecería las siguientes cinco semanas recuperándose de la lesión del bíceps femoral, sin duda el músculo que más quebraderos de cabeza dio al primer Leo. Era el Messi extremo y explosivo que se alimentaba a base de pizzas y coca-colas y que tenía en Deco y Ronaldinho a sus protectores dentro del vestuario. Una década después sabemos que no solo lo recondujeron en lo alimentario, también en los referentes. Es cierto que él todavía no era el líder del equipo aunque ya había dejado alguna exhibición portentosa en un Clásico, como en ese 3-3 en el Camp Nou un año antes, en el que hizo los tres goles.
Aquel todavía era el Barça de Ronaldinho y Eto’o aunque los eslalons y las asistencias del brasileño proliferaban ya más en las discotecas de Casteldefells que en el Camp Nou. En los días previos a ese Clásico se habló de una posible suplencia, aunque Rijkaard terminó rindiéndose nuevamente a su magia, confiando en que sacara algún conejo de la chistera. No sucedió. El Madrid de Schuster llegó al Camp Nou “Sin Miedo”, tal y como tituló Marca en su portada ese día. El vigente campeón de Liga era el líder de la clasificación, con cuatro puntos de ventaja sobre el Barça y con Raúl, Van Nistelrroy y Robinho como principales amenazas. Con Robben y Guti esperando en el banco fue un actor secundario quien resolvió. Baptista cazó una pared tirada con Van Nistelrroy y alojó el balón en la escuadra de Valdés. Fue una volea maravillosa a los 35 minutos, insalvable ya para un Barça crepuscular, que había dejado de sonreír a la par que su estrella brasileña. Aquel Madrid de entreguerras salió del Camp Nou con siete puntos de ventaja, con media Liga en el bolsillo y dejando al proyecto de Laporta tambaleándose. Hubo que esperar más de 10 años para volver a ver un partido sin Messi y sin Cristiano en nuestras vidas. Ocurrió en octubre de 2018 ya con Cristiano en Turín. Señal de lo que estaba por llegar. Una Liga sin Cristiano y sin Messi. Como en aquel 23 de diciembre de 2007.
Y tú, ¿dónde estabas tú entonces?




