El niño es Mozart. Y no viene mal confirmar lo evidente: Pogacar es el enemigo a batir. Por todos y para todos. Tenerlo claro en la quinta etapa ahorrará muchas confusiones. Quien pretenda ganar el Tour —Roglic y el Ineos no han venido a otra cosa— necesita atacar al bebé caníbal. Y aquí no valen pellizcos de monja. La exhibición de Pogacar en la crono ha dejado a Urán a 1:21, a Carapaz a 1:36, a Roglic a 1:40, a Thomas a 1:46, a Kelderman a 1:48 y a Enric Mas a 1:50. Sabido que el penúltimo día se disputará otra crono (30,8 km), sólo cabe plantear una ofensiva salvaje en las etapas por venir. Cualquier táctica conservadora es perdedora. Ahora lo que toca es probar la resistencia del equipo de Pogacar (abanicos, escapadas) y propiciar situaciones en las que el genio tenga dudas. Ya no vale eso de retarse en las últimas subidas. Las batallas deben librarse antes y en cualquier jornada. Para esto se inventó la guerra de guerrillas, para compensar fuerzas y hacer la revolución.
Pogacar lo tiene todo menos experiencia. Y aunque ya sabe lo que es ganar la carrera, debuta como máximo y casi único aspirante. De lo que pueda pesarle esa responsabilidad dependen las esperanzas de sus rivales. Sé que no es mucho a lo que agarrarse, pero es algo. Y ojo que no siento animadversión por Pogacar. Al contrario, el chico me parece un regalo del cielo. Lo que intento es defender la emoción. Queda un Tour por delante y sería muy triste que la intriga se redujera a saber quiénes ocuparán los otros lugares podio. Ya sabemos que los directores deportivos no suelen ser gente intrépida, pero no les queda otra. Desde este punto de vista, el Tour resultante de la crono es un alegato contra el aburrimiento. Aquí no hay sitio para las mezquindades de la última semana porque estamos en la primera. Ya habrá tiempo para conservar un honorable tercer puesto. O cuarto o quinto. Por cierto, señores del Jumbo y señoras del Visma, ¿qué tal si activamos a Van Aert como aspirante?
Insisto en que los resquicios para sorpresa son mínimos, pero conviene explorarlos. Según creo recordar, a los 22 años lo difícil es pisar el freno, entender que los esfuerzos se pagan, imaginarse dentro de veinte días. Desde hoy mismo, Pogacar tiene a 169 corredores en contra, además de 16 etapas con sus soles y sus lluvias. Mozart corría menos riesgos.




