“Jack siempre decía que la música era esencialmente 12 notas dentro de una octava. 12 notas y la octava se repite. Es la misma historia contada una y otra vez, hasta el infinito. Todo lo que un artista puede ofrecer al mundo es su forma de ver esas 12 notas, nada más”.
Ha nacido una estrella.
Siempre hubo futbolistas con música, marcados por su propio tempo. Aquellos capaces de saltarse el compás preestablecido y marcar con silencios o ausencias en pleno crescendo el devenir de sus carreras. Luego, claro está, tenían sus arranques geniales, aquellos soliloquios en un campito desparramado de la Argentina profunda que terminaban con un caño de ida y vuelta. Una cosa bárbara de la que no quedaban registros sonoros, ni tampoco gráficos. Como en aquellas veladas eternas en la casa de Joaquín Sabina. Pero para este profeta del vicio, el único fue la pelota, y con esa batuta que tenía en el botín izquierdo dio sus mejores recitales al abrigo de las pequeñas salas. No necesitó más Tomás Felipe Carlovich.
Al fin y al cabo nació en ese rincón de genialidad que es Rosario. Una ciudad en la que se desborda el talento en todas sus formas: del Ché Guevara a Roberto Fontanarrosa. De Menotti a Bielsa. De un tal Leo al Trinche. Un ciudad teñida también por cuatro colores que despiertan un odio sin refugio: o se es Canalla o se es de Ñuls, ¡Carajo! Como si fueran las dos orillas del río Paraná que dota a la ciudad de una belleza tan apreciada como las mujeres rosarinas. El fútbol late en realidad más allá de los Cuatro Bulevares que hoy se alzan orgullosos en el corazón de la misma, pero dentro y fuera de ese perímetro imaginario, en todos los rincones de la ciudad ha florecido la leyenda de Carlovich, quizá la expresión más simbólica del futbolista rosarino.
Su leyenda consiguió saltar un océano para enlazar en un torrente de sentimientos a varias generaciones de argentinos con otros tantos españoles, aunque ese es un mérito que nunca agradeceremos suficiente a los compañeros de Informe Robinson. Tras el rastro de un fantasma: volante central, 1,83 de estatura, zurdo, jugó tres partidos oficiales en Primera División y desarrolló gran parte de su carrera en Central Córdoba (segunda división argentina); encontraron El Dorado. Un cuento de fútbol (y vida) en el que durante media hora nos zambullen regateando entre el misterio y la hipérbole en los porqués del Trinche. Mientras a nosotros se nos acumulan las preguntas en nuestra cabeza, el reportaje las va respondiendo todas para dejar claro que Carlovich huyó de la fama y de los medios (tampoco se prodigó en entrevistas en su apogeo futbolístico), pero jamás escapó del calor popular, como bien reflejan hoy los muros de su Rosario natal.
En una gambeta del destino esa fama le atrapó bastantes años después de retirarse, cuando un programa de televisión español desempolvó esa frase que durante los 70 se repitió como una letanía por cada rincón de Rosario: “Esta noche juega el Trinche”. Así fue como hace casi 9 años, en noviembre de 2011, Informe Robinson rescataba una historia desconocida a este lado del Atlántico para convertirla en leyenda.Una leyenda que desgraciadamente se ha agrandado con la triste noticia de la muerte de Carlovich el pasado viernes. Raúl Román, redactor del programa y quien realizó la entrevista con El Trinche, había mantenido el contacto con él durante todo este tiempo: “Hablé con él el día de su cumpleaños, el 19 de abril y me dijo que gracias por ‘la nota’, que era la más linda que le habían hecho nunca”.
En cualquier caso no fue la única. Como un reguero de pólvora sus hazañas también alcanzaron la redacción de la revista Panenka. En un especial dedicado a Rosario, publicado en diciembre de 2011, El Trinche se abrió hueco entre Messi, Menotti o Fontanarrosa. La pluma de Rafael Bielsa, poeta, abogado y escritor, además de hermano de Marcelo, terminó de perfilar a Carlovich: “El símbolo del futbolista rosarino por esencia y excelencia fue el Trinche Carlovich; lástima grande los que no lo vieron jugar, comparable a quienes no vimos construir al Coloso de Rodas”. Por si a estas alturas las referencias no fueran suficientes, dos campeones del mundo con Argentina no dudaron en aparecer en ese Informe Robinson para corroborar el mito. “Parecía que la pelota lo llevaba a él. Una pelota inteligente, que disfrutaba de ser bien tratada”, dijo César Luis Menotti. “Se convirtió en un símbolo de un fútbol romántico que ya prácticamente no existe. Su leyenda es un lugar común en Rosario, en todo Santa Fe”, dijo Jorge Valdano.
A la leyenda se le quedó pequeña Rosario. También Santa Fe. Por todo el planeta ha vuelto a circular estos días esa sonoridad mestiza que nos inundaba la boca cada vez que hablábamos de él: Tomás Felipe Carlovich. Lo seguiremos haciendo aún más ahora que la leyenda ha sido alimentada con nuevas imágenes, rescatadas del olvido, tratadas ya como un tesoro. Una nueva victoria de El Trinche, quizá la más hermosa, a sumar a esa amalgama de recuerdos y sentimientos de todos aquellos que entendimos contigo que el éxito puede tener muchos y variados caminos. Ya saben 12 notas y una octava para que la melodía sea la misma una y otra vez, por más que la música se sienta distinta cada día. Ya lo dijo el Diego: “Con tu humildad nos bailastes a todos”.
DEP Trinche.




