El asalto del jueves frente al Arsenal fue duro e intenso. Muy intenso. Y el Atlético ha pagado el peaje de participar en ese tipo de duelos. El Espanyol lo superó de principio a fin. Simeone modificó casi al completo su once con respecto al jueves. También su formación. Utilizó el 3-5-2, ya empleado en otras ocasiones, con el que intenta limitar las virtudes de sus rivales en lugar de potenciar las propias. Sin embargo, Gallego dio con la tecla con su 4-4-2, gracias a la gran actuación de Melendo. Se ubicó en la banda izquierda a la hora de defender, pero cuando le tocó atacar lo hizo entre las dos líneas colchoneras generando confusión. Parecía un mosquito acudiendo a la luz e hizo sangre. Mucha sangre.
El Espanyol fue fiel a su idisioncrasia: la pelota. Buscó el protagonismo durante todo el partido y tuvo el balón. El Atlético se sentía cómodo; esperaba rezagado atrás mientras que su rival elaborara sin peligro. Los colchoneros intentaban aprovechar los espacios para salir rápido y, la única vez que los encontraron, Gameiro se la dio a Vitolo, que había tenido un pinchazo muscular y no pudo definir bien.
Fue el único susto que tuvo el Espanyol. Hasta que le llegó su turno de incomodar, siempre dirigido por Gerard Moreno. El delantero catalán parecía haber dado con la pócima adecuada, pero Oblak y el poste neutralizaron el hechizo perico. Primer aviso.
Se seguía sin tener rastro de la presión del Atleti. Todo lo contrario que los pericos, que recuperaban el balón con suma facilidad; de tanto ir a la fuente se les rompió el cántaro. Melendo encontró el hueco a la espalda del centro del campo y se plantó en el área. Su disparo no fue el adecuado y Oblak se lanzó a atraparlo, pero Savic lo introdujo en su portería. Cinco meses sin encajar como local. Se acabó el encantamiento del Metropolitano.
La resistencia madrileña se redujo a intentarlo a balón parado. Pero ni por esas. Leo avisó, pero los rojiblancos se agarraron a San Oblak. Seguían muy espesos los locales. Y los catalanes aprovecharon para dejar al rival herido de muerte. Baptistao se disfrazó de Merlín para terminar de aniquilar el conjuro colchonero. De no recibir goles en casa desde enero a encajar dos.
Los de Simeone quisieron llegar al nivel dos sin haber pasado por el uno y se olvidaron de su esencia. Está bien tener la cabeza en la final de Lyon, pero de esta forma se incumple el primero de los mandamientos cholistas: hay que ir partido a partido.




