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Ganar o perder, pero siempre con democracia

Uno de los mejores futbolistas brasileños de la historia, Sócrates Brasileiro, dijo que “el fútbol se daba el lujo de permitir ganar al peor” y que por lo tanto “no había nada más marxista o gramsciano”. El fútbol es un deporte mágico porque no siempre gana el equipo que más recursos tiene. Lo vimos con la milagrosa Premier League del Leicester de 2015 o con cada victoria de un modesto sobre Barça o Madrid. De la misma forma, el fútbol es un deporte colectivo, pero a la vez profundamente individualista porque sólo permite la victoria de un equipo. En una Liga compiten veinte clubes y solamente la gana uno. En estas elecciones generales del 28 de abril también habrá un vencedor y varios vencidos.

El fútbol es un fenómeno social masivo. Por no decir que influye en los sentimientos de las personas, que no en las carteras, mucho más que cualquier partido político o gobierno. El deporte rey y la política conviven con absoluta naturalidad en el día a día. Sin ir más lejos, esta semana los ultras de la Lazio rindieron homenaje a Benito Mussolini en la plaza Loreto de Milán, lugar donde el cadáver del Duce fue expuesto públicamente por los partisanos en los coletazos finales de la Segunda Guerra Mundial. Se desconoce si la excusa para viajar a la capital lombarda fue la vuelta de semifinales de Coppa Italia entre Milán y Lazio, de la que salió victoriosa la Lazio, o que la fecha de celebración del partido coincidía con El día de la liberación. Todos los 25 de abril se celebra en Italia la batalla que marcó el final de la ocupación alemana.

El escándalo no quedó sólo en las calles, durante el encuentro en San Siro se escucharon cánticos racistas contra el centrocampista del Milán Tiémoué Bakayoko. El año pasado, la Federación Italiana multó con 50.000 euros al club lazial por la aparición en el estadio Olímpico de varias pegatinas con la imagen de Ana Frank vestida con una camiseta de la Roma, el eterno rival de la ciudad. Para los temidos ultras de la Lazio, conocidos como irriducibili, la palabra fascismo es motivo de orgullo y no de vergüenza. Benito Mussolini era aficionado del conjunto romano y se valió de sus simpatías futboleras para ganar apoyo popular. Ni que decir tiene el objetivo del Mundial que acogió y ganó Italia en 1934: el fútbol como arma de campaña política. El exfutbolista y entrenador italiano, Paolo Di Canio, solía celebrar sus goles con la camiseta azul cielo realizando el saludo romano en homenaje al Duce.

La Lazio es un club históricamente asociado a la extrema derecha. Todo lo contrario del St. Pauli alemán. Más que un equipo, el conjunto del barrio portuario de Hamburgo es un símbolo de la izquierda en el fútbol. El St. Pauli se reconoce en sus estamentos oficiales como “antifascista, antirracista y antisexista”. Los inmigrantes que son despreciados por los irriducibili son bienvenidos en el estadio Millerntor. En 2014, el club apadrinó al FC Lampedusa, una plantilla conformada exclusivamente por refugiados de la región. Los días en los que juega la Lazio se escuchan cánticos racistas y se exhiben pancartas con símbolos fascistas. En el St. Pauli está prohibida toda “actividad de tipo fascista o de ultraderecha”. En su defecto, las banderas con el rostro del Che Guevara y las pintadas en favor del colectivo LGTBI o los derechos sociales copan las gradas del Millerntor. De hecho, el club estuvo dirigido entre 2002 y 2010 por Corny Littmann, un empresario abiertamente homosexual.

El equipo más cercano al St. Pauli en España es el Rayo Vallecano. Los aficionados rayistas se sienten muy orgullosos del barrio al que pertenecen. Ser del Rayo también es ser de Vallecas. El conjunto del sur de Madrid hizo frente al desahucio de una vecina de 85 años costeándole el alquiler mensual de una vivienda social. Los futbolistas del Rayo han vestido equipaciones con la bandera arcoíris o con la franja de color rosa en homenaje a las mujeres que padecen cáncer de mama. La afición del equipo llegó a detener el fichaje de Roman Zozulya por los supuestos vínculos del delantero ucraniano con la extrema derecha. Esta marcha atrás de la directiva recordó a la que en 2013 tomó el Celta de Vigo con Salva Ballesta. El exdelantero de equipos como Sevilla, Valencia o Atlético había sido confirmado como segundo de Abel Resino en el nuevo cuerpo técnico del conjunto vigués. Los aficionados más radicales del Celta se mostraron en contra de la contratación y no desistieron hasta que el club prescindió de los servicios de Ballesta, que nunca ha ocultado sus opiniones derechistas. Todo lo contrario, más bien.

España es un país con variedad de lenguas e identidades nacionales, como siempre ha quedado reflejado en la política nacional. La realidad de Cataluña es una buena prueba de ello. El Fútbol Club Barcelona adoptó una postura oficial en favor de la celebración del referéndum de autodeterminación del 1 de octubre del 2017. Ese mismo día, el conjunto azulgrana disputó a puerta vacía su partido de Liga contra Las Palmas por las cargas violentas que se habían producido durante la jornada electoral. A su vez, el equipo canario saltó al campo con una bandera de España bordada en la camiseta. Política, en definitiva. En un sentido y otro. Los partidos ente Barça y Madrid esconden un trasfondo político evidente, salvo para quienes viven de espaldas a la realidad y piensan que la abundancia de esteladas en el Camp Nou y de rojigualdas en el Santiago Bernabéu en los días de Clásico son fruto de la casualidad.

Más allá de las idiosincrasias de los equipos, un vestuario es un batiburrillo de sentimientos e inquietudes. Por lo general, son pocos los futbolistas que se atreven a abandonar la zona de confort y hacer públicas sus opiniones. Uno de los ejemplos más reconocidos es el de Gerard Piqué. El defensa central del Barça, siempre asociado con el movimiento independentista, se ha posicionado en diversas ocasiones a favor de un referéndum sobre el modelo territorial de Cataluña y en contra del encarcelamiento de los políticos soberanistas. Más lejos han llegado dos exjugadores del conjunto azulgrana como Pep Guardiola y Oleguer Presas. Oleguer, titular en la final de la segunda Champions que ganó el Barça, rechazó la llamada de Luis Aragonés para ir convocado con España porque la Selección le generaba “aversión y rechazo”. Actualmente es militante activo de la CUP. Guardiola es una de las personalidades que más se ha mojado en favor de la independencia de Cataluña en los últimos años y cerró la lista de Junts pel Sí a las elecciones autonómicas de 2015.

El centrocampista del Athletic Club Mikel San José formó parte de la reciente marcha popular que se produjo en Altsasu contra la sentencia de la Audiencia Nacional que ratificó las penas de entre dos y trece años de cárcel para los jóvenes condenados por agredir a dos guardias civiles y sus parejas en un bar de la localidad navarra. En 2011, ocho jugadores de la Real Sociedad firmaron un manifiesto en favor del acercamiento a las cárceles vascas de los presos de ETA. Los firmantes fueron Imanol Agirretxe, Jon Ansotegi, Mikel González, Mikel Labaka, Eñaut Zubikarai, Markel Bergara, David Zurutuza y el capitán, Mikel Aranburu. Un año antes, Iker Sarriegi, ex de la Real Sociedad, fue detenido por colaboración con la banda terrorista.

Son muchos los futbolistas que deciden dar el salto de los terrenos de juego a los parlamentos. César Arzo, quien fuera defensor de Gimnastic, Valladolid o Zaragoza, es el número cuatro en la lista de Ciudadanos por Vila-real al Congreso de los Diputados. Fuera del fútbol, encontramos varios casos de deportistas que ahora compiten en campañas electorales y no en estadios. Recién retirado del baloncesto por culpa de las lesiones, José Ángel Antelo va como número tres en la lista de Vox para el Ayuntamiento de Murcia. La boxeadora campeona de Europa, Miriam Gutiérrez, es la número dos en la lista del Partido Popular para el ayuntamiento de Torrejón de Ardoz. Gutiérrez es un ejemplo de superación muy necesario en la política actual. Durante su embarazo, sufrió la violencia machista de su expareja. Gracias al boxeo, encontró una vía de escape que la ha aupado a lo más alto del ring. Otra deportista de altura como Ruth Beitia, la única atleta española con dos medallas olímpicas, tuvo a principios de año un paso efímero como candidata del PP en Cantabria. El fichaje estrella de este mercado político-deportivo ha sido el de Pepu Hernández por el PSOE. El exseleccionador nacional de baloncesto, campeón del mundo en 2006, fue escogido por la militancia socialista como el candidato del partido a la alcaldía de Madrid.

De los que lo intentan ahora a los que lo intentaron en el pasado. El actual comentarista deportivo Gica Craioveanu, exjugador de Villarreal, Real Sociedad o Getafe, se presentó a la alcaldía de Getafe por el Partido Popular en 2007. Ese año, Rumanía había ingresado como estado miembro de la Unión Europea y el PP vio en Gica una buena oportunidad para rascar en el voto rumano. El exfutbolista renunció a su acta como concejal después de que las elecciones las ganase el PSOE. A todo esto, siempre se rumoreó sobre las simpatías de Vicente del Bosque, hijo de un ferroviario de izquierdas, hacia el partido socialista. Tanto que el presidente Pedro Sánchez le ofreció sin suerte el cargo de Secretario de Estado para el Deporte. En el PSOE militó Fermín Cacho, campeón olímpico en los Juegos de Barcelona 1992. Cacho formó parte en 2003 de las listas para el ayuntamiento de Andújar. Más recorrido que Gica tuvieron dos exatletas como Abel Antón y Marta Domínguez, quienes han ejercido de senadores del PP por Soria y Palencia, respectivamente.

Los palcos de los estadios también sirven de ejemplo. El presidente de la LFP (Liga de Fútbol Profesional) es uno de los muchos que ha manifestado públicamente sus preferencias políticas. Javier Tebas se confesó votante de VOX. Una opción coherente con su pasado político en la formación de extrema derecha Fuerza Nueva. El antiguo presidente del Barça, Joan Laporta, es un ferviente simpatizante de la causa independentista. Uno de los aspectos que más le criticaron de su tiempo al frente del conjunto azulgrana fue la politización que llevó a cabo en el club. Menos gente conoce el pasado político del actual presidente del Real Madrid. Florentino Pérez ejerció en 1979 como concejal de la UCD (Unión de Centro Democrático) en el ayuntamiento de Madrid. Tras la disolución del partido, Pérez fue secretario general del PRD (Partido Reformista Democrático). Los cero escaños que logró en las elecciones generales de 1986 propiciaron el final de la etapa política del actual máximo mandatario blanco.

Fuera de nuestras fronteras, son muchas las leyendas del balompié que han dado el salto a la actividad parlamentaria. Especialmente en Brasil, lugar de nacimiento de algunos de los jugadores más fantasiosos de todos los tiempos. O Rei Pelé fue ministro de Deportes entre 1994 y 1998, bajo el mandato del presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. El tres veces campeón del mundo promulgó la revolucionaria “Ley Pelé”, que no dejaba de ser algo tan sencillo como que cuando un jugador termina su contrato, el club al que pertenece debe liberarle u ofrecerle una oferta de renovación. Además, fomentó la limpieza del fútbol brasileño obligando a los equipos nacionales a hacer públicos sus balances económicos.

Dos campeones del mundo con la canarinha como Bebeto y Romario, ambos con pasado en España, forman parte de la política actual de Brasil. Bebeto es desde hace ocho años diputado del Estado de Río de Janeiro por el Partido Democrático Trabalhista, mientras que Romario es senador y el año pasado se presentó a gobernador. La campaña electoral del presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro estuvo marcada por el apoyo de leyendas del fútbol de la magnitud de Ronaldinho, Rivaldo o Cafú. Algunos como Felipe Melo incluso le dedicaron un gol. Otros como Neymar o Gabriel Jesús supuestamente también le votaron. El futbolista más crítico con Bolsonaro fue sin duda Juninho Pernambucano, quien confesó, en un mensaje con más veneno que sus disparos de falta: “Me revuelvo cuando veo a un jugador o exjugador de derechas. Venimos de abajo, somos pueblo. ¿Cómo vamos a ponernos de ese lado? ¿Cómo vas a apoyar a Bolsonaro, hermano?”.

Uno de los casos más reconocidos de futbolistas implicados en política es el de George Weah. Desde luego, es el único que puede presumir de haber ganado un Balón de Oro y presidir un país. La carrera del liberiano en Europa fue extraordinaria. El delantero se hinchó a marcar goles en clubes como PSG o Milan. En 1995, ganó el premio individual más prestigioso del mundo del fútbol. Hoy sigue siendo el único Balón de Oro africano de la historia. A pesar de todos los éxitos, Weah nunca olvidó sus orígenes. Su etapa de mayor fama a mediados de los noventa coincidió con una de las épocas más sangrientas de su país. A finales de 2017, George Weah fue elegido presidente de Liberia bajo la promesa de una tierra con igualdad, libertad y dignidad. Otra leyenda del Milan que actualmente ostenta un cargo público es el dos veces campeón de Europa Kakha Kaladze, alcalde de Tiflis, capital de Georgia, desde 2017.

Algunos como Juan Mata aportan su granito de arena a la sociedad desde fuera de los parlamentos. El atacante burgalés es el ideólogo de Common Goal, un proyecto caritativo en el que los futbolistas destinan un 1% de su salario a causas sociales. Una cifra insignificante para sus bolsillos, pero que realmente puede cambiar la vida de muchas personas. El equipo de Common Goal cuenta con una alineación de lujo entre la que destacan nombres de primer nivel como Giorgio Chiellini, Serge Gnabry o Matt Hummels.

 

 

La Supercopa de España en Arabia Saudí también es política. El príncipe de la monarquía arábiga, Khalid bin Sultan Al Faisal Al Saud, reconoció: “Nos gustaría traerla. Somos fans de los deportes, el fútbol es el número uno. Ya hemos acogido a equipos italianos y nos gustaría acoger a los de otros países también”. Arabia Saudí es un estado que no respeta los derechos humanos. Sólo esta semana ha decapitado a 36 personas y crucificado a una. Como Benito Mussolini en 1934, el general Jorge Rafael Videla aprovechó la Copa del Mundo de 1978 para vender una imagen de Argentina en la que las persecuciones, desapariciones o torturas de la Junta Militar eran inventos de la prensa. Curiosamente, César Luis Menotti, el seleccionador que dirigió a Argentina a su primer Mundial, era comunista y mantuvo graves diferencias con el régimen de Videla. El propio Menotti reconoció que “sabía lo que pasaba con los militares, pero esa crueldad con los desaparecidos no la imaginaba”.

Sólo ocho años después, la Selección albiceleste volvió a levantar un Mundial. Su segundo y último. En los cuartos de final dejó por el camino a Inglaterra. La eliminatoria ante los ingleses aún se recuerda por la exhibición antológica de Diego Armando Maradona, una leyenda del balompié que se tatuó al Che Guevara en el brazo y que nunca ha ocultado sus simpatías hacia los gobiernos revolucionarios de América Latina. El trasfondo del partido entre Argentina e Inglaterra generó una gran expectación en la época por la victoria de los ingleses sobre los argentinos en la Guerra de las Malvinas. El interés de Arabia Saudí en la Supercopa de España va más allá de la pasión futbolística.

La regla dice que los futbolistas son mayoritariamente de derechas. Sin embargo, también existen jugadores que se resisten a sucumbir a los encantos burgueses del dinero ingente, las fiestas con celebrities o los vehículos de lujo. Paul Breitner, leyenda del fútbol alemán, acudía a los entrenamientos con el Libro Rojo de Mao Zedong bajo el brazo. El que fuera internacional con la Selección italiana, Cristiano Lucarelli, celebraba sus goles con el Livorno levantando el puño cerrado. Los aficionados del conjunto de la Toscana enloquecían al ver la identificación de su jugador bandera con la ideología comunista que desprenden las gradas del Armando Pizzi. Hay más ejemplos, pero probablemente ninguno tan icónico como Sócrates Brasileiro.

La dictadura que regía Brasil desde hace quince años encontró un rival político inusual: un equipo de fútbol. A comienzos de los ochenta, el Corinthians plantó cara al gobierno militar de la nación articulando el club mediante un modelo de autogestión que recibió el nombre de Democracia Corinthiana. Los horarios de entrenamiento, la política de fichajes, las concentraciones… todo se decidía de forma asamblearia. Había más democracia en el Corinthians que en el conjunto de Brasil. La revolucionaria forma de actuar del equipo paulista se trasladó también al terreno de juego. Sócrates era un futbolista atípico. Lo apodaban El doctor porque se había licenciado en Medicina. Aparte de sus títulos académicos, su talento con el balón en los pies era digno de uno de los mejores futbolistas brasileños de la historia. Sócrates solía lucir una cinta en la cabeza con mensajes a favor de la democracia y la libertad. Hizo política desde el césped.

El Corinthians se volcó con la celebración de elecciones con sufragio con universal. En la antesala de la final del Torneo Paulista de 1983 entre Corinthians y Sao Paulo, los dos rivales paulistas por antonomasia, los jugadores del Timão saltaron al campo con una pancarta en la que se leía: “Ganar o perder, pero siempre con Democracia”. El estadio entero se arrancó en aplausos y gritos de libertad. Una llama se encendió en Brasil. La dictadura en Brasil duró sólo dos años más. El partido que se disputa este 28 de abril terminará con un ganador y varios perdedores, pero siempre con democracia.

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