Hay una pregunta en la que coinciden una mayoría de madridistas: ¿Haaland o Mbappé, cuál le vendría mejor al equipo? La respuesta no es sencilla, incluso si obviamos la parte económica —que ya es mucho obviar— y nos fijamos solo en criterios deportivos.
Vayamos por partes. Mbappé comenzó su carrera sin saber muy bien cuál era su posición real. Sus cualidades eran evidentes y sus defectos también. Dio la impresión de que iba a ser un 9, pero no un ariete rematador, sino un 9 moderno, un jugador capaz de moverse y hacer cambios de posición durante el partido. A día de hoy es un delantero total que puede jugar exactamente igual en compañía de un definidor como Icardi, de un trabajador como Giroud o de alguien como Griezmann. También funciona como punta de lanza de una delantera. Aunque puede jugar bien en los tres carriles del ataque, alcanza su máximo rendimiento si parte desde la izquierda y juega con libertad. Potentísimo en carrera, su remate ha mejorado en el último año; ya se aprecian definiciones más sutiles, con toques más certeros y hábiles.
No hay que olvidar que Mbappé acaba de cumplir 22 años. Su fútbol, aunque ya sea diferencial, aún tiene aspectos que mejorar. Por ejemplo, el juego por alto. También le falta algo de finura en los pases y en algunos controles, debido a la velocidad con la que quiere ejecutar todas las acciones. Asimismo, debe mejorar la toma de decisiones: cuándo tocar y cuándo jugar en individual.
En clave Real Madrid, su conexión con Benzema no parece complicada, aunque tal vez sí lo fuera con Hazard, ya que ambos prefieren la zona izquierda para iniciar su juego. Damos por hecho que sería el belga quien cedería la banda y que tanto Vinicius, Rodrygo como Asensio pasarían a ser suplentes-suplentes.
Haaland es diferente. Físicamente se ha adelantado diez años en el tiempo, es el Antetokounmpo del fútbol. Al margen de su fisonomía (casi dos metros de alto), a Haaland le caracteriza un instinto goleador fuera de lo común y solo al alcance de unos pocos elegidos. Tiene una velocidad y una potencia descomunales. Es inteligente para ver la jugada y para definir de una forma simple pero rotunda, con remates carentes de artificio pero letales. Es el potencial dominador del puesto de delantero centro para la próxima década.
Aunque no es un virtuoso con el balón, Haaland tiene un gran giro sobre su eje y una descarga al primer toque muy fina. Cuando recibe de espaldas, sabe dar la pausa necesaria antes de soltarla, para luego tocar fácil y raso a la llegada de un compañero de segunda linea. Otro de sus recursos consiste en fijar a su marcador mientras usa su envergadura para cuerpear y girarse, para controlar orientado y conducir libre, aspecto en el que recuerda a Van Nisterooy.
Haaland es un 9 y su convivencia con Benzema podría no ser fácil, pues, de entrada, llevaría al equipo a un sistema de dos delanteros centro, algo que Zidane sólo utilizó un par de veces con Jovic. No obstante, su integración dependería del estilo del juego que impusiera el mediocampo. Casemiro, Kroos y Modric son centrocampistas de circulación lenta y segura, con gran cantidad de pases horizontales y apoyos en corto. Mbappé, y sobre todo Haaland, son futbolistas para atacar al espacio, para correr en vertical y para acelerar las posesiones.
Si algo estamos viendo en estas primeras eliminatorias de competiciones europeas es que el fútbol ha cambiado, sobre todo en relación al ritmo. Barça, Sevilla y Real Sociedad han sufrido serios reveses ante equipos que les han desnudado físicamente y que han practicado un fútbol muy vertical.
A partir de esta última consideración y ante la pregunta, ¿Haaland o Mbappé?, mi respuesta sería otra pregunta: ¿Para jugar a qué y con quién? Dependiendo de la contestación posiblemente elegiría el comodín de público o la opción pasapalabra…




