Gremio curioso el de los ciclistas. Sufridores, heroicos muchas veces, pero al mismo tiempo gregarios vocacionales, mansos ante las órdenes del primero que grite alto y pida silencio. La etapa que estrenaba el Tour 2020 era un caos de caídas por causa de la lluvia, lo que sucede siempre en similares condiciones. Hasta que un equipo, Jumbo Visma, decidió bloquear la carrera. Tony Martin, de 35 años, ejerció de padrino y levantó los brazos para reclamar calma con la excusa del peligro, paren, paren. Pocas palabras y muchas sonrisas. No hizo falta más. Todos tragaron. O casi todos. Astana se quiso rebelar y le salió caro porque la puta suerte también va con los poderosos. Miguel Ángel López se estampó contra una señal cuando su equipo pretendía lanzar la carrera. Doy por hecho que Tony Martin se regodeó y el resto del rebaño baló al unísono. Nadie se volvió a mover y los esforzados de la ruta corrieron a ritmo de Verano Azul hasta los últimos 20 kilómetros. Todos juntitos para mayor gloria del virus.

En el fondo fue un concurso de tontos. Los primeros y más destacados los del Jumbo Visma. El equipo cuenta con dos líderes, Roglic y Dumoulin, lo que dividía el riesgo de una etapa complicada. Es cierto que Dumoulin se vio cortado, pero también lo estuvo Bernal, el principal favorito. Cuánto debió celebrar el colombiano que sus enemigos neutralizaran la carrera y le tacharan una fecha del calendario. Tontos, debió pensar, grandes huevones, yo no seré tan amable cuando me toque.

También fueron muy tontos aquellos que no aprovecharon la ocasión que ofrecía una etapa descontrolada, ciclistas y directores, todos los soldaditos que confunden los códigos con la mafia. O los que se cayeron a tres kilómetros de meta, entre ellos Thibaut Pinot. No hay forma de conjurar el peligro porque el peligro está en la esencia del ciclismo y eso es, precisamente, lo que le distingue y engrandece. Que le pregunten a Evenepoel, que se recupera después de caerse por un barranco. O que estudien el Tour de 1971, cuando Ocaña perdió la carrera por una tormenta maldita. En ningún caso apareció Tony Martin para pedir prudencia.

El noruego Kristoff consiguió al sprint su tercera victoria de etapa en el Tour y se vistió con el maillot amarillo. Él también debería dar las gracias a los chicos del Jumbo Visma. En el podio, por cierto, le acompañaron una azafata y un azafato, interesante demostración de que contra contra los tontos no hay mascarilla.

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