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Justice for George Lloyd, cuando Jordan rompió su silencio

¿Por qué Estados Unidos no nos quiere? Se preguntaba el pasado domingo Lebron James en su twitter, el hombre que reabrió el debate racial en la NBA tras el portazo de Jordan.

Fue Albert Einstein quien dijo que «el mundo es un lugar peligroso para vivir. No tanto por los que hacen el mal, sino por aquellos que observan y dejan que ocurra». Esa frase está bien visible en la página web de la Fundación de Lilian Thuram. Un campeón del mundo que después de bordar la primera estrella sobre el gallo francés se propuso trabajar para cambiarlo. Por eso no debería extrañar que el pasado fin de semana su hijo Marcus, jugador del Monchengladbach, hincara la rodilla, al estilo Kaepernick, para celebrar su gol y protestar a la vez por la reciente muerte de George Floyd. El fútbol se ha cansado de mirar hacia otro lado, también el deporte en una ola de protestas que nos retrotaen a otras épocas.

Antes, ya lo había hecho Weston McKennie. Después Jadon Sancho o Achraf Hakimi. Bastaron cuatro palabras, Justice for George Floyd, para que la Bundesliga se colocara también a la cabeza en este asunto. Tanto el centrocampista de origen estadounidense del Schalke 04, como los jugadores del Borussia Dortmund aprovecharon los focos de la única de las cinco grandes ligas europeas que está en disputa para dejar claro que el racismo no es un problema exclusivo de Estados Unidos. Bien lo sabe Lilian Thuram que apenas unos meses antes de la muerte de Floyd señalaba el principal el atajo para erradicarlo en una entrevista con la Revista Líbero: «Hasta que los jugadores blancos no digan no al racismo no cambiará nada». Ese balón a bote pronto lo deberían rematar ahora Müller o Lewandowski.

En una respuesta coral y colectiva, el Liverpool, ya lo ha hecho. Dejándonos así una de las imágenes de esta cuarentena en vías ya de extinción. Toda su plantilla y cuerpo técnico alrededor del círculo central de Anfield para replicar la icónica estampa de Kaepernick. Rodilla en tierra la instantánea representaba un grito sordo contra el racismo bajo el lema Unity is strength (La unión hace la fuerza). Parece que los futbolistas, tantas veces señalados, no dejarán pasar esta vez la oportunidad de arrinconar al racismo.

Y sin embargo queda mucho camino por recorrer. Especialmente angosto en Estados Unidos, la tierra de Martin Luther King, epicentro de un rebrote racista nunca del todo superado. Ni siquiera la muerte del activista político y defensor de los derechos civiles de los afroamericanos en abril de 1968 levantó esta marejada de ira y protestas. Ya son 40 las ciudades estadounidenses en las que se ha declarado el toque de queda y no parece que vaya a quedarse ahí. Seguidores de las enseñanzas de King como Bill Russell o Kareem Abdul Jabbar intentaron continuar con su legado desde el parqué. Activistas desde una NBA donde el deportista afroamericano consiguió reconocimiento, fama y dinero, no sin un esfuerzo extra con el que despojarse de los prejuicios raciales. El hombre que rediseñó el Skyhook no ha tenido miramientos para reconocer estos días que «el racismo es un virus aún más demoledor que el Covid_19».

Esa estela que conecta a Bill con Kareem y que alcanza nuestros días a través de Lebron James o Stephen Curry siempre se topó con el sonoro vacío de Michael Jordan. Fue el 23 de los Lakers el que reabrió esa puerta hacia el compromiso social que el 23 de los Bulls cerró con un estruendoso portazo, ya saben, aquello de «los republicanos también compran zapatillas». En las antípodas de Michael surgen ahora tipos como Curry capaces de no acudir a la recepción de la Casa Blanca con los Warriors por desavenencias con el Presidente Trump. Quizá ante la NBA más politizada de la historia, el camino emprendido por Lebron (apoyó a la candidata democrática Hillary Clinton, se ha mostrado muy crítico con Trump y es un referente social y solidario en su Akron natal) ha sido seguido por otras estrellas con conciencia de clase como Carmelo Anthony, Chris Paul, Allen Iverson o Dwyne Wade. Todos ellos han alzado la voz estos días alertando de que el asesinato de George Floyd no es un caso puntual.

«Tenemos mucho trabajo por hacer, porque no importa cuánto dinero tengas, cómo de famoso seas, siempre van a encontrar la manera para decirnos a los negros, a las mujeres, que estamos por debajo de ellos«. Desconocemos si estas palabras de Lebron James a Kevin Durant, en una charla grabada entre ambos por las calles de Akron en enero de 2018, hicieron remover algo en la conciencia de Michael Jordan. El caso es que His Airness ha roto su silencio sepulcral en materia racial para apoyar por primera vez en su vida las revueltas sociales que se multiplican Estados Unidos de costa a costa.

«Estoy profundamente entristecido y enfadado. Veo y siento el dolor, la indignación y frustración que todos sienten. Denunciemos el racismo arraigado y la violencia contra los negros de nuestro país. Basta ya (…) Nuestras voces, unidas, tienen que presionar a nuestros líderes para cambiar las leyes o, de lo contrario, usaremos nuestro voto para crear un cambio en el sistema«. MJ.

El comunicado, reproducido arriba por completo, se sitúa ya a la altura de su mítico I’m Back, aunque en esta ocasión agradecemos a Michael que no haya sido tan escueto. Es como si Jordan hubiera entendido que camino de los 60, lejos ya de aquellos vuelos con los que nos conquistó a todos, el camino más recto para conectar con las nuevas generaciones sea alzando la voz. Conectando así con una sociedad que no tiene tan presente sus proezas deportivas.

En cualquier caso conviene recordar que las inesperadas palabras de Jordan llegan una semana después del homicidio por asfixia (tal y como confirmó la autopsia) de George Floyd en las calles de Minneapolis a manos de cuatro policías. En ese tiempo personalidades del baloncesto como Pau Gasol, el entrenador de los Warriors, Steve Kerr, o Evan Fournier, escolta de los Orlando Magic, ya se habían pronunciado. Son tres deportistas blancos de la mejor liga del mundo. Thuram puede estar orgulloso.

El tirón de orejas de Hamilton

Pero la NBA no ha sido la única que se ha visto sacudida por la ola de protestas que ha saltado de Estados Unidos al resto del mundo a través del deporte. La Fórmula 1 también ha visto como el número uno, el actual campeón del mundo, Lewis Hamilton utilizaba sus redes sociales para reclamar mayor solidaridad y empatía por parte de su deporte.

Y no ha podido ser más contundente con su alegato el piloto británico que ha reprochado a todo el paddock que «permanecéis en silencio ante la injusticia. No hay ninguna señal de mi industria, un deporte dominado por blancos. Estoy solo ante la injusticia». El sopapo mediático no ha tardado en levantar ampollas en el mundo de las cuatro ruedas, siempre tan identificado con el color del negocio. El primero en recoger el guante lanzado por Hamilton ha sido Carlos Sainz, el flamante nuevo piloto de Ferrari, que se ha apresurado a compartir sus reflexiones en twitter. «Todos tenemos la misma sangre. Condeno absolutamente todo tipo de racismo y todo tipo de injusticia. La diversidad nos impulsa hacia adelante», ha escrito el piloto madrileño.

Ahora que muchos se preguntaban por el sentido de un fútbol sin espectadores, por la urgencia de una vuelta a estadios vacíos con emociones descafeinadas. Ahora que solo parece primar el negocio por encima de los valores e intangibles como la salud. Ahora. Justo ahora el deporte se revuelve y nos muestra su cara más reivindicativa, esa que se esconde tras un gol y una camiseta que clama justicia.

Jadon Sancho celebra el primero de sus tres goles el pasado domingo frente al Padeborn. CordonPress.

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