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La última victoria de Rommel con los Tigers

Entre el 30 de enero y el 24 de febrero de 1943, con arranque en los Pasos de Faïd y Maizila y la ciudadela de Sidi Bou Zid… la llamada Batalla del Paso de Kasserine valió —objetivamente— la última gran victoria del Afrika Korps de Erwin Rommel, El Zorro del Desierto. Presionado desde Oriente, desde Libia, por el Octavo Ejército británico de Sir Bernard Law Montgomery, que le daba caza desde El Alamein, Erwin Rommel escogió atacar al Oeste con las Divisiones 10 y 21 Panzer, las últimas y mejores reservas de su Afrika Korps.

El ataque del DAK (Deutsches Afrika Korps) cargó contra la Linea Mareth, que defendía, ya en Túnez, la 1ª División Acorazada de EE UU (la Big Red One) del II Cuerpo de Ejército de Dwight Ike Eisenhower, desembarcada entre Argelia y Túnez en noviembre de 1942 en lo que se llamó Operación Torch,  Antorcha. Esta siempre fue la táctica habitual de Rommel: pasar al ataque cuando se le suponía en desbandada o retirada. «La Línea Mareth está hecha a base de blocaos franceses anticuados… no tienen nada que hacer en una guerra acorazada moderna», había reconocido y resumido el propio Rommel, el general alemán maestro de la Guerra Relámpago y más venerado por los ingleses… con el propio Churchill o Sir B. H. Liddell-Hart al frente.

Los combates en Kasserine, en plena Espina Dorsal de las Montañas del Atlas, en alturas entre 700 y 1.100 metros, se cerraron el 24 de febrero de 1943… con la que fue una aplastante victoria de Rommel y el Afrika Korps: según los mismos aliados (…), las tropas americanas, británicas y francesas sufrieron en torno a 10.000 bajas (6.500, estadounidenses, siempre a partir de Sidi Bou Zid), más la pérdida de 183 blindados. Enfrente, el DAK de Rommel sólo concedió en Kasserine las bajas de 2.000 hombres y 34 tanques. Y en sólo dos días, la 1ª División Acorazada de EE UU había perdido 98 tanques, 57 vehículos semiorugas (muchos pasaron útiles a poder de los alemanes) y 29 piezas de artillería, más un total de 500 hombres, con la ruptura de 100 dotaciones completas de blindados. Desesperado y derrotado, Einsehower relevó al Mayor General Lloyd Fredendall y reclamó urgentemente nada menos que a George Smith Patton como Comandante de ese II Cuerpo de Ejército de EE UU… al que los zarpazos de Rommel tenían de rodillas en las altas sierras del Atlas tunecino.

Pero, en pleno fragor de los combates, con la punta del ataque hiperextendida y bajo el temor de la pinza del crecido Montgomery, que —ya en Trípoli— avanzaba por la retaguardia, Erwin Rommel escogió una prudente retirada a Sfax en lugar de hacerse fuerte en Sbiba y Thala: era la gran cabeza de puente que Hitler le demandaba. Con el Zorro y sus divisiones de élite en repliegue táctico hacia el interior de Túnez, los americanos («les ha costado aprender, pero aprenden muy rápido», dijo Rommel) reconquistaron de inmediato Sbiba y Kasserine, sentando las bases para la derrota final del Afrika Korps, en mayo de ese mismo 1943… ya sin Rommel al frente y con la captura de unos 150.000 prisioneros del Eje. Entre ellos no estaba Erwin Rommel, quien, enfermo de disentería, había sido evacuado a Alemania a principios de marzo. Abatido y furioso contra Rommel por su retirada táctica en Kasserine, Adolf Hitler ordenó el relevo inmediato del Zorro del Desierto por el general prusiano Hans-Jürgen Von Arnim, lugarteniente de Rommel. Y fue Arnim quien rindió las tropas en Túnez… pese a la habitual llamada del Führer a la resistencia hasta el último hombre. Los guerreros del Afrika Korps acabaron en campos estadounidenses de prisioneros, mayormente… en Texas.

Antes del desastre final, Rommel y sus mejores divisiones achicharraron y pusieron en evidencia a los novatos americanos entre Faïd, Maizila, Sidi Bou Zid y Kasserine. Con ayuda de Stukas pintados en camuflaje de desierto, granaderos de la 21 Panzer tomaron al asalto las aldeas de Sidi Salem y Sadaguia. El domingo 14 de febrero de 1943, el Afrika Korps activó en esta batalla —que Rommel llamó Operación Viento de Primavera— las mejores unidades del 591 Destacamento Tiger, con una veintena de carros Panzer VI/Tiger I (de los 60 que le fueron suministrados a Rommel)… en lo que prácticamente fue el pleno estreno operativo del carro Tiger, probablemente el carro blindado más temido en la II Guerra Mundial, con su cañon KwK 36 L/56 de 88 mm.

Con diseño inicial de Ferdinand Porsche, pronto cambiado a Henschel, acorazado con 25 placas de 120 mm y pertrechado con las flamantes miras telescópicas Zeiss, el flexible cañón del Tiger, con freno hidráulico, podía hacer estallar fácilmente con sus obuses explosivos perforantes (AP-HE) a un carro normal a 2.000 metros de distancia. Incluso se habló de disparos acertados contra T-34 rusos y los americanos Sherman… hasta a rango de 3.900 metros. Los descalabros sufridos ante los Tiger —que comenzaron en Kasserine— hicieron que los propios estadounidenses conocieran a su carro Sherman como Ronson, por los encendedores de ese mismo nombre, y por su facilidad para ser incendiados en llamaradas al primer impacto de los obuses de 88 mm.

Rommel, con pañuelo blanco.

En desiertos y estepas, las 63 toneladas del Tiger a plena carga (tripulación de cinco hombres) podían operar a velocidad de crucero de 40 km/h… con punta a 45 km/h, gracias a su sensacional aunque elástico motor Maybach: 690 hp y 515 kW . Hasta junio de 1944, cuando se detuvo su montaje para empezar con el Tiger II (Königstiger, Tigre Real, el monstruo de 70 toneladas que atacó y fracasó en Las Ardenas), se fabricaron para el combate unas 1.355 unidades de Tiger I, aunque quizá se llegase a poner en acción hasta un total de 1.400 felinos, contando prototipos y modelos inicialmente desechados. Hoy tenemos a un Tiger I perfectamente operativo en el Tank Museum británico de Bovington, que actúa anualmente en exhibiciones de blindados. Es el Tiger 131, precisamente del 591 Destacamento del Afrika Korps. Fue apresado por los británicos del Octavo Ejército cerca de Sfax: ya en la debacle definitiva de las tropas alemanas del desierto.

Hitler estaba ilusionadísimo con este depredador que se movía con orugas engarzadas en ocho ruedas de apoyo y afilaba las garras de dos ametralladoras MG/34. Las 60 unidades suministradas al Afrika Korps reforzaban al fiable Panzer Mark IV, el carro de bandera de las Divisiones 10 y 21 Panzer del DAK y de las tropas acorazadas de la Wehrmacht: justo hasta la irrupción del Tiger I. De todos modos, el Führer prefirió desviar los refuerzos de los Tiger hacia sus Divisiones Waffen SS, el Ejército del Partido, mucho más queridas por el Führer que el sufrido Ejército Regular. En los combates de Kasserine, Rommel también contó con los nuevos lanzacohetes Nebelwerfer…

Diseñado en 1941, el Tiger I había aparecido en el verano de 1942, al Norte de la URSS, aunque con sólo cuatro unidades: cerca de Leningrado. Esos cuatro carros entraron en combate con tan escasa fortuna y problemas mecánicos… que uno fue apresado por los soviéticos vivo y flamante. Fue trasladado de inmediato a Moscú para una inspección milimétrica. A finales de 1942, el Grupo de Ejércitos Sur de Von Manstein recibió en Crimea otra docena de los nuevos carros acorazados… que no llegaron a poder usarse en el frustrado intento de ayuda al VI Ejército, el que se rindió catastróficamente en Stalingrado. En marzo de 1943, ya tras Kasserine, la División GrossDeutschland atacó frontalmente Kharkov con una Tiger Kompanie y ya en el verano de 1943, en Kursk, los felinos de 63 toneladas y cañones matadores hicieron estragos en las líneas defensivas soviéticas.

Los más legendarios comandantes de carros de las Agrupaciones Acorazadas alemanas —Michael Wittmann, Otto Carius, Hannes Philipsen, Eduard Kalinowsky…— sudaron sus galones al mando de Tigers. Wittmann, el más famoso de todos, murió en combate en Francia, en agosto de 1944, justo después de una hazaña espectacular en Villers-Bocage (Normandía), al desmantelar al mando de un único Tiger I, el suyo, una entera columna acorazada británica, con las Ratas del Desierto en sus filas. Todo eso podía hacer un Tiger mandado con pericia y arrojo. El final de Rommel, El Zorro del Desierto, el maestro de la Blitzkrieg… fue quizá peor que el de Michael Witmann, eliminado por un solo impacto directo a su carro Tiger.

El 14 de octubre de 1944, el Mariscal Erwin Johannes Rommel, supremo dominador de la Línea Maginot en Francia, vencedor en Tobruk, Halam-Alfa y Kasserine, recibió en su residencia de Herrlingen la visita de los generales Wilhelm Burgdorf y Ernst Maisel, ambos del entorno más cercano a Adolf Hitler. Martin Bormann, una de las peores ratas que acechaba en las proximidades del Führer, había acusado formalmente a Rommel de «conocer el siniestro complot de Stauffenberg».

Ese verano de 1944 y de la bomba valquiria de Von Stauffenberg, y antes de ser herido en la cabeza en un accidente de tráfico tras ráfagas de un avión británico, Rommel había defendido la vida de su Jefe de Estado Mayor, Hans Speidel (más tarde, Comandante en Jefe de la OTAN en Europa). Speidel también había sido acusado de «conspirador». Ahí, Rommel ya había pedido a Hitler que detuviera la guerra y llegara urgentemente a un armisticio: «Mein Führer, piense en el pueblo alemán», dijo Rommel a Hitler: que le mandó salir de la habitación.

En Herrlingen, Burgdorf y Maisel hicieron ver a Rommel que, si no se tomaba el cianuro que le llevaban, sería juzgado (y condenado a muerte con certeza) por el Tribunal Popular de Roland Freisler, el nacionalsocialista Juez de la Horca. Además, su esposa, Lucia, —Lu— y su hijo Manfred, sufrirían una suerte no mucho mejor. Con la casa rodeada por las SS, Rommel aceptó la oferta, se despidió de su familia y masticó el cianuro en el coche Opel de Burgdorf y Maisel, bajo la vigilancia del propio Burgdorf, que tenía de escolta al Sargento Mayor SS Heinrich Doose. A un mes de cumplir 53 años… Rommel recibió un funeral de Estado, en Ulm. Él había insistido en que su ataúd se enterrase sin símbolos políticos, pero Hitler lo cubrió con la bandera de la esvástica. Y defendió su muerte como la de un Héroe de Guerra y Héroe del Pueblo Alemán, fallecido en teoría de resultas del ataque del avión británico y el posterior accidente de su vehículo oficial. Lucia, Lu Rommel contó la verdad al finalizar la Guerra. Su hijo, Manfred (fallecido en 2013), fue alcalde de Stuttgart entre 1974 y 1996: gracias al inmenso prestigio del padre. De héroes están los cementerios llenos. En el Cementerio de Villa Lindenhof, en Herrlingen-Blaustein, hay uno de ellos: el Mariscal de Campo, Feldmarschall Erwin Rommel, El Zorro del Desierto. Su testamento es quizá su mejor y más antológica frase: «No necesitas pensar que el mundo te ha abandonado: el mundo jamás te protegió».

Alejandro Delmás
Alejandro Delmás
Un periodista enciclopédico que conoce el deporte de alta competición como pocos. Sus crónicas de tenis, NBA, boxeo e incluso fútbol, en su versión más sevillana, han glosado páginas históricas en El Mundo y el diario AS durante las últimas décadas. Un yankee nacido en Coria del Río que igual entrevista a Kobe Bryant que visita a Joe Frazier o conversa con Rafael Nadal. Un periodista 24 horas al día.
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3 COMENTARIOS

  1. Impecable, una vez más. Dios salve a don Alejandro Delmás Infante, el mejor periodista deportivo de Coria, El Aljarafe, Sevilla (digan lo que digan en el bar bistec), Andalucía y España.

  2. ¿Delmás ha estado haciendo periodismo deportivo este tiempo o en realidad estuvo enrolado en el Afrika Korps y no lo hemos sabido hasta ahora?

    • Solo hay que leer esta web o muchodeporte para saber que fue, es y será eso lo que estuvo haciendo desde que empezó a escribir en medios allá por lo setenta. Eso no quita para que, de cuando en cuando, nos regale su saber enciclopédico en píldoras como esta.

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