Dos de las derrotas mas dolorosas de la selección inglesa en tiempos recientes han ocurrido ante Croacia. Una en Wembley, en la fase de clasificación para la Eurocopa de 2008. Aquella derrota (2-3), fue el inicio del fin de la llamada generación de oro, que finalmente se certificó en Sudáfrica dos años después con una sonada derrota ante Alemania (1-4). Aquel día en Wembley había llovido, y la imagen del seleccionador, Steve McClaren, sujetando un vaso de té y un paraguas, fue la viva representación del fracaso. La siguiente gran derrota, aunque antes hubo victorias inglesas, ocurrió en la semifinal del Mundial de Rusia: los aficionados ingleses sintieron a partes iguales el orgullo de lo conseguido y la decepción de no llegar a la final.

En esta Eurocopa virtual que venimos relatando, Inglaterra carece de lo que tiene Croacia: creatividad en el centro del campo de la mano de Modric y Rakitic. Así que los ingleses no tuvieron claro cómo dominar el partido y hacer valer el factor campo. A su vez, los croatas respetaban a los anfitriones y no buscaban la victoria claramente, jugando al sudoku de la clasificación más que al fútbol (ganando a Escocia y Chequia, clasificación asegurada). Henderson, Rice y Dele Alli no conectaban con Sterling y Kane, y mientras el debate sobre las posibilidades de un centro del campo que contase con Maddison, Grealish o Mount no se evaporaba de las gradas de Wembley, el partido transcurría con el 0-0 inicial. La comodidad de los veteranos croatas contrastaba con la presión a la que estaban sometidos los ingleses. Tanto las semifinales como la final se jugarán también en Wembley y ellos serán los principales favoritos… si consiguen acudir a la cita.

La segunda parte empezó pesada. Era un día inusualmente caluroso y las piernas y la responsabilidad pesaban. Tenía toda la pinta de ser un partido como los del colegio: el que marque, gana. Un gol, un error o una genialidad, cerraría el partido. Las ocasiones se sucedieron con cuentagotas. Una falta de Modric salió cerca del palo, aunque Pickford lo tenía bien cubierto. Vida sacó bajo palos un remate blando de Stones en un córner. Kane disparó desde lejos a las manos del portero y Rakitic dio la réplica de Rakitic, bloqueado por Maguire. Perisic encontró un hueco en la defensa inglesa pero su pase hacia atrás no encontró rematador. La resolución definitiva llegó a doce minutos del final: un córner sacado por Alexander-Arnold fue rematado de cabeza por Harry Kane con facilidad. Inglaterra había ganado tres puntos en el primer partido del grupo D y ponía la atención en su derby con Escocia dentro de cinco días.

El grupo C acogió los dos partidos restantes de la jornada. Tras la eliminación de Rumanía en el play-off, Bucarest perdió apetito por el torneo. Sin embargo, sus calles acogieron a entusiastas aficionados kosovares y un número menor, quizá porque su selección apenas levanta cabeza desde aquel fatídico día en El Molinón de 1982, de aficionados austriacos. El contraste entre ambos contendientes es total: Kosovo es la nación reconocida más joven de Europa tras haber sido provincia de imperios búlgaros, otomanos y yugoslavos, mientras que Austria es, al contrario, uno de los imperios clásicos del viejo continente y dominador de Europa central, aunque nunca contó con Kosovo entre sus territorios. Una hizo su debut en el Mundial de 1934 y la otra no había jugado una fase final hasta hoy.

En las alineaciones, pocos nombres llaman la atención del aficionado medio más allá de David Alaba, jugador del Bayern, y Marcel Sabitzer, para los muy aficionados a la Bundesliga, o el díscolo Arnautovic, un tipo Ibrahimovic en versión rebajas. Kosovo se había clasificado con un gran espíritu de equipo, por esa pasión que mueve a jugadores que venían de varios países, descendientes de emigrados del régimen serbio y que sienten un orgullo patriótico que pocas selecciones pueden poner sobre el césped. Su futbol es valiente pero ingenuo, susceptible al error y al partido con goles. El encuentro tuvo de todo, hasta VAR: un gol anulado a los kosovares por un fuera de juego tan escaso que parece injusto, y un penalti a favor de Austria que el arbitro no vio, por mano de un defensa sobre la línea de gol. La mano no fue castigada con tarjeta roja, pero Alaba convirtió el 1-0 para Austria. Con Kosovo atacando sin mucho control, Sabitzer y Lazaro organizaron una contra que Arnautovic solo tuvo que empujar a la red, ya con el partido agonizando. Pese a todo, Kosovo tuvo la oportunidad de marcar su primer gol en una fase final con un remate lejano de Berisha, jugador del Fortuna alemán.

El tercer partido de la jornada tuvo lugar en Ámsterdam. Holanda, con una defensa solida con Van Dijk al mando y De Ligt de escudero, no dio opciones a Ucrania. El portero madridista Lunin vio el partido desde el banquillo, un partido dominado por Frenkie de Jong y Wijnaldum desde el centro del campo y Luuk de Jong abriendo huecos en la defensa. El primer gol del partido lo marcó el centrocampista del Liverpool con un remate seco desde el punto de penalti, Memphis Depay culminó una jugada del lateral Van Aanholt al borde del descanso y Luuk de Jong consiguió el tercero, sobre la línea de gol y al borde del fuera de juego, tras otro disparo lejano de Wijnaldum. A la espera de mayores complicaciones y con el factor cancha a favor, los tulipanes parecen claros favoritos en su grupo.

 Clasificaciones

Grupo C

  Pts. GF GC
Holanda 3 3 0
Austria 3 2 1
Kosovo 0 1 2
Ucrania 0 0 3

Grupo D

  Pts. GF GC
Inglaterra 3 1 0
Chequia 0 0 0
Escocia 0 0 0
Croacia 0 0 1

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