Confiesa Arón Piper, actor y cantante célebre a raíz serie Élite (a mí no me miren, yo tampoco la vi) que el fácil acceso al sexo le crea “algún vacío” porque “cuando estás de flor en flor nada es real”. El tipo, que presentó su última creación musical a lo Briatore, organizando una fiesta en Ibiza —capital del hedonismo circense actual— en la que hasta Leonardo Di Caprio se dejó caer, también desnudó sus contradicciones en la entrevista. Tras reconocer dejarse arrastrar por la tentaciones con el irrebatible argumento de que “para eso está la vida”, amaga con poner el pie en el freno al admitir que “el peligro está en no conformarse” y señalar aquello tan recurrente entre los empachados de que “la calidad es mejor la cantidad”. 

En apariencia, tendríamos un puñado de clichés propios del cóctel entre juventud y fama. Sin embargo, el discurso posee cierto trasfondo y altas dosis de literatura. Bienvenidos al maravilloso mundo del sexo y sus contradicciones. 

De las palabras del artista concluimos que existen leyes de la naturaleza humana que ni la pretendida cirugía social del feminismo expresionista que sufrimos —a veces cómico, otras pueril, siempre dañino— podrá modificar a pesar de su insistencia. Y una de ellas es de las más básicas: a más exposición, mayor capacidad de atracción. Sucede en clase (cómo olvidar al deportista pintón o la chica popular y su séquito), en el trabajo (no miren hacia otro lado) y, por supuesto, cuando apuntan los focos. Pero, ojo, que el mercado de la carne, como confiesa Piper, también se autorregula: a mayor oferta, menor interés.

En Tokio Blues, Haruki Murakami da vida a un personaje que nos deja más pistas sobre este fenómeno tan cotidiano como el respirar. Se llama Nagazawa. Compañero del protagonista, pese a no gozar de la fama de nuestro Piper, sí posee una seductora personalidad que le granjea un éxito arrollador con el sector femenino casi por inercia. Cínico, elocuente y marcadamente nihilista, el joven utiliza el sexo como forma de control y poder, lejos de cualquier atisbo sentimental.

En contraposición al personaje central de la trama, introvertido, empático y en constante búsqueda de la madurez, el tal Nagazawa acostumbra a salir en búsqueda de mujeres, a las que interpreta como “experiencias” y no como vínculos emocionales. Para él, las relaciones serias “sólo traen problemas” (no le discutiremos parte de razón), por lo que teniendo la capacidad de su parte, prefiere nadar en la superficialidad de usar y tirar, a saber en qué orden.

Hace algunos años, en su discurso de entrada al Songwiters Hall of Fame (nadie como los americanos para crear este tipo de cotarros), Steven Tyler sorprendía a los presentes con una interpelación directa y atrevida. “¿Cuántos de ustedes tuvieron sexo anoche?”. Ante las risas, primero espasmódicas, luego nerviosas, el vocalista de Aerosmith insistía: “No, ¿cuántos? Levanten la mano”… A continuación, ante la baja participación, concluyó: “¿Ven? Por eso somos compositores”. Así que ya saben. Si no se ven en la tesitura de Piper o del personaje de Murakami siempre les quedará el papel y el boli.