Es difícil imaginarse a Augusto César Lendoiro (Corcubión, 1945) lejos de un sillón presidencial, al fin y al cabo entre fútbol y hockey patines fueron 53 años con el bastón de mando. También cuesta no sentarse con él a la mesa, alrededor de un buen vino y el mejor marisco de la zona («cuando sacaba el champán era cuando se empezaba a hablar de los fichajes») para reproducir alguna de esas veladas eternas en las que se confeccionó el mejor Deportivo de la historia. Noches que abrazaban el alba a orillas de la playa de Riazor, noches de sueños y gestas, también de pesadillas. Hay tiempo para todo en 25 años de mandato. Ahora que su vida ya es otra se confiesa menos trasnochador —»aprovecho para leer y escribir»— y señala «la improvisación» de los gobiernos como lo más negativo de este tiempo. La retranca sigue intacta a pesar del confinamiento, igual que su deportivismo: «Me he ofrecido para ayudar recientemente pero no me quieren».
—¿Cómo van esas memorias, se publicarán pronto?
—Pues sí, sí, las estoy estoy escribiendo, estoy aprovechando este confinamiento para avanzar en ese libro. Además ya tengo comprometido desde algún tiempo los plazos de entrega y demás, así que no me puedo demorar. Pero es que hay veces que los temas de actualidad te descentran o te hacen pensar en otras cosas y te roban un poco ese tiempo para escribir. Pero estoy con ambos los dos, que decíamos por aquí.
—Uno de esos temas de actualidad es la reestructuración de la Segunda División B. La propuesta elaborada por la Federación Española la ha definido usted como un Caballo de Troya, ¿no le gusta?
—El que haya dado la idea a mi amigo Luis Rubiales de hacer una Segunda División con 5 grupos tiene que ser alguien enviado por el enemigo, una suerte de Caballo de Troya, como he dicho metafóricamente. Es que eso genera una enorme cantidad de problemas, unido a otro punto básico como es el de la proximidad geográfica, que están asegurando que es un criterio que ahora no se va a respetar. ¡Y es fundamental! Con las dificultades económicas que siempre ha tenido la Segunda B y las que se avecinan ahora: los ingresos por abonos van a caer, hay que devolver la mitad de esta temporada, habrá que ver cuándo puede haber público en los estadios… El problema es que, con 5 grupos, incluso eliminando el aspecto de la proximidad geográfica, que me parece una locura, cómo determinas quiénes van a disputar entre sí el ascenso. Ahora lo hacen en eliminatorias directas entre los campeones, pero con cinco ya se rompe todo. Ya nos explicarán cómo lo van a hacer, porque el leit motiv de esa categoría es poder ascender al fútbol profesional, que nadie se olvide. Si le quitas esa ilusión o la dificultas para todos los equipos estás matando a la Segunda B.
—¿Cuál es su propuesta?
—Mi propuesta se basa en cuatro grupos y la proximidad geográfica que impera hasta ahora, eso es inamovible, todo lo demás se puede discutir. A esos cuatro grupos, con un mayor número de equipos ocasionados por los descensos de Segunda y los ascensos de Tercera, se los dividiría en dos. El número ideal de equipos hubiera sido 96 (ya han confirmado que serán 100), aprovechando alguna baja por deudas, y así cada uno de los grupos tendría 24 equipos. Esos cuatro grupos se dividen en dos para hacer la liga más corta ante la falta de fechas que va a existir en la próxima Liga. Los cuatro primeros de cada subgrupo jugarán una liguilla, la fase II del propio grupo, en la que se tienen en cuenta los resultados obtenidos entre ellos en la fase I. Los 4 equipos que mayor puntuación alcanzasen disputarían el playoff de ascenso a la Liga SmartBank. Y así se sigue manteniendo el playoff de 16 equipos a Segunda División con los cuatro campeones de los grupos jugándose el ascenso entre ellos y teniendo una segunda oportunidad de reengancharse para los dos equipos que pierdan esa eliminatoria, el conocido como camino largo. Los 12 equipos eliminados en este playoff tendrán plaza en la Segunda B Pro o Liga Luis Aragonés como a mí me gustaría que se llamase, y estarán acompañados por los cuatro descendidos de la Liga SmartBank, los 16 clasificados en los puestos del 5º al 8º de cada grupo de segunda B y los ocho ganadores de las promociones correspondientes entre los clasificados entre los puestos 9º y 16º.
—Echemos la vista atrás, a sus orígenes. Puede que haya lectores, sobre todo de fuera de La Coruña y Galicia, que no sepan que usted era un dirigente deportivo de éxito antes de llegar al Deportivo de la Coruña.
—Los éxitos llegaron con el Liceo Hockey Club. El histórico Liceo que fue el primero que plantó cara a los equipos catalanes, auténticos dominadores de la competición, el Barça, el Reus… a todos los equipos tradicionales. Yo suelo decir muy a menudo que La Coruña se aburrió de ganar, es lo que pasó con el hockey sobre patines. Porque después de aquella época tan gloriosa no se ha respaldado al equipo igual. Se ganó tanto que la victoria ya no era suficiente, la gente se cansó de ir al pabellón de deportes. Ganamos absolutamente todo: la Liga, La Copa; Ganamos la Copa de Europa y la Recopa. E incluso títulos intercontinentales, el Mundial de Clubes también. En fin, ganamos todos varias veces. Y la gente se aburrió.
«He sido presidente de algún club durante 53 años. a mi madre la podían haber dicho: Señora, le ha nacido un presidente»
—Es que usted con 15 años ya estaba dirigiendo un club de fútbol, lo llevaba en la sangre…
—Allí fue donde empezó todo, en el Ural FC, a los 15 o 16 años refundé el club. Yo había jugado en ese equipo y todavía existe a día de hoy, está en segunda división regional y haciendo un gran papel. Es que yo he llegado a ser presidente de tres equipos a la vez. He sido presidente del Ural, en el Español de Coruña, un club modesto de la ciudad, y en el Deportivo de la Coruña. He sido presidente de clubes durante 53 años de mi vida. Alguna vez me dijo un compañero periodista suyo que a mi madre le debieron decir: “Señora, le ha nacido un presidente”.
—Al Deportivo llega por aclamación popular y se presenta en Riazor con el eslogan «Camina o revienta», la frase popularizada por El Lute, cuya película se había estrenado recientemente.
—Yo es que no quería ser presidente del Deportivo, porque en aquel momento tenía ya bastantes responsabilidades a cuestas. Tenía todos los problemas del mundo, aparte de la política. Era ya presidente del Liceo, era presidente del comité organizador del mundial de Hockey sobre patines que se iba a celebrar en septiembre, lo del Ural, lo del Español… en fin todos los frentes abiertos. Y además tenía muchos hijos y había que sacar todo eso adelante. Pero fue una especie de aclamación popular en Coruña por los éxitos deportivos derivados del Liceo. La gente entendía que eso se podía trasladar al fútbol y, por suerte, al cabo del tiempo así fue.
—¿Cuándo nació el Súperdepor?
—Desde el principio nos planteamos hacer algo grande. Por lo menos no nos pusimos límites a pesar de estar tres años en Segunda División. El primer año ya debimos haber jugado la final de la Copa del Rey, y eso nos hubiera posibilitado jugar al año siguiente la Recopa. Pero sufrimos un arbitraje nefasto en las semifinales en Valladolid. Al año siguiente perdimos en la promoción de ascenso frente al Tenerife y a la segunda fue la vencida, en aquel último partido de Liga contra el Murcia. En Primera nos costó el primer año pero nos mantuvimos y la siguiente temporada ya optamos al título de Liga. Solo llevábamos cinco años en el club y le habíamos cambiado la cara por completo. Esa temporada 92/93 ya estaban Bebeto, Mauro Silva, Djukic, Aldana, Fran, Claudio, Liaño… Un grandísimo equipo.
—Y todos ellos comandados por El Bruxo de Arteixo, ¿sin un técnico como Arsenio Iglesias el Súperdepor hubiera sido posible?
—Nadie le puede restar méritos a Arsenio o a Irureta después de lo conseguido, pero yo creo que siempre son los jugadores los que al final definen, los que tienen la última palabra. De poco sirve tener a un gran entrenador si no te acompañan los jugadores, si no tienes un gran equipo. Las dos cosas son necesarias. Lo cierto es que coincidió todo de una forma muy amigable, porque era un club muy familiar, todo muy cercano, cada uno hacía todo lo mejor que sabía. También había una gran relación en el consejo de administración. Todos veníamos del fútbol modesto y el consejo, casi en su totalidad, se mantuvo durante los 25 años que estuvimos en el cargo.
—¿Es cierto que a Bebeto lo convencieron con una postal de Coruña en un día soleado de verano?
—No llevé solo una postal. Me fui a Brasil con un libro de La Coruña y las fotos que salían eran de días soleados, de días veraniegos, claro, en los que se apreciaba la belleza de la playa de Riazor y le decía que era como una pequeña Copacabana. Y él se lo debió creer. Hombre, la playa es muy bonita, quizá con lo de la temperatura no le dije toda la verdad, ahí quizá no estuve tan fino… Pero aquí sol también hace.
«Fran podía haber sido otro Luis Suárez o Amancio pero le faltó entender mejor la profesión»
—Y en pleno auge del equipo los rivales empezaron a fijarse en sus jugadores. Fran era el gran deseado. ¿Cómo hizo para que no fuera al Real Madrid?
—Aquello no fue plato de gusto, claro que no. De hecho tenía un contrato firmado con nosotros, lo que ocurrió fue que al llegar ese contrato a la Liga, Jesús Samper, que era el Secretario, no lo aceptó porque entonces apareció otro contrato que tenía el Real Madrid guardado en un cajón y lo sacó en ese momento. Aquello nos costó cerca de 300 millones de pesetas, porque no es de agradecer precisamente. Pero vamos, que no tuvimos que convencer a Fran, porque ese acuerdo ya lo teníamos. Al que hubo que convencer fue al Real Madrid y tuvimos que llegar a ese acuerdo económico. Doscientos sesenta o doscientos ochenta millones de pesetas nos costó el tema. Nos quedamos con Fran, pero sin los millones.
—Después de ese escarceo, la fidelidad le duró a Fran hasta el final de su carrera.
—Sí, sí, Fran con nosotros rindió a un altísimo nivel siempre, pero yo estoy convencido de que podía haber dado algo más, pero bueno su temperamento. Su forma de ser también le pudo condicionar. Fran podía haber sido otro Luis Suárez o Amancio, y se quedó a cierta distancia de ellos. Quizá le faltó entender mejor la profesión, tener otras miras. Era un hombre para haber marcado una época, no solo en el Deportivo, sino en el fútbol español. Cualidades tenía para ello.
—¿Y qué me dice de esos rumores que aseguran que los fichajes del Súperdepor se financiaban con dinero del narcotráfico gallego que estaba en pleno auge en aquellos años?
—No, no (suelta un carcajada). Estuvimos a punto de demandar a un periodista portugués que publicó en su día algo parecido. Luego terminó pidiéndonos perdón porque había dado a entender alguna cosilla sobre ese particular. Por desgracia en aquel momento el narcotráfico en Galicia estaba muy de moda y como nadie podía entender lo que estaba ocurriendo con el Deportivo, un equipo de provincias que planta cara a los grandes, que encima gana a Madrid y Barça, pues tenían que inventarse algo. Nosotros como directiva lo que teníamos que conseguir era hacer posibles vías para financiar esos fichajes y los hicimos a través de los créditos que existían y que te daban con mayor facilidad en aquellos años. Esos créditos con los bancos y cajas gallegas fueron nuestra forma de financiar los fichajes. En muchos casos también se pagaba a los clubes a través de pagarés que se extendían por siete u ocho años. Los clubes confiaban en nosotros y así fue como pudimos hacer aquellos fichajes.
—El momento culminante de ese SuperDepor es el penalti de Djukic que les hacía campeones, si pudiera volver atrás ¿qué haría que no hizo?
—Si hubiera tenido la posibilidad de hablar con los jugadores en ese momento, cuando López Nieto señaló el penalti, les hubiera preguntado que quién tenía confianza para lanzar ese penalti, que era un penalti que valía una Liga. Pero antes del partido, creo que no hubiera hecho nada diferente. Yo nunca fui muy de hablar con los jugadores, eso era algo reservado a los técnicos. Solo bajé una vez al vestuario, diez minutos o quince minutos, en un entrenamiento en la semana en que ganamos la Liga en el 2000. Les dije que no nos confiáramos que, aunque todo estuviera a nuestro favor, no pensáramos que ya estaba hecho. Fue para mantenerlos en alerta. Íbamos primeros y el calendario nos beneficiaba y solo quería que no se repitiera lo del 94. Pero en esos casos es el entrenador quien tiene que medir y mediar en las actitudes de los jugadores. Porque si no, los jugadores son muy listos y buscan siempre la complicidad de los presidentes para no hacerle caso en algunas circunstancias a los entrenadores.
—¿No era usted un presidente patriarcal entonces?
—Nunca fue mi estilo, aunque mi relación con ellos siempre fue muy cordial. Yo cuando fichaba a un jugador recuerdo que en su primer día comía o cenaba con él. A continuación les decía: «Si necesitáis alguna cosa, ya sabéis dónde estoy». Pero yo nunca fui de ser muy amigo de los jugadores, les dejaba su espacio. Es como esos padres que dicen que son amigos de sus hijos. Un hijo lo que necesita es un padre, no que seas su amigo. Pues con los jugadores igual, porque si no eso te genera una serie de complicaciones en las renovaciones y en los contratos que te termina saliendo muy caro.
—Volvamos al penalti, ¿es cierto que Bebeto se rajó?
—No, no. Creo que no le correspondía porque, a pesar de lo que se pueda pensar, Bebeto no era un gran lanzador de penaltis, a pesar de la facilidad que tenía para hacer gol. De hecho, aquella temporada había fallado ya alguno. A mí, por ejemplo, me extrañó más el cambio de Donato, que era el primer lanzador de penaltis; Djukic era el segundo. Donato tenía una fiabilidad muy alta, era muy seguro desde los once metros. Arsenio lo sustituyó faltando 15 minutos y aquello posiblemente valió un título.
—Después de aquello, ¿creyó usted en las meigas?
—Supongo que no porque desde el primer momento dije que el fútbol nos debía una Liga y que íbamos a ganarla. Y efectivamente así fue. Creo, incluso, que pudimos ganar alguna más y no solo la del 94. Pero a veces nos pudo esa falsa modestia, que es muy gallega también, eso de que no hombre, cómo vamos a ganar, con el Madrid, con el Barcelona, un equipo como nosotros… Ahí nos faltó esa decisión porque teníamos equipo para haber ganado un par de Ligas más.
—Sorprende su convicción.
—Bueno es que yo en aquella época ya estaba pensando en que venían los derechos de televisión, que aquello supondría una gran cantidad de dinero e íbamos a poder seguir reforzando al equipo. Ese fue el espaldarazo definitivo para levantarnos de nuevo y hacer el mejor equipo posible. Eso ayudó a hacer luego el EuroDepor con Irureta que fue un equipo incluso mejor y mucho más brillante, sobre todo en Europa.
«La UEFA nos perjudicó en 2004, era la Eurocopa en Portugal y tenía que haber un finalista portugués»
—¿Es el Centenariazo su mejor recuerdo como presidente del Depor? ¿El día más grande para usted?
—Para mí, el partido clave para la historia del Deportivo y de media España es el Centenariazo, porque ese día iban con nosotros los deportivistas y los que no son madridistas. Ese es un partido histórico para el fútbol español, que se recordará siempre. Fue un día muy significado, no solo por el Centenario del Madrid, también lo era de la Copa de España, que cumplía 100 años en esa edición. Es que ganamos al mejor club del mundo, en su casa, en su cumpleaños y haciendo un gran partido. Es de guión de película. El cúlmen que tiene cualquier gran obra. Y se valoró especialmente que lo hiciéramos jugando bien al fútbol. Éramos un gran equipo y jugábamos muy bien, nos convertimos algo así como el segundo equipo de todos los españoles.
—Hábleme de la Champions League, es quizá la única espina que le quedó clavada. ¿Aquel año de la remontada al Milán creyó que era su año?
—Creo que hubo dos temporadas que pensé que era nuestro año en Europa. Cuando nos elimina en cuartos de final el Leeds United (temporada 2000/01), tras un 3-0 en Reino Unido. Aquí en Riazor les ganamos 2-0, fue un resultado corto porque hicimos ocasiones para haberles marcado cuatro, cinco e incluso seis goles, más que de sobra. Ese año, para mí, fue el mejor año del Deportivo. Y luego la oportunidad se volvió a presentar en 2004 con el Oporto. Ahí los árbitros no nos ayudaron mucho. Jugó un papel importante que ese verano se jugaba en Portugal la Eurocopa y la UEFA quería que un equipo portugués alcanzara la final. Eso nos perjudicó bastante con las expulsiones de Mauro Silva y Andrade en Oporto, y luego en La Coruña no pudimos encarrilar el partido. Yo lo sentí mucho porque era la guinda del pastel, lo último que nos quedaba por ofrecer a la afición coruñesa. Ellos se lo merecían todo porque la afición siempre estuvo con nosotros.
«El peor recuerdo como presidente es frente al Borussia Dortmund en una eliminatoria de la UEFA. Nos remontaron en los últimos cinco minutos de la prórroga»
—Usted ha vivido descensos, ¿pero esa noche frente al Oporto es su peor recuerdo como presidente?
—Es uno de ellos, inevitablemente, pero me viene otro a la cabeza que me dejó peor sabor de boca, quizá por ser el primero. Fue en un partido de la antigua Copa de la UEFA frente al Borussia de Dortmund, en la temporada 1994/95. Allí podíamos haber ganado clarísimamente, pero dimos balones a los postes, hubo ocasiones clarísimas falladas… y a última hora nos levantaron el partido. La diferencia con el día del Oporto es que en Champions ya veníamos tocados con las expulsiones de Mauro Silva y Andrade y quizá en La Coruña no merecimos pasar. Pero en Dortmund merecimos pasar y nos ganaron en los últimos cinco minutos, después de haber empatado nosotros en la prórroga. Tengo un recuerdo impresionante del estadio de Borussia Dortmund, lleno hasta la bandera. No he visto ningún estadio parecido, todos los aficionados de pie, yo solo veía ojos detrás de nuestra portería.
«Mi fichaje imposible fue Luis Aragonés, no podía pagarle lo que me pedía»
—Vista la evolución del fútbol hoy parece imposible que otro club repita la hazaña del Súperdepor…
—No será fácil, eso desde luego. Pero no se crea, yo considero que hoy es más fácil hacerlo que entonces porque las fuentes de ingresos de los clubes son más variadas. Si alguien lo hace bien… Ahí están la Real Sociedad, el Getafe, el Villarreal, el Sevilla o el Betis. Es decir, el Deportivo de mi época con los derechos de televisión y los ingresos de la Champions estaría bordeando los 400 millones de presupuesto y con ese dinero se puede hacer un equipo competitivo, para pelear con cualquiera.
Los Fichajes de Lendoiro
—Tengo aquí una lista con algunos fichajes que intentó y no salieron: Savio, Mascherano, Karpin, Amoroso, Deco, Falcao, Eto’o, incluso Vanderlei Luxemburgo y Oleg Romantsev, ambos como técnicos. ¿Cuál fue con el que más ganas se quedó de que jugara con la camiseta del Deportivo?
—El fichaje que más me dolió no hacer fue el de Luis Aragonés como entrenador. Pero me pidió tanto dinero su representante que me lo puso imposible. Él estaba encantado de venir, yo hablé directamente con él, pero su caché era demasiado alto para nosotros y no conseguimos traerlo. A mí me parecía muy buena gente y un tío de verdad, del fútbol de siempre.
—Se le podría considerar como el descubridor de Jorge Mendes, el primer traspaso lo hizo con usted. Fue Nuno, el actual técnico del Wolverhampton…
—En aquel momento era un hombre muy joven, muy constante y me recordaba mucho a mí en mis comienzos en el mundo del fútbol. Ya se le veía entonces hasta dónde podía llegar y donde ha llegado posteriormente. Seguimos manteniendo muy buena relación, hasta el punto que él me llama Padriño y para mí él es mi afilhado (ahijado en portugués).
—¿No le llegó a ofrecer a Cristiano Ronaldo antes que a nadie cuando este empezaba a despuntar en el Sporting de Portugal?
—No, no. A Cristiano Ronaldo lo intentamos fichar antes de que se fuera al Manchester United, pero en aquel momento ya nos pidieron 12 o 14 millones de euros por él. Tenía 17 años y era una inversión demasiado elevada para nosotros entonces. Es cierto que nos interesamos por él, pero no lo hicimos a través de Jorge Mendes, sino que hablamos directamente con el Sporting de Portugal. No sé si en aquel entonces él ya trabajaba con Cristiano…
—¿Qué ocurrió para que se truncara lo de Eto’o?
—El caso de Eto’o fue especial. Venía dentro del fichaje de Flavio Conceiçao. Nosotros vendíamos a Conceiçao al Real Madrid y el Deportivo incorporaba a Eto’o por 1.000 millones de pesetas. Teníamos el acuerdo firmado incluso. Pero en ese momento Eto’o no lo aceptó, prefirió marcharse a Mallorca, imaginó que allí viviría mejor. Y después de aquello, creo, esto es una apreciación personal, Florentino tuvo en cuenta su comportamiento para que no volviera a jugar en el Real Madrid. Esa es la impresión que me dio siempre. Su actitud fue muy distante y no aceptó el planteamiento del club.
—Fueron 25 años como presidente del Deportivo de la Coruña, hay quien dice que usted hizo muchas cosas bien al principio de su etapa como presidente y muchas mal en los últimos tiempos que todavía se están pagando ¿Cuál considera que fue su peor error?
—Es que la situación se complicó como suele pasar a veces en estas cosas. Promesas que te habían hecho los mismos que antes te habían prestado el dinero, llegado un momento, no se renuevan. La consecuencia es que no puedes hacer frente a una serie de obligaciones. En los últimos años, las condiciones económicas ya no eran las de años atrás. Eso se convierte en una rueda que te impide pagar a clubes, a Hacienda y que lleva a problemas judiciales. Pero la actitud fue siempre la de conseguir lo mejor para el Deportivo. Siempre.
—El Deportivo está en una situación similar a la que tenía cuando usted lo cogió en 1988. ¿Se atrevería a volver al club como presidente?
—Hubo un momento, unos meses atrás, cuando estaba tan mal el equipo a finales del año pasado, noviembre o diciembre de 2019, que yo me ofrecí para ayudar al club. De hecho, propuse que entre todos hiciéramos una junta de concentración, y eso que mi relación personal con alguno de ellos es muy cortante. La intención era solucionar los problemas del Deportivo, tanto con Abanca, que es el acreedor principal, como con Estrella Galicia que, junto con Tino Fernández, son los máximos accionistas del club. Yo me ofrecí también como consejero, como presidente, como lo que fuera para echar una mano pero la idea no cuajó. Al menos sí que entró Fernando Vidal y yo le deseo toda la suerte del mundo. Ojalá resuelva todos los problemas del Deportivo.




