Era una posibilidad. Que el Madrid se desplomara, digo. Como en 2015, una temporada inmaculada que se desbarató después de caer en octavos de la Copa contra el Atlético de Madrid. Con Ancelotti en el banquillo, ni falta hace recordarlo. Sacar el asunto a colación cuando la racha era buena te equiparaba a los pájaros de mal agüero, ya viene este tipo cenizo, los momentos no se pueden comparar, el equipo ya está avisado, no se volverá a repetir la historia. Pero la historia se repite. Dice Woody Allen que primero como drama y luego como comedia. Pero se repite. Tal vez sea la única pauta que impera en el caos cósmico. El caso es que hay demasiadas similitudes como para pasarlas por alto. Para empezar, la saturación de minutos en los titulares. Y luego el optimismo general, la coronación exprés de Vinicius… Seamos claros: alcanzar el clímax en enero (contra el Athletic, en la Supercopa) no era una buena señal. Las temporadas dan comienzo en febrero, lo anterior es un te querré siempre, Manoli.
Es una descortesía no haber mencionado aún a San Mamés, y más concretamente a los leones que se lo comieron o lo salvaron (no se ponen de acuerdo en las vidas de santos). Algo tiene ese club y esa gente. Y algo tiene Marcelino cuando consigue que sus equipos compitan con semejante ansia. Cuesta recordar una presión tan asfixiante y pegajosa, tan duradera. Y no era una presión impostada, no hablamos del gesto de quien recita de memoria. Era una presión que salía de dentro, casi vengativa. Demasiadas emociones para un Madrid que sólo tenía en mente jugar un partido de fútbol. Y sin Benzema.
No hubo color hasta los últimos minutos, cuando el equipo de Ancelotti se liberó y disfrutó de una ocasión clarísima, quizá la más clara del partido. Casemiro chutó mal porque lo deseó demasiado.
Berenguer marcó cuando todo el mundo estaba dispuesto a firmar la prórroga. Su movimiento fue tan automático y tan impecable, recorte y disparo, que hace pensar que lo practica desde niño, quizá en casa con algún hermano o primo, recorte y disparo, o él solo en el pasillo con una bola de calcetines, recorte y disparo. Pero desde niño.
El Athletic entrará en el sorteo de semifinales junto a Betis, Rayo y Valencia, lo que es tanto como decir que entra como favorito por historia, por momento y por Marcelino. También por Muniain.
El Madrid pierde un título que duele porque el panorama parecía despejado. En consecuencia, queda abocado a una Liga que ya no es un reto, sino una obligación. Y eso tensa. Tanto como el rumor de la Champions, ese león que nunca se sabe si te va a merendar o a lamer la mano.




