Yo creo que todo está en el escudo. Me refiero a la memoria. Y, sobre todo, a la convicción. No ha pasado a la posteridad quien tuvo la ocurrencia de rediseñar el escudo original del Real Madrid en 1908, pasando de tres letras góticas entralazadas (C, M, F) a la geometría de lo que es ahora el emblema, con muy pocas modificaciones en más de un siglo. En 1931 se incorporó la corona (retirada durante la República) y en 1931 se añadió la banda morada, sustituida por una azul en tiempos de Lorenzo Sanz por razones nunca explicadas. El caso es que el escudo, conocido por las aficiones rivales como “el despertador”, tiene poderes que trascienden a los parches de tela. Por un lado, protege como si fuera el escudo de un cruzado. Por otra parte es cierto que despierta, concretamente a quien lo lleva cosido.
Fue el escudo quien remontó al Elche, aun antes que Isco y Hazard. Si ningún jugador del Madrid entró en pánico es porque en el escudo hay un manual de instrucciones y un detallado informe de partidos en los que no se rindió nadie. Esa constancia es la que lleva a los futbolistas de blanco (o de azul) a convencerse y a los rivales a seguir el camino contrario. La prueba es que el Elche tuvo miedo, incluso cuando se puso por delante en la prórroga. Y el miedo aniquila.
Ojo que no excluyo al talento de la ecuación. Quien se sabe mejor no tiene dudas aunque juegue mal. Asume que le bastará un esfuerzo para imponerse. Quien es mejor corre menos, sufre menos y, llegado el momento, decide mejor. De este cóctel nace, bastantes veces, lo que llamamos suerte. En este caso, lo aleatorio (el rebote antes del gol) se repartió equitativamente. Ideal para no contaminar la probeta.
Despejado lo anecdótico, queda un partido que el Madrid no dominó nunca en el tiempo reglamentario por mérito del Elche y por deméritos propios. Es una evidencia que el equipo está disminuido cuando no se encuentran sobre el campo sus jugadores esenciales, y esta vez faltaban Benzema, Modric y Casemiro. Tuvieron que entrar los dos últimos para que el escudo recuperara sus poderes mágicos.
Los goles salvadores de Isco y Hazard son un guiño de ese guionista cabrón que es el fútbol. No soporta que le adivinen un truco. Y este fue bueno. Dos jugadores que parecen finiquitados demolieron la resistencia del Elche. No sólo eso. Antes de su aparición, fue Marcelo quien más peligro generó (en área propia y ajena), demostración de que nadie tiene la menor idea. Y menos que nadie los que un día comparamos a Valverde con Steven Gerrard.
La desgracia del Elche sólo es comparable a la de Lunin, que tiene por delante a Courtois. El equipo local hizo lo posible, pero no fue bastante. Está en su derecho de reclamar un gol anulado en el último minuto porque en la pugna que lo invalidó no está muy claro quien puso más amor. El consuelo, si existe alguno, es que se enfrentó a un escudo y perdió. Como tantos antes. Como tantos después de hoy.




