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Tras el rastro de Martin Odegaard

Como si de un regalo de Reyes tardío se tratara, a Zinedine Zidane le llegó una perla noruega a finales de enero de 2015. El presente venía a reforzar a su Real Madrid Castilla, por más que las habilidades y las destrezas mostradas en diversos vídeos de youtube presagiaran que el muchacho estaba para algo más que la división de bronce del fútbol español. Ese muchacho era Martin Odegaard, que a sus 16 años y tras subasta pública por media Europa, se decantó por el Real Madrid como mejor rampa de lanzamiento para explotar todo su talento. Han pasado cuatro años de aquello y el adolescente se ha hecho mayor entre cesiones y pretemporadas teñidas de blanco. Ahora vuelve al primer plano con su selección, Noruega, para enfrentarse a España (hoy, 20:45) camino de la Euro 2020. Buen momento para reivindicarse y conocer los pasos que le han llevado hasta aquí.

“No, la presión no la siento. Pero bueno es muy distinto jugar para el Real Madrid que para el Stromsgodset. Es una ventaja tener un segundo equipo con un muy buen nivel, con un entrenador (Zidane) que ha sido de los mejores del mundo”. Así hablaba Martin Odegaard (Drammen, 1998) nada más vestirse de blanco, el día de su presentación. Por el camino había dejado un reguero de noes. Ni Bayern de Múnich, ni Liverpool, ni Arsenal, ni City consiguieron conquistarle antes, pese a que todos le abrieron las puertas de sus instalaciones y le invitaron a entrenar con sus respectivas estrellas. También lo hizo el Madrid, que terminó de engatusarle con el embrujo de Zidane y sus instalaciones en Valdebebas. La apuesta económica tampoco estaba mal: 10,5 millones por tres temporadas (según desveló luego Football Leaks), dos millones más por publicidad y 50.000 euros por cada partido jugado con el primer equipo. El Real Madrid también hizo hueco en su plantilla a su padre, Hans Erik, para contratarle como técnico de scouting.

 


El Messi escandinavo


Su llegada a la entidad de Chamartín era la consecuencia lógica de una carrera prediseñada. De una vida entregada a un sueño. El suyo y el de su padre. Fue en realidad su progenitor, futbolista de mitad de la tabla en Noruega, el arquitecto en la sombra. Él había sido antes jugador profesional, él también vistió la camiseta de Stromsgodset, y él fue el primero en ver el talento que atesoraba su hijo. Por eso no dudó en construir un campo de fútbol en su propia casa y enseñarle todos los secretos del balón. Pronto el pequeño Odegaard le empezó a acompañar a los terrenos de juego, primero en su Drammen natal y luego en Sandefjord, donde empezó a jugar su padre en 2004. Para entonces Hans Erik ya enfilaba la retirada pero la ilusión por el balón revivía en su pequeño de ocho años, que ya empezaba a despuntar. Su disciplina era uno de sus baluartes: “Me miraba mientras yo entrenaba. Cuando terminaba quería irme a casa, pero no podía hasta que él hacía 50 disparos más”, recordaba Hans Erik en la CNN. Tres años después ese renacuajo se hacía un hueco en las divisiones inferiores del Stromsgodset.

Mientras tanto, Hans Erik empezaba a formarse como entrenador y las expectativas con Martin no paraban de crecer. Pese a todo en la familia Odegaard tenían claro que no se podía apostar todo al fútbol y Martin nunca dejó de lado los estudios; en casa querían estimular tanto sus piernas como su cerebro y así forjaron el carácter de un niño de 12 años: “Es un jugador inteligente desde que tenía 10 años. Puedo discutir de fútbol con él como si fuera un adulto”, recordaba su padre. A los 15 años la carrera fulgurante de su hijo dio otro salto al convertirse en el jugador más joven en debutar en la primera división en Noruega. Ocurrió en abril de 2014. Por entonces tenía contrato de juvenil, pero tan solo un mes después rubricó el primer acuerdo como profesional. Con la crítica y el público de su país rendidos a sus pies, los Odegaard habían alcanzado su primera cima. Pero tocaba seguir escalando.

Hasta entonces los esfuerzos de su padre se habían centrado en enseñarle todos los resortes del juego y en inculcarle una competitividad extrema en edades muy tempranas. Su físico liviano se compensaba con una zurda exquisita y un descaro con el que se atrevía a regatear a jugadores mayores que él. Sus arrancadas desde el extremo derecho y su golpeo a portería hacían el resto. Martin entrenaba 20 horas semanales desde los ocho años, “siempre con balón, ni un minuto sin él, siempre con respeto al balón”, reconocía su padre. El debut con la selección noruega absoluta le pilló con acné. En agosto de 2014, Martin Odegaard era un quinceañero cuya repercusión ya alcanzaba todos los rincones de Europa. Los grandes del Viejo Continente le tenían en su radar y sus vídeos se acumulaban en Youtube. El nuevo Messi procedía de Escandinavia.

Las ofertas empezaron a llegar, los agasajos también. De todo tipo. Cualquier regalo podía convencer a ese futbolista embutido en el cuerpo de un niño. Las cifras hubieran resultado mareantes para cualquiera menos para los Odegaard. Muchas de ellas superaban ya el millón de euros anuales, pero Martin lo fio todo al consejo de sus padres. “El dinero no es lo más importante”, aseguró el joven cuando cerró su etapa en el Stromsgodseta. Y aunque no es lo más importante, desde Concha Espina tuvieron que soltar cuatro millones en forma de comisión a su padre. Así, la mayor promesa sub-16 del universo fútbol aterrizó en el escenario con más proyección, el Santiago Bernabéu.

 


Travesía en el desierto


A las órdenes de Zidane empezó a foguearse en el Castilla. En su primera temporada disputó 11 partidos y terminó haciéndose un hueco en el once titular. El noruego aportó un gol y una asistencia y el equipo no entró en la lucha por el playoff. La siguiente temporada ya fue un fijo para Zidane. Zizou ascendió al primer equipo en enero de 2016, pero Odegaard se mantuvo como un fijo en el segundo equipo blanco. Arriba, las oportunidades escaseaban. Tras 62 partidos con el filial, con un balance de 5 goles y 8 asistencias el jugador empezó a buscar una alternativa. Los sentimientos son agridulces. Solo jugó dos partidos con el primer equipo, pero logró otro récord, ser el jugador más joven en enfundarse la camiseta blanca.

Acostumbrado a vivir a gran velocidad, a los 18 años, Odegaard se sintió estancado. Ni Ancelotti primero, ni Rafa Benítez después, ni siquiera Zidane le subieron con regularidad al primer equipo. El sueño de convertirse en el niño maravilla del Real Madrid se difuminaba.

Tanto él como el club fueron conscientes de que necesitaba jugar minutos competitivos y de calidad para crecer y progresar. El Madrid apostó por una cesión para repetir la fórmula Carvajal. A mitad de la temporada 2016/17, dos años después de su llegada a Madrid, Odegaard se marchó rumbo a la Eredivisie. Su destino fue el Heerenveen, un equipo de mitad de la tabla holandesa donde no le costó demasiado despuntar. Odegaard nunca se adaptó ni a la ciudad, ni al club. Sus números en su primera aventura holandesa fueron bastantes pírricos: 43 partidos, 3 goles, 5 asistencias. Hasta la televisión de su país pareció darle la espalda. En Noruega se dejaron de retransmitir sus partidos ante la caída de audiencias y la pérdida de protagonismo en el equipo . El noruego no se hizo un hueco en su año y medio de Erasmus. Tampoco en las pretemporadas vestido de blanco. El último en descartarle fue Lopetegui, el pasado verano. Martin tuvo que volver a empezar, esta vez en Arnhem.

Como muestra de confianza Florentino Pérez hizo efectiva el pasado verano una de las cláusulas de su contrato: transcurridos tres años se le renovará si en ese período ha alcanzado el primer equipo. Odegaard pertenecerá así al Real Madrid hasta 2021, aunque en agosto volvió a la Eredivisie, en esta ocasión para jugar en el Vitesse. Camino de los 21 años Odegaard por fin ha explotado en el fútbol holandés. En 27 partidos ya ha logrado siete goles y ha repartido 6 asistencias convirtiéndose en un fijo para su entrenador, el ruso Leonid Slutski y desde el extremo derecha empieza a decidir los partidos. Ha sido nombrado tres veces consecutivas MVP del partido y con sus acciones ha participado en el 26% de los goles del equipo. Su participación está resultando clave para mantener arriba al Vitesse; los de Arnhem son quintos y la reciente convocatoria de Odegaard viene a confirmar su buen momento.

Odegaard puede encontrar otro espaldarazo en el escaparate brindado por Lars Lagerback, seleccionador noruego. Serán muchos los ojos que se fijen en él cuando salte a Mestalla. Con el Madrid en pleno casting de pretemporada, Martin debe sumar números para hacer olvidar sus últimos recuerdos vestido de blanco y sus últimas palabras también: “Zidane no era bueno para mi autoconfianza”, dijo el pasado mes de febrero al medio holandés Algemeen Dagblag, cuando la nave blanca todavía estaba comandada por Solari. Con el argentino tenía más feeling Odegaard, después de coincidir en el filial con él. Ahora que Vinicius ha dado el sorpasso y se ha convertido en el niño maravilla, Odegaard vuelve a la casilla de inicio. El viaje que emprenderá el próximo 30 de junio cuando termine su cesión en el Vitesse lo hará cargado de experiencia y con una madurez impropia de un chico de 20 años. Ha vivido mucho y muy rápido en este tiempo, pero Odegaard quiere despegar desde la banda. Ya sabe que el fútbol no espera a nadie.

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