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Motociclismo e hipocresía

Ayer todos los aficionados al motociclismo nos íbamos a la cama con mal cuerpo después de conocer la noticia del fatal accidente que acabó con la vida del joven piloto de 14 años Marcos Garrido. El joven se vio involucrado en una caída doble entre las curvas 2 y 3 del Circuito de Jerez en el que se disputó la primera prueba de la categoría de SuperSport 300 del Campeonato Andaluz de Velocidad. Es una zona muy rápida del trazado y tras la salida todos los pilotos van muy pegados, lo que provocó que tras perder el control de su Yamaha otro piloto arrollase a Marcos. Desde dirección de carrera mostraron rápidamente la bandera roja, la asistencia médica atendió al piloto en pista y posteriormente fue trasladado al Hospital de Jerez donde, lamentablemente, falleció una hora después.

Al poco tiempo de conocerse el trágico desenlace del accidente, empezaron a llegar reacciones de todo tipo en las redes sociales. En Twitter, importantes personalidades del motociclismo como Maverick Viñales, Marc Márquez o Álvaro Bautista mostraron sus condolencias a la familia, también se sumaron políticos como el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez o el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. No obstante, en la era de las redes sociales y la sociedad 2.0 en la que todo el mundo se cree con derecho a verter su opinión como un experto, siempre hay hueco para los detractores y para los moralistas que se creen con el derecho de juzgar, por ejemplo, a los padres del joven por el hecho de dejarlo participar en un campeonato de velocidad con apenas 14 años.

Hay un dato que me parece curioso y, desde luego, relevante para estas líneas que hoy escribo. Y es que la mayoría de mensajes que he podido leer en los que se critica el hecho de que Marcos Garrido estuviese corriendo una prueba de velocidad se encuentran en las redes sociales de medios de comunicación no especializados en motociclismo. Sin embargo, en los medios especializados en deportes de motor no he encontrado más que muestras de apoyo a la familia. El dato me resulta curioso y relevante porque me hace pensar que las personas que vierten bilis no se han subido a una moto de carreras en su vida, y menos dentro de un circuito de velocidad. Dicen por ahí que la opinión es como el culo, todos tenemos uno. Yo soy de los que piensa que una opinión no fundamentada es, efectivamente, como un culo, no por que todos tengamos uno, sino más bien por lo que sale de él.

Un servidor lleva toda la vida montando en moto, con las caídas que ello acarrea, por supuesto. Cuando te caes de la moto, como mínimo, te haces daño y, sin embargo, nunca he visto a ningún motero que no se haya quedado inconsciente al caerse —entre los que me incluyo— no correr rápidamente a levantar su montura del asfalto —o de la tierra si nos referimos a motos de campo—. Esto tiene una explicación muy sencilla, vivimos para las motos y las motos existen para gente como nosotros. Entendemos la moto como una extensión de nuestro cuerpo, sin ella, estamos incompletos. Con esto no quiero decir que pretendamos morir, pretendemos seguir vivos para montar un día más pero, a veces, hay finales trágicos como el del joven Marcos.

Marcos Garrido quería ser como Valentino Rossi y murió haciendo lo que más le gustaba, montar en moto. Con tan solo seis años disputó su primera prueba oficial y la ganó. Se trataba del Trofeo Andaluz Copa Sur ANPA. Con esa misma edad fue entrevistado por Radio Cádiz de la Cadena Ser donde manifestó: “El fútbol a mí no me vale. Lo mío son las motos. Mi ilusión al salir del colegio es coger la moto.” ¿Quiénes somos nosotros para quitarle la ilusión de su vida a un niño? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a unos padres que únicamente querían ver a su hijo hacer lo que más le gustaba?

El motociclismo es un deporte peligroso, nadie lo pone en duda. Pero aprovechar una desgracia como la muerte de un adolescente para poner en entredicho un deporte tan bonito me parece de un oportunismo terrible. No debemos olvidar que Jerez es un circuito en el que se corre el mundial de MotoGP, lo que lo convierte en una pista moderna y segura. En lugar de buscar culpables debemos analizar lo sucedido para intentar minimizar los riesgos de este deporte. La seguridad siempre ha de ser una prioridad que debe ser estudiada y mejorada en la medida de lo posible, pero la forma de mejorarla no es impidiendo que las jóvenes promesas corran. Yo no conozco a ningún campeón del mundo que haya empezado a correr con la mayoría de edad ¿y ustedes?

Aitor González
Aitor González
Vigués afincado en Madrid. Aficionado a los golpes en la cabeza y, por ende, también al motociclismo y al boxeo. Su primera bicicleta tenía motor y desde ahí ha ido in crescendo. El día que descubrió que no iba a ser ni el próximo Kevin Schwantz ni el próximo Muhammad Ali decidió dedicarse al periodismo. En sus ratos libres le gusta complicarse la vida y leer sobre filosofía y la Guerra Civil, probablemente a causa de algún traumatismo craneoencefálico.
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