No por mucho repetirlo deja de ser verdad. El primer enemigo de Rafael Nadal es él mismo. Luego vienen los demás. Si Nadal está en forma —si le corre el drive, si juega profundo, si el servicio no se encasquilla— todo resulta sencillo. Así lo pareció ante Frances Tiafoe (6-3 y 6-4), un jugador de 21 años y 37º del mundo que está llamado a ser protagonista del futuro. El problema es que no sabemos cuándo llegará el futuro de esa prometedora generación de la que forma parte Tiafoe (Tsitipas, Zverev, De Minaur…). Los viejos rockeros no están dispuestos a ceder el centro del escenario. Alguien dijo que la felicidad es que no te duelan muelas y la cita sirve para Nadal. Cambien dientes por articulaciones, tendones y huesos estresados.
Nadal venció a Tiafoe aproximándose por momentos a su mejor versión. Es una magnífica señal si miramos más allá de Madrid y pensamos que faltan 18 días para Roland Garros. Pero no adelantemos acontecimientos. Lo importante es que Nadal se está reconstruyendo moralmente después de las decepciones de Montecarlo y el Godó. Y ese proceso es fundamental, porque para ser invencible hay que creérselo primero y ganárselo después.
El primer set fue una exhibición de poderío. Nadal gobernó el juego y Tiafoe no solo se sintió desarbolado, también un poco acomplejado; antes de jugar contra Rafa en Australia se creía capaz de todo y mostraba sus abdominales al mundo. Aquella derrota en cuartos fue un baño de realidad y el chico entendió la lección: todavía le queda mucho. En la segunda manga se repitió el guion. El estadounidense quiso agarrarse al partido, pero le faltan recursos aunque le sobren piernas. En condiciones normales, el martillo de Nadal tiene poco que envidiar al de Thor.
El siguiente adversario de Nadal será el suizo Wawrinka (34º), su verdugo en la final del Abierto de Australia de 2012, una derrota que dolió muchísimo tanto por la forma (Rafa se lesionó durante el partido) como por las consecuencias (allí se inició una larga crisis de juego). El balance entre ambos es favorable al español por 17-3 y la última victoria de Wawrinka sucedió en 2015, en el Masters 1000 de París. Ambos se encontrarán en el último turno de la jornada, por lo que se recomienda cenar antes; la noche puede ser larga.
Como es costumbre, Rafa hizo el análisis del partido en el micrófono de Alex Corretja: «Jugar en casa siempre es único y aquí en Madrid es quizás es el lugar del mundo donde he recibido más apoyo. Mañana me tocará otra vez la sesión de noche, la pista es sensacional y el público mejor imposible. Me siento más o menos bien, ha sido una victoria positiva, con más ritmo, he hecho cosas buenas y estoy satisfecho. En los últimos 18 meses he tenido complicaciones físicas que me han impedido tener continuidad. Ahora llevo tres semanas cogiendo confíanza en mi cuerpo y en mi juego. Así vuelve la fortaleza. Mañana otra oportunidad contra un rival muy difícil, espero estar preparado».




