Hay quienes sostienen que el ciclismo no se puede ni se debe disfrutar a partir de la nacionalidad de los corredores, o de los aficionados, lo que viene a ser cosa parecida. Según este argumento, hay que celebrar con el mismo entusiasmo el triunfo de un letón que el de un vecino de Mota del Cuervo, y si no eres capaz de verlo así es porque no alcanzas el nivel de profundidad del verdadero experto. En opinión de sector tan elitista, animar a los españoles, caso de que seas español, es una paletada, algo propio de futboleros y otras subespecies nacionalistas.
Todo indica que no tendremos este problema en la Vuelta, así que las subespecies podremos pasar inadvertidas. En este caso, y suponiendo que no sea de mal gusto tener un favorito, habremos de elegir entre un ecuatoriano de un equipo inglés y un esloveno de un equipo neerlandés, y ya les advierto que no se puede simpatizar con Carapaz por hablar castellano, porque esta concesión lingüístico-sentimental también nos situaría en el plano de los irritantes paletos. La equidistancia debe ser absoluta y sólo se admiten preferencias en relación al mayor o menor gasto de vatios del corredor en cuestión.
Aclarado este asunto, toca decir que la etapa resultó fabulosa. A la ascensión a Moncalvillo sólo se le puede poner un defecto: lo poco glamuroso del nombre. Esta subida en Italia se llamaría Monte Senza Peli, y en Francia, Col du Petit Chauve, apelativos con resonancias más poéticas que Moncalvillo. Dicho eso, que no deja de ser una paletada (otra), hay que celebrar el duelo al sol (crepuscular) que mantuvieron en las últimas rampas Roglic y Carapaz. Se atacaron, se miraron a los ojos, y se volvieron a atacar, como si Moncalvillo fuera el OK Corral. No creo equivocarme mucho si digo que ellos son la gran esperanza del ciclismo de más de 27 años, esa nueva categoría que intenta ser el dique de contención de los veteranos frente a las hordas de jóvenes arrogantes.
Lástima que Enric Mas viaje entre medias de unos y otros. Por edad (25) debería el más adelantado de los chavales y el más fresco de los veteranos, pero su maduración sigue otro curso, más próxima a la evolución de esos ciclistas que no alcanzaban su punto de cocción hasta los 28, la edad de los grandes triunfos. Mas perdió 54 segundos con Roglic y en la general se aleja a 1:54 del liderato de Carapaz. Queda mucho, es cierto, pero la tendencia no es esperanzadora. Tampoco lo es el desplome de Marc Soler, otro Movistar, que se dejó 3:40, cinco segundos más que Valverde, que en la carrera jugará el delicioso papel de agitador de 40 años, sin opciones de ganar, pero con posibilidades de influir en el vencedor final.
Lo cierto es que sólo los ciclistas que están en la general en el intervalo de un minuto (Carapaz, Roglic, Martin y Carthy) parecen en condiciones de pelear por la victoria final, y ya habrán observado que ninguno es español, así que ya pueden elegir sin complejos. Personalmente me decanto por Carapaz, al que desde aquí conmino a que a partir de ahora hable en el dialecto Awapit para liberarme de sospechas.
⏯No hay día de transición en #LaVuelta20, que hoy ha visto un duelo memorable entre @rogla y el líder @RichardCarapazM 🤩. Revívelo en 1'.
— La Vuelta (@lavuelta) October 28, 2020
⏯Another intense day in La Vuelta, with a new uphill finish where Roglic and Carapaz put on a great show 🤩. The 1' summary. pic.twitter.com/oAaHgkf0Gp




