Tamburrini (el portero argentino que escapó de la dictadura de Videla y se hizo filósofo) dijo que el deporte es el último bastión del machismo. Una acertada reflexión, pero ampliable. Porque el deporte es también bastión de la homofobia. El deporte de competición ha sido históricamente el terreno de juego de los hombres y ha (re)producido un modelo de masculinidad hegemónico y normativo que ha excluido a Los Otros, en sentido beauvoriano. A saber: hombres homosexuales y mujeres. Autores que han reflexionado sobre masculinidad y deporte afirman que el juego es una forma de reafirmar la masculinidad, de buscar una identidad individual dentro de una colectiva. Messner y Symons lo definen como homosociabilidad, basada en “la fuerte adherencia a las normas y valores grupales, la exclusión de las mujeres, la denigración de lo femenino y lo homosexual”. Todo ello sin saltarse la norma de la heterosexualidad dominante, claro está.
La consecuencia de esa homosociabilidad es la exclusión del que no cumple esas normas. Y, mientras, la sociedad y el deporte construyen un forzado armario de siete candados para aquellos que no cumplen con las reglas heteropatriarcales. El panorama es tan rancio como desfasado, pero existe. Sólo algunos han podido romper con esos siete candados. Aquí siete ejemplos.
Justin Fashanu
Empezamos por un rara avis: un futbolista de élite que dice públicamente que es homosexual. El fútbol, tan machista como homófobo, descargó su ira contra el jugador e incluso compañeros de profesión le calificaron de «paria». Después de aquello ningún equipo de fútbol profesional de primera línea le contrató y su trayectoria futbolística fue errática. Se suicidó con 37 años después de que un joven de 17 le denunciara por agresión sexual. El caso no salió adelante por falta de pruebas, pero Fashanu decidió acabar con su vida porque «ya había sido considerado culpable».

Megan Rapinoe
Debería ser objeto de estudio académico analizar las razones por las que las mujeres futbolistas viven su sexualidad con mucha mayor libertad que los hombres. Rapinoe apunta a la posible causa: «En el deporte femenino si eres gay encuentras apoyo rápidamente en tu equipo. Esto no pasa con los hombres y es triste». Su bandera es la igualdad de género, la lucha por los derechos LGTBI y la política anti Trump, motivo por el cual anunció antes del Mundial que no cantará más el himno de su país.

Michael Sam
Frente al activismo político de la NBA, la NFL ha sido tradicionalmente conservadora debido a su arraigo en la América de Trump, como se vio en el caso Kaepernick. Por ello sólo hay un ejemplo de un jugador de la NFL que haya dicho que es gay. Parecía que la recepción era buena, pero tras su paso breve por la liga americana tuvo que marcharse a Canadá para seguir jugando al football. Una carrera que fue en declive aparentemente sólo por razones deportivas, aunque…

Martina Navratilova
Una de las mejores tenistas de todos los tiempos tuvo que esperar a tener la nacionalidad estadounidense para decir que es lesbiana. Era 1981 y tenía 24 años. Símbolo de la lucha y el movimiento LGTBI, en Estados Unidos ha ganado el National Equality Award, concedido por la organización Human Rights Campaign, el grupo de gays y lesbianas más importante del país.

Víctor Gutiérrez
Pionero español de la comunidad deportiva LGTBI con un lema claro: «La importancia de hacerse visible». El waterpolista lucha contra la homofobia en el deporte con charlas y múltiples entrevistas en las que denuncia la exclusión y el oscurantismo. Gracias a su trabajo fuera de la piscina ha recibido el Premio a la diversidad en el deporte en los II Premios Alan Touring y el Premio a la visibilidad en el deporte, concedido por Madrid Diversa.
Billie Jean King
Su exnovia la denunció pidiendo una pensión compensatoria y su lesbianismo salió a la luz. Después perdió casi todos sus contratos publicitarios y eso la empoderó aún más para luchar en mayor medida por la igualdad y el reconocimiento de derechos. Obama la destaca como una de las deportistas estadounidenses que más ha luchado por la igualdad en todos los ámbitos y la revista Time la incluyó en la lista de las 100 personas más influyentes de EE UU en el Siglo XX.

Caitlyn Jenner
Si hablamos de homofobia no podemos olvidar la transfobia. Caitlyn Jenner fue portada en 2015 en Vanity Fair con una entrevista en la que describió el dolor y sufrimiento que había arrastrado durante años: «Bruce siempre tenía que mentir. Estaba viviendo esa mentira. Cada día tenía un secreto, de la mañana a la noche, pero Caitlyn no tiene ningún secreto». Sus palabras sacudieron el mundo del deporte y dieron voz a un colectivo altamente invisibilizado e interseccionado por múltiples discriminaciones.









