El fútbol no es solo un deporte, es un estado de ánimo. La frase vino de la boca de un grandísimo exjugador y extécnico, ahora colaborador de televisión, Jorge Valdano. Pero esa reflexión que aludía a la relación del fútbol con las emociones (positivas, en concreto), ha perdido vigencia si atendemos a la radicalización del debate público, también en el fútbol. Hoy, cualquier opinión contraria es señalada. Como en otros grupos o sectores, de los que tampoco viene al caso hablar, quien no piensa en función de una línea trazada, es expulsado. Cada bando reparte sus propios carnets.
Se observa en los dos equipos de la capital. Hay un sector de la afición del Atlético que considera que ya se ha acabado el tiempo del Cholo en el club. En el Real Madrid resulta aún más evidente…
No me molesta confesar que siempre he sido del equipo de Chamartín. Sin embargo, tampoco me importa reconocer que este siglo ha hecho que lo deje de sentir como propio. El fútbol ha pasado a ser un negocio y poco queda del “amor por la camiseta” del que hacía gala cada club. La salida de Vicente del Bosque, como la de Fernando Hierro, resultó traumática y dejó a la institución sin dos emblemas de lo que era el «Real Madrid académico». Si bien parece que el malagueño ha terminado por limar asperezas con la entidad, Del Bosque no ha vuelto a estar cerca de un club al que siempre recuerda con agradecimiento y cariño.
El paso de José Mourinho y la aparición de los “reparte carnets” han hecho que mi ilusión por ver fútbol tenga ahora un enfoque más general y no se centre en un equipo concreto. Esto me ha hecho comprobar, con cierta sorpresa, que, si no sigues la línea, ya no eres del club. La crítica, aunque sea constructiva, te define como un «anti». Y esto va a más. El deporte ha dejado de ser un lugar común donde tenían cabida los puntos de coincidencia y las discrepancias.




