En principio, la única intriga que se planteaba era averiguar qué futbolista del Real Madrid rellenaría la línea de puntos: “La Galerna fue …..”. Después del homenaje a Gento (¿cuándo los minutos de silencio se nos llenaron de música? ¿acaso impone más la música que el silencio? ¿tanto miedo nos da que algún imbécil irrumpa en un estadio mudo?), lo más probable era imaginar un partido sencillo o casi, precedido por cien avisos: lo ocurrido en Copa, la agonía del Sevilla, las pasiones del Atleti…
Ahora también podemos afirmar que dedicar la Supercopa al público fue una temeridad. Ya sabemos —son muchos años— que cualquier acto previo suele activar la espita de la sorpresa. No hay mejor forma de invocar al diablo que distraerse de lo esencial. El fútbol es incierto, pero machacón en este punto: no celebres antes de jugar.
Con todo, el inicio resultó relativamente apacible. No era el Madrid del Martínez Valero, donde coincidieron cinco jugadores sub-23 (Lunin, Camavinga, Valverde, Rodrygo y Vinicius). En este caso, Ancelotti formó con algo muy parecido a su equipo titular, una formación a la que le sigue bailando el once. Esta vez fue Hazard quien ocupó el puesto libre (cualquier día le toca a Bale, el mejor de todos).
Las oportunidades no tardaron en sucederse. El Madrid percutía y Badía paraba. O despejaba. O repelía. Buen portero en un tiempo en que proliferan (hace diez años habría fichado por el City o el Liverpool). El gol era cuestión de tiempo y Benzema era el mejor colocado para escribir su nombre en la línea de puntos. Cuando alguien se empeña tanto en el asedio, todo se inclina a su favor. En ocasiones, también el árbitro. De Burgos Bengoechea (todos tenemos un amigo que se parece a él) pasó por alto una falta de Kroos que precedió al penalti a Vinicius y señaló los once metros. Benzema falló por pura estadística: llevaba trece lanzamientos sin error. La reacción del público fue entrañable. Se puso a aplaudir. A nadie se le pasaba por la cabeza que su equipo pudiera perder un punto.
Además de un buen portero, el Elche no tardó en lucir a su otra figura, Lucas Boyé. En este caso nos encontramos ante un buen delantero centro que no anda sobrado de goles, lo que podría resultar una contradicción pero no lo es tanto. A Boyé le resulta más fácil imaginar goles que marcarlos. Si no tuviéramos el recientísimo ejemplo de Vinicius, diríamos que Boyé (25 años) nunca dará el salto. Visto su rendimiento en el Bernabéu (gol y asistencia) cualquier cosa es posible (ver Braithwaite).
Que el Elche se pusiera por delante en el marcador fue más un accidente que una consecuencia lógica. La jugada, no obstante, fue excelente: Fidel templó con la zurda y Boyé martilleó con la frente. Un inciso. Tiene jugadores más que interesantes el Elche. Algunos, como Pere Milla, alternan gestos sublimes con enajenaciones transitorias. Mojica tampoco anda lejos del notable alto cuando se le alinean las musas y los astros. O el mismo Fidel… Quien no falla nunca es Verdú, responsable del departamento de fontanería.
El líder se fue enredando con un destino adverso y el Elche marcó el segundo. La acción de Boyé fue digna de Benzema (girar para cambiar de escenario) y el remate de Pere Milla fue propio de un diestro goleador (no es ni una cosa ni la otra). Quedaba un mundo, más hostil desde que se lesionó Benzema. Al equipo le llevó un rato entender que Vinicius era la única salida, algo que no comprendió el Elche, que le dejó hacer sin enviar refuerzos.
Pere Milla braceó en el área y provocó el penalti que acercó al Madrid (Modric). Militao empató gracias a un pase de Vinicius y a que la felicidad da alas.
A pesar del subidón anímico, el empate es un traspié para el Madrid, que tiene al Sevilla a cuatro puntos, tan persistente como un chicle en el zapato. El homenaje futbolístico a Gento se aplaza a mejor fecha. Del Elche ya se encargó Don Paco, siete goles en cinco partidos, incluido un 11-2 en el estreno de los duelos ligueros entre ambos equipos. Resolver la cuestión del once será el mejor tributo a La Galerna, preferiblemente un día que caigan chuzos de punta.




