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Reus regatea la desaparición

Cuando la carta de ajuste planeaba sobre el club y las señales remitían a una despedida y cierre por capítulos llegó un nuevo giro de guión. El fútbol siempre se guarda un último quiebro. Tiene ese componente caprichoso el balón, capaz de variar signos y destinos sin ni siquiera echar a rodar. El Reus Deportiu vivía en la mítica novela del maestro Gabriel García Márquez durante las últimas semanas. Meses, en realidad. Las crónicas lo daban por muerto después de que ni un solo futbolista hubiera cobrado las tres últimas mensualidades. Los impagos, como es lógico se extendían al cuerpo técnico y al resto de trabajadores que dependían del club. La cuerda se había tensado hasta el punto de que los jugadores se plantaron. No querían jugar más si no se alcanzaba una solución. LaLiga, con Tebas a la cabeza, salió al rescate del club catalán, pero su propuesta tenía más que ver con el refranero español, pan para hoy y hambre para mañana, que con una verdadera solución del problema.

Porque el descenso no se evitaba, solo se posponía. LaLiga les ofreció hacerse cargo de sus nóminas, las pasadas y las venideras, y solventar así el match ball que planeaba sobre la competición. De este modo, el Reus seguía compitiendo y no se dejaba coja a la Segunda División, con unos equipos que ya se habían enfrentado a los catalanes y otros que no. No obstante, esos pagos solo cubrían las nóminas de los jugadores, en ningún caso las del cuerpo técnico, auxiliares o personal del club. Pero en la oferta también había letra pequeña. Javier Tebas anunció que aunque los futbolistas aceptaran su propuesta, el Reus no se salvaría de una sanción. Entre líneas al Presidente de LaLiga se le lee un descenso administrativo a final de temporada, sea cual sea su clasificación.

La propuesta, en cualquier caso, se encontró con el no de la plantilla rojinegra. Y los jugadores redoblaron su propia apuesta denunciando al club por impagos. Desde ese momento, el Reus Deportiu tenía cinco días para ponerse al día económicamente con sus empleados, con todos, no solo con los jugadores. Transcurrida esa cuenta atrás, los jugadores podrían desvincularse del club y fichar por otro equipo, ya que la ley les ampara. Ese era el ambiente que se respiraba horas antes de disputar el partido contra el Córdoba, que ya había sido anunciado como el último del club catalán, cuando la defunción parecía todo un hecho a falta de confirmación médica.

Las constantes vitales se recuperaron de pronto y por sorpresa cuando la paciencia se agotaba. El Reus, en un comunicado oficial, anunciaba que había reunido el dinero suficiente para pagar a sus jugadores por lo que se garantizaba la viabilidad del club y los jugadores retiraban sus denuncias. Detrás de estos movimientos, aseguran desde Cataluña, lo que hay es una venta de la entidad que estaría ya apalabrada, aunque todavía no se ha hecho oficial. Ese era un salvavidas que llevaba tiempo buscando Joan Oliver, el máximo accionista y ex directivo de la Junta de Joan Laporta en el FC Barcelona. También se le considera el principal responsable de esta situación, pese a que ni antes ni después ha dado la cara de manera pública.

Mientras tanto la profesionalidad de la plantilla y la entrega en una situación dramática no puede ponerse en duda. Los rojinegros venían de ganar 0-1 ante el líder de Segunda, el Alcorcón, en su propio estadio. Al impulso deportivo se unió ayer el económico y el Reus siguió sumando ante un rival directo. En su no último partido empató a uno frente al Córdoba, por lo que el enfermo sigue recuperándose en el terreno de juego de los golpes y disgustos que el fútbol les estaba dando fuera del césped. El Reus quiere seguir coleccionando buenas noticias, sumando porque ya ha restado bastante, y desde la 19ª posición, con 17 puntos, a uno de la salvación, aferrarse a la vida del fútbol profesional.

Quizá sea demasiado pronto para cantar victoria con el Reus. Habrá que estar pendiente de su evolución porque la experiencia nos demuestra cómo otros casos que empezaron igual terminaron con un descenso irremediable o con la quiebra del club ante los esfuerzos económicos que tenían que afrontar. Hemos buscado otros Reus por Europa y las semejanzas encontradas deberían ser un toque de atención para todos, clubes y aficionados, de lo que puede pasar. Este es un repaso a otras caídas que llegaron desde los despachos y no sobre el césped. Equipos que de una u otra manera no fueron capaces de regatear a su destino.


Italia, del Calciopoli a la Bancarrota


Mirando más allá de nuestras fronteras nos encontramos con noticias similares en casi todas las grandes ligas del viejo continente. Especialmente significativo resulta lo ocurrido en Italia. No solo porque es el ejemplo más reciente sino porque los parecidos razonables asustan. En esta misma temporada la Serie B (la segunda división del Calcio) tuvo que aligerar su nómina de participantes por varios descensos administrativos. El terremoto producido en la Serie B por el descenso administrativo del Bari, Cesena y Avellino fue de proporciones similares a las que produce el Vesubio cada vez que entra en erupción. Por primera vez desde 1980 la segunda categoría del fútbol italiano contaba con solo 19 participantes. De hecho el Tribunal Administrativo de Lazio llegó a suspender la competición a mediados de septiembre, una vez se confirmó la pérdida de categoría de los tres equipos en los despachos.

En los tres casos las deudas y los impagos de las escuadras italianas fueron el motivo principal que obligó a la Federación Italiana de Fútbol a tomar esta decisión. Un claro reflejo de la grave crisis que el fútbol italiano está atravesando a nivel deportivo y de recursos tanto en las categorías inferiores como en los clubes más modestos, a los que no llega el oxígeno en forma de derechos de televisión que riega hoy la Serie A. No hubo clemencia con Bari y Cesena que bajaron hasta la Serie D, ni tampoco con el Avellino al que dejaron una categoría por encima (Serie C). Si no tuvieron reparos en castigar a los protagonistas del Calciopoli, aunque finalmente solo descendió la Juventus por la trama arbitral que se destapó, no les iba a temblar el pulso con estos equipos menores.

Tienen experiencia y tradición, en cualquier caso, en el país de la bota con este tipo de penalizaciones. Hace poco más de tres años un histórico como el Parma era declarado en bancarrota lo que le llevó a su desaparición. Esa temporada, la 2014/15, el equipo acumuló sanciones deportivas que terminaron cavando su propia tumba. El equipo terminó último de la Serie A con 19 puntos, siete menos de los conseguidos en los terrenos de juego, ya que durante esa temporada se le restó un punto por impago de impuestos, dos por no pagar a los jugadores y cuatro más por irregularidades administrativas. Una vez consumado el descenso, la viabilidad económica y deportiva del club se cifró en 20 millones de euros por el juez Pietro Rogato. Con esa cantidad que tendría que pagar el hipotético comprador se hacía frente a las múltiples deudas y al pago de los salarios de los jugadores. A nadie le interesó la escuadra parmesana.

El histórico club italiano, con más de cien años de vida, tuvo que refundarse y partir desde la Serie D, categoría no profesional, para ir escalando año a año los escalones que le separaban de la élite. A ella volvió este año después de que el capital chino de Desports Group acelerara el retorno. El Parma Calcio, renombrado así tras la refundación, salía a ascenso por año, superando todos los playoffs disputados en estos tres cursos, aunque ni siquiera entonces pudieron respirar tranquilos los de Emilia-Romaña. Durante el verano, el Tribunal Nacional de la Federación de Fútbol Italiana (FIGC) sancionó con 5 puntos de penalización en la tabla al Parma por un presunto intento de amañar un partido correspondiente a la temporada anterior en la Serie B. Los mensajes interceptados a Emanuel Calaiò fueron declarados de actividad ilícita y el club pudo regatear un nuevo descenso administrativo, aunque el jugador fue sancionado con dos años de suspensión y 20.000 euros. El Parma Calcio disfruta hoy de una cómoda 10º posición en la Serie A donde no está sufriendo en exceso para mantener la categoría.


Leeds se aferra al Loco Bielsa


En Inglaterra para encontrar el último descenso administrativo en la siempre reputada y equilibrada Premier League hay que volver hasta inicios del 2000. Por entonces el Leeds vivía días de esplendor que se extendieron más allá de las islas. En la temporada 2000/2001 alcanzó incluso las semifinales de la Champions League, donde fue apeado por el Valencia. En ese equipo destacaban Rio Ferdinand, Robbie Keane, Viduka, Kewell o Woodgate. Ni siquiera la venta de la mayoría de estos jugadores evitó su caída a los infiernos. En apenas dos años el Leeds se descompuso y las nuevas incorporaciones no solo no mantuvieron el nivel, sino que las expectativas bajaron hasta que el objetivo se convirtió en escapar del descenso. Este se consumó en mayo de 2004.

Los problemas continuaron en la nueva categoría. El Leeds se declaró en quiebra, tuvo que vender a parte de la plantilla e incluso el estadio en el que jugaba, el mítico Ellan Road, pasó a ser propiedad municipal. Esos ingresos no evitaron un nuevo descenso, en esta ocasión de manera administrativa al ser incapaz de hacer frente a los pagos de sus empleados. En la temporada 2005/06 el Leeds United jugaba por primera vez en su historia en el tercer escalón del fútbol inglés. Más de una década después y a las órdenes de Marcelo Bielsa esta temporada comanda la Championship (segunda división inglesa) y es máximo favorito para volver a la Premier.


En Alemania, ¿también se hacen trampas?


Más atrás hay que marcharse para encontrar irregularidades de este tipo en el fútbol alemán. Casi hasta la propia génesis de la Bundesliga, allá por 1965, hay que rebuscar para encontrar un club alemán sancionado con un descenso administrativo. Fue el Hertha BSC, el gran equipo de la parte occidental de Berlín, al que descubrieron una serie de regularidades económicas en la contratación de jugadores que la férrea administración alemana no dudó en castigar. Dos años después de la creación de la Bundesliga se produjo el primer descenso administrativo. Para entender el terremoto producido por esta decisión hay que recordar que el Hertha había sido incluido en la competición recién creada como el único representante de la capital en un claro apoyo de las autoridades. La vieja dama (“Die Alte Dame”) gozaba de gran popularidad entre los aficionados y se había trasladado a jugar sus partidos en el fastuoso Olympiastadion de los JJOO de 1936.

Una vez consumado su descenso a la segunda división en los despachos y dentro de la lógica de la Guerra Fría que se desarrollaba en aquellos años, las autoridades deportivas no podían permitir que la parte sitiada de la antigua capital, tutelada por las potencias occidentales, no estuviera representada en la nueva liga de fútbol. Apenas dos semanas antes del comienzo del campeonato y ante la renuncia de otros equipos berlineses como el Tennis Borussia y el Spandau de Berlin, el Tasmania 1900 Berlín fue el elegido. El equipo dio un triple salto mortal desde la cuarta división del fútbol alemán hasta la Bundesliga para convertirse en el sustituto del Hertha. No es difícil comprender que luego se convirtiera en el peor equipo de la historia de la Bundesliga. En su única temporada en la máxima categoría solo consiguió una victoria; fue su particular manera de hacer historia.

Por ahora el Reus no ha seguido su ejemplo y ha tenido más suerte que estos equipos europeos. No obstante, el partido no ha acabado y haría bien en no relajarse hasta que el marcador certifique su venta.

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