Todos ayudan al líder de la Vuelta a España. Si camino de Guadalajara lo hizo el Astana, en esta ocasión fue el Movistar quien salió en su auxilio. El mismo equipo que desplegó una maravillosa maniobra táctica el miércoles defendió un plan desconcertante una tarde después. Con Miguel Ángel López en fuga y el líder sin compañeros, Movistar colaboró en la caza. La justificación es matemáticamente irreprochable (se defendía el podio de Nairo), pero delata una evidente falta de grandeza, inconsecuente con el fabuloso esfuerzo del día anterior. En última instancia, todo es una cuestión de arriesgar mucho o apenas nada. Y casi siempre se elige lo mismo, apenas nada. Aislar a Roglic nos hubiera deparado una situación inesperada. Y si se quiere ganar una carrera el primer enemigo es el líder.
Pero la culpa no es solo de Movistar, al que luego volveremos. En ese movimiento, López también echó en falta más compañeros por delante. Quién sabe. Tal vez no estaban allí porque el día anterior habían trabajado a favor de Roglic y en persecución de Nairo. Todo se ordena al final, aunque sea patéticamente. La sensación de que el ciclismo sería más bonito sin pinganillos —o con pinganillos que solo sintonizaran Radio Vuelta para garantizar la seguridad— es demasiado poderosa.
Y así fue como la etapa de Madrid se quedó en mucho menos de lo que podía haber sido. Había voluntad y había terreno, pero faltaban generales en los coches. También faltaba público, por cierto. Para rematar la decepción, Movistar no quiso que Valverde diera relevos para atrapar al colombiano Higuita en los últimos kilómetros de la jornada. Parecía una opción inmejorable para que el campeón del mundo se hiciera con el triunfo, un premio merecidísimo para un ciclista tan extraordinario. Pero por detrás estaba Nairo. Y su podio peligraba. Y seguirá peligrando, con el agravante de que Valverde se quedó sin victoria por 17 segundos (Roglic le adelantó en el sprint descafeinado).
Es verdad. Todavía queda viento por soplar y la montaña de Gredos por subir, pero es difícil ilusionarse cuando la actitud de los que mandan es conservar lo conseguido, poco o mucho. Se hace difícil soñar con algo emocionante cuando ya hemos leído las últimas páginas del libro. De aquí hasta Madrid, López intentará asaltar el tercer puesto de Quintana y Pogacar hará un último esfuerzo por subirse al cajón. Fuegos de artificio en comparación con la gloria que ofrecen los ataques por el éxito absoluto.




