El fútbol es un deporte de asociación, o sea de crear sociedades; la más grande y compleja es la que conforman los once futbolistas entre sí que saltan al campo, pero dentro de ese once también hay un grupo de micro sociedades que hay que formar. El gran problema que tiene un entrenador es cómo crear esas pequeñas sociedades, por ejemplo entre los dos centrales, zurdo o diestro, con su lateral; el lateral con su interior y los interiores, con su medio centro etc… Y es un problema, porque un equipo de fútbol no está formado únicamente por 14 o 15 jugadores. Normalmente es un grupo compuesto por más de veinte futbolistas, y esto implica que, para que todos tengan su cuota necesaria de protagonismo y el entrenador pueda crear ese escenario de entendimiento grupal e individual, el reparto de minutos sea muy complicado.
En ese aspecto, Zidane es un convencido del uso de las rotaciones, aunque mucho menos de crear esas sociedades. Un uso, el de las rotaciones, que en algún momento ha llevado casi al extremo, cambiando en el once inicial siete y ocho jugadores de un partido a otro.
Las rotaciones son, sin duda, una nueva forma de entender la gestión de una plantilla en los equipos de fútbol. La clave es cómo, cuándo y de qué manera utilizas esas rotaciones.
- Para Walter di Salvo la función de las rotaciones es prevenir las sobrecargas y las lesiones de los jugadores. Walter di Salvo, una eminencia en la preparación física, habla de la teoría de los 600 minutos. Su método, dar descanso una vez cada seis partidos o, en futbolistas “insustituibles”, seis descansos de 15 minutos distribuidos en esas seis jornadas. Según el italiano es lo que se necesita para sostener el estado físico de los futbolistas y prevenir lesiones.
- Para el doctor Carlos Gonzalez-Haro la clave es evitar el bajón físico de los jugadores. Es más que evidente que con este calendario en el que se juegan dos o tres partidos en la misma semana dar descansos es imprescindible.
- Para Jorge Sampaoli las rotaciones para mantener la competitividad dentro del equipo. El futbolista es egoísta y lo quiere jugar todo, pero cada día se amplía más la idea de grupo, de equipo, y los jugadores ven cómo es imposible competir al máximo nivel jugándolo todo. Las rotaciones permiten que toda la plantilla se sienta partícipe y competitiva, pero a la vez crea competencias internas al no haber un titular fijo en las alineaciones y sí la sensación de poder ser titular.
Zidane ha llevado las rotaciones al extremo, casi podríamos decir que rondando el fundamentalismo; hasta tal punto que en los once últimos partidos, salvo Hazard y Asensio, lesionados, todos los delanteros de la plantilla (Benzema, Jovic, Vinicius, Rodrygo, Lucas Vázquez y Brahim) no solo han jugado, sino que han sido titulares de inicio en algún partido, todos. Lo mismo ocurre con sus seis centrocampistas (Casemiro, Modric, Kroos, Valverde, Isco y James) y exactamente igual con sus siete defensas (Carvajal, Nacho, Ramos, Varane, Militao, Marcelo y Mendy). Para conseguirlo, el francés ha tenido que cambiar continuamente de disposición táctica y pasar de un partido a otro del 4-3-3, al 4-4-2 o al 4-5-1.
Crear así sociedades es muy complicado. Por poner un ejemplo: en los cuatro últimos partidos de los blancos, el equipo ha jugado de inicio con 4-3-3, 4-5-1, 4-3-3 y 4-4-2. Ante el Zaragoza, la delantera la formaron Vinicius-Jovic y Lucas Vázquez; al partido siguiente, ante el Atleti, Benzema fue el punta; contra la Real jugaron Vinicius-Benzema y Brahim y ante Osasuna lo hicieron Benzema y Bale. En cuatro partidos, solo Rodrygo no ha salido de titular. En mediocampo y para simplificar diré que Valverde ha jugado en dos ocasiones de interior izquierdo, en una ocasión de mediocentro y en otra, ante el Atleti, medio tiempo de falso extremo derecho y medio tiempo de interior izquierdo. Con una apreciación: los mejores partidos del uruguayo y donde ha destacado este año ha sido como interior derecho en el lugar de Luka Modric.
Para muchos, los resultados dan la razón a Zidane, aunque caer eliminados en Copa con una alineación más que debatible pone en duda esa teoría resultadista de las rotaciones. La realidad es que al fútbol del Madrid le falta mucha complicidad cuando tiene la pelota, con jugadores que no se entienden entre sí, algo que impide posiblemente un mejor juego de los blancos.
Con el ecuador de la temporada ya pasado, a Zidane le toca seguir construyendo este Madrid. Tiene que acoplar a Hazard a ese tetris que son sus alineaciones. Y no será fácil encajar al belga con Mendy, Kroos y Ramos, la que se supone será la banda fuerte del equipo, aunque el lateral francés no hable el mismo idioma que el resto. Crear una sociedad de ataque con Hazard y Benzema es algo básico en este Madrid sin gol. Queda por descubrir quién será el “tercer hombre” en esa delantera, si Bale, Rodrygo, Vinicius, Lucas Vazquez o Brahim, si es que no lo son Isco o Modric jugando con un 4-4-2. Aunque quién sabe. Tal y como va la temporada de Zizou y sus rotaciones, puede que juegue uno distinto en cada partido.






