”Los del Milwall”. Esa sería la respuesta más frecuente si en Inglaterra preguntáramos quiénes son los aficionados con peor comportamiento. El Milwall es uno de los muchos clubes profesionales de Londres, enemigo del West Ham por vecindad y del Leeds United por rivalidad entre hooligans, y en general adversario de todo quien se ponga por delante. Hace unas temporadas los ultras del Millwall visitaron al Hull City, en la ciudad en la que vivo. Entre el Milwall y el Hull no hay pique ni deportivo ni geográfico, separadas ambas aficiones por cuatro horas de viaje. Eso sí, a los jugadores del Hull City los llaman los tigres y a los del Milwall los leones, pero creo que Torrebruno nada tiene que ver en esta historia. El caso es que se registraron destrozos en la parte de la grada dedicada a las aficiones visitantes.
Inglaterra ha permitido el acceso a los estadios en aquellas ciudades que cumplen ciertos requisitos en la lucha contra el Covid y Londres es una de ellas. Cada uno de los clubes beneficiados ha podido dar acceso a 2.000 espectadores y se han ideado diversos modos para repartir esas entradas.
Antes de cada partido, las ligas inglesas muestran su rechazo contra la desigualdad y su apoyo al movimiento Black Lives Matter hincando una rodilla en el suelo antes del pitido inicial. Fue entonces cuando algunos aficionados del Milwall aprovecharon para abuchear a los jugadores y avergonzar al club. Gary Lineker se manifestó así en Twitter, con toda la ironía del mundo: “Seamos justos. Sólo algunos de los hinchas del Milwall no abuchearon a los jugadores”. Wayne Rooney, entrenador del Derby County, pareció mas molesto con el comportamiento de los hinchas que satisfecho con su muy necesitada victoria por 0-1.
Para que duela un poco más la herida, la actitud de los hinchas del Milwall coincidió con el día en que las ligas inglesas dedican en apoyo al colectivo LGBT con sus rainbow laces, o lazos arcoíris. Con actitudes así, parece imposible que un futbolista profesional se atreva a proclamarse homosexual en Inglaterra mientras siga en activo.
Los comportamientos racistas no son nuevos, ni exclusivao del futbol o del Milwall. Desde la victoria en favor de la salida de la Unión Europea parece que ser racista o xenófobo ha quedado autorizado. Así, ha salido a la superficie un grupo de gente que antes no se atrevía a decir en voz alta las barbaridades que ahora se sienten legitimados a proclamar a los cuatro vientos. El gobierno, desgraciadamente, mira hacia otro lado y tolera situaciones de abuso de poder entre sus ministros, les perdona que oculten el patrimonio familiar, que ganen concursos públicos sus amigos o que se salten las normas del confinamiento.
El Milwall, entretanto, ha hecho las declaraciones institucionales correctas. El club dice sentirse avergonzado y triste y no comparte la actitud de ese grupo de aficionados (como para decir lo contrario). Ahora sólo le queda hacer buenas esas palabras y vetar a ese grupo. Pese a las máscaras y ocultarse entre la muchedumbre, no debería ser especialmente difícil identificar a estos cafres y prohibirles que vuelvan al estadio.
Mucho más feliz fue el retorno de los hinchas al nuevo estadio del Tottenham. Su equipo controló a un Arsenal inoperante en ataque y con un Aubameyang escondido. En definitiva: 2-0 en dos contras provocadas por dos ataques mal terminados por el Arsenal. El orden, aprovechar los errores del rival y la complicidad de Son y Kane le dieron los tres puntos al equipo de Mourinho. Y también el liderato, compartido con un Liverpool feliz en el retorno de los hinchas a Anfield (4-0 frente al Wolves).
El Chelsea y el Leeds resolvieron su partido de rivalidad con victoria (3-1) del equipo de Lampard sobre el de Bielsa, con un complicado debut de Diego Llorente. Existe una nueva rivalidad, aunque muy light, entre Lampard y Bielsa por el spygate de hace dos temporadas: un miembro del staff del técnico argentino fue encontrado mientras estudiaba una sesión de entrenamiento de Lampard cuando entrenaba al Derby Country. Lo que para uno fue una falta de juego limpio, para el otro fue utilizar un recurso más. La rivalidad real entre los dos clubes viene, como casi todas las del Leeds, de la época de Don Revie, con el punto álgido en la final de Copa (y su repetición) de 1970, con triunfo final del Chelsea y entradas de todos los colores.




