Llegado el día de hoy, nublado, se nos presentan dos opciones. Indagar en la muerte de Rob Reiner (demasiado drama para una película de Rob Reiner) o proclamar que Cuando Harry encontró a Sally (1989) es la mejor comedia romántica de la historia del cine, afirmación que algunos considerarán herética y otros, más amables, ligeramente atrevida. No soy el único que piensa así. La edición digital de la revista Fotogramas publicó en 2023 una lista de “las mejores comedias románticas de la historia del cine” que encabezaba Cuando Harry encontró a Sally, por delante de Sucedió una noche (Frank Capra, 1934) y La boda de mi mejor amigo (P. J. Hogan, 1997). Con excepción hecha del primer puesto, el resto es discutible. En especial el encaje en el concepto. ¿Qué es una comedia romántica? Digamos que es una historia de amor que no sangra, aunque pueda (y deba) doler. El equilibrio es de la máxima dificultad. Si predomina la comedia se trivializa el amor (Atrapado en el tiempo, 1993). Si se filtra el drama, la comedia pasa a un segundo plano (El apartamento, 1960) y la amargura es todavía peor porque lo inunda todo (Desayuno con diamantes, 1961;Dos en la carretera, 1967). La historia de amor (o desamor), y esto es importante, debe estar construida con cimientos sólidos. En primer lugar, tiene que ser verosímil, es decir, creíble en un contexto determinado. Love Actually (2003) es una excelente comedia, pero en bastantes de sus historias prescinde de la verosimilitud, seguramente porque Richard Curtis está más interesado en generar momentos de amor que historias de amor. Algo similar podría decirse de la notabilísima Notting Hill (1999). Cuando Harry encontró a Sally cuenta con la ventaja del tiempo: desde se encuentran por vez primera hasta que se casan transcurren diez años y tres meses. A lo que asistimos, por tanto, es a un proceso evolutivo del amor, de la vida y de las relaciones de pareja. A diferencia de otras comedias románticas, aquí no nos enamoramos con (o de) los protagonistas, sino que crecemos con ellos. Por si no resultara suficiente, la supuesta ligereza del género es refutada por una pregunta inicial que sospecho siguen sin respuesta: ¿Pueden un hombre y una mujer ser amigos (sin que se interponga el sexo)? Finalmente, el largo y la profundidad (sin engolarse) la distinguen de comedias románticas como la excelsa Vacaciones en Roma (1957), un cuento de hadas que se desarrolla en 24 horas, o de la esgrima dialéctica de la no menos soberbia Historias de Filadelfia (1940).
Como sobre gustos no hay nada escrito, conviene escribir algo de vez en cuando. Si Cuando Harry encontró a Sally es la cima de un género, no se quedan muy lejos de la cumbre (la que sea) películas como Stand by me y La princesa prometida, de efectos curativos cuando la fiebre se dispara y la nostalgia también. No es día para regodearse en la sangre, sino para ver a esa pareja adentrarse en el otoño de Central Park. Parecen amigos, pero él la desea desde hace años.







