Hace dos años dejamos en suspenso el veredicto al juicio contra Greta Van Fleet, ya que su obra aun era demasiado escueta. Por un lado la unión de los dos EP’s con los que deslumbraron y por otro el primer disco como tal que nos dejó un poco en suspenso.
The Battle At Garden’s Gate viene a ser la piedra de toque, la confirmación de algo, para bien o para mal. Y lamento tener que decir que, muy a mi pesar, creo que más para mal que para bien.
La calidad de los cuatro miembros de la banda está fuera de toda duda, la capacidad de sonar a banda grande también pero el disco, a no ser que el tiempo demuestre lo contrario —que ya lo dudo—, es un peñazo desesperante. Una obra que peca de excesiva pretenciosidad, de una suerte de paisajística sonora que mueve más al aburrimiento que a ningún otro lado. La sobreproducción y la dispersión alejan a este disco de lo que en una banda de rock joven y emergente debería ser primordial, la sencillez y el camino directo.
Seguro que muchos de los que pensamos en su momento que estos cuatro chavales habían llegado para poner patas arriba el mundo del rock clásico, tras este lanzamiento, nos hemos quedado con la sensación de un fracaso anticipado. Si el anterior disco dejaba algunas dudas, este no solo las diluye, sino que las ratifica: el camino tomado es un viaje hacia el tostón.




