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Tom Daley, el guerrero de la plataforma de diez metros

Este artículo fue publicado en diciembre de 2017, cuando los Juegos de Tokio eran un sueño para Tom Daley. Cuatro años después, se ha proclamado campeón olímpico de salto de trampolín de diez metros sincronizado, junto a Matty Lee. «Me siento orgulloso de decir que soy un hombre gay y que también soy un campeón olímpico. Cuando era más joven pensaba que nunca podría conseguir nada precisamente por ser quien yo era». Esta es su historia…

Tom Daley es uno de los deportistas británicos más conocidos. El saltador de trampolín de Plymouth es una figura deportiva tanto dentro como fuera del Reino Unido, posiblemente a la altura de otros como Jessica Ennis-Hill or Sir Steve Redgrave. Su palmarés olímpico (dos bronces) no llega al de Ennis-Hill y por supuesto está muy lejos del de Redgrave, pero la historia de superación personal y deportiva de Daley se ha ganado la admiración de muchos tanto dentro como fuera del deporte. Daley ha sido un atleta precoz. Su figura menuda en lo alto de la plataforma de 10 metros nos lleva acompañando desde los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en los que compitió con 14 años. Por aquel entonces, con su cara de niño y su complexión más infantil que atlética, era el deportista más joven de toda la delegación británica y se convirtió en el competidor más joven en participar en una final de aquellos juegos de Pekín.

Desde que saltara a la fama siendo un adolescente, Daley se ha convertido en un deportista de talla mundial. En un deporte dominado por los saltadores chinos, Daley se ha acercado a su nivel. Consiguió una medalla de bronce en la competición individual de plataforma de 10 metros en Londres 2012 y otro bronce en Río 2016 en saltos sincronizados desde 10 metros. En 2009, con tan solo 15 años, se convirtió en campeón mundial gracias a su regularidad en la final y los fallos de sus rivales, los chinos Qiu Bo y Zhou Luxin.

Aquel primer Mundial de 2009, en Roma, nos dejó una de las escenas más entrañables y recordadas de Daley. Durante la rueda de prensa tras la entrega de medallas, su padre, Robert Daley, cogió el micrófono para expresar lo orgulloso que se sentía de él y pedirle que le diera un abrazo. Tom, entre avergonzado y emocionado, no pudo reprimir las lágrimas y corrió para abrazar a su padre, al que estaba muy unido. Robert era uno de los puntos de apoyo de Tom en el rigor de la competición deportiva de élite. La historia de Tom Daley no puede entenderse sin la figura de su padre. Al principio de su carrera porque Robert dejó su trabajo para poder estar al lado de su hijo en entrenamientos y competiciones. Más tarde, porque su muerte fue un durísimo golpe para Tom. En mayo de 2011, catorce meses antes de los Juegos Olímpicos de Londres, Robert Daley falleció a causa de un tumor cerebral que le habían diagnosticado un año antes. Tom acababa de cumplir 17 años. No era aún mayor de edad y debía superar la larga enfermedad y el fallecimiento de su padre para concentrarse en su objetivo máximo: una medalla olímpica en Londres 2012.

El mismo día que murió su padre, Tom publicó dos mensajes en su cuenta de twitter. El primero, tan solo 20 minutos después de su muerte, fue un simple y sentido “Te quiero mucho, papá”. En el segundo, unas horas más tarde, Tom se despedía de su padre: “Si pudiese ser tan sólo la mitad de buen padre que tú lo has sido para mí, eso sería mi mayor logro en la vida. Te quiero”. Daley se sobrepuso al golpe y se entrenó lo más duro que pudo para honrar la memoria de Robert en Londres 2012. A la presión de unos Juegos Olímpicos en casa y ser uno de los deportistas más conocidos del equipo británico Tom se autoimpuso la exigencia máxima para no fallar a su padre. La medalla, aunque fuese de bronce, le supo a gloria a un Daley que tan sólo acababa de cumplir 18 años cuando compitió en la pileta del parque olímpico de Stratford.

Pero la muerte de su padre no era el primer bache en la carrera y en la vida del joven Daley. Entre los 11 y los 14 años Daley fue alumno del Eggbuckland Community College de Plymouth. En abril de 2009, meses después de haber saltado a la fama por su participación en los Juegos Olímpicos de Pekín, Daley confesó a un periódico local que estaba siendo víctima de acoso escolar. Con 14 años tuvo que enfrentarse al acoso de sus compañeros. Sus padres decidieron retirar a Tom de aquel colegio y, tras varias negociaciones, consiguieron que otro instituto local, el Plymouth College, le ofreciese una beca para estudiar allí. Lo más sorprende de aquella historia es el aplomo que tuvo Tom para confesar en público su situación personal. No sólo eso, sino que además apoyó una campaña de una ONG contra el acoso escolar infantil. Y, a pesar de todo ello, siguió compitiendo y se proclamó campeón del mundo en 2009.

En los primeros años de su carrera, tanto Tom como su familia se esforzaron porque el saltador pudiese seguir una vida lo más normal posible. Para ello decidieron, con la ayuda de la federación, que su centro de entrenamiento se situase cerca de casa, en Plymouth. Otra decisión fue intentar que Tom continuase estudiando y acabara, como mínimo, los A-levels ingleses, el equivalente al título de bachillerato y la selectividad puesto que dan acceso a la universidad. Así pues, Daley compaginó su régimen de entrenamientos con las clases en el colegio y el instituto lo mejor que pudo y acabó presentándose a los A-Levels en fotografía, español y matemáticas. En los tres sacó buena nota y no es raro, por ejemplo, escuchar a Tom hablar castellano con relativa soltura.

El deporte de élite tampoco se lo ha puesto fácil a Tom Daley. La dureza de la competición le ha golpeado un par de veces durante su carrera. Posiblemente el momento más bajo llegó en 2013. Tras los Juegos Olímpicos de Londres Daley se tomó unos meses libres durante los que dedicó mucho tiempo a aparecer en programas de televisión y desarrollar su imagen comercial. Daley presentó para el canal de televisión ITV un programa en el que famosos aprendían salto de trampolín con él como maestro. Splash, que así se tituló el programa, logró unos datos relativamente buenos de audiencia, pero desató una polémica con los directivos de la federación británica de natación sobre si Daley se estaba tomando su carrera deportiva en serio. Los problemas de verdad llegaron más tarde aquella temporada. Las lesiones complicaron el año a Daley. Primero fue el hombro, que le impidió rendir en la serie mundial de la FINA (Federación Internacional de Natación). Luego fue un problema en el tríceps justo unos días antes de competir en los mundiales de natación de Barcelona. Daley, con mucho dolor, consiguió completar las rondas de clasificación, pero en la final no pasó del sexto puesto. Acabó la temporada muy desanimado por las lesiones, puesto que durante todo el año compitió con dolores. Los malos resultados le sumieron en una pequeña depresión e incluso pensó en retirarse.

El amor, por cursi que parezca, lo rescató tanto en su vida personal como deportiva. El 2 de diciembre de 2013, tras esa temporada tan aciaga, Tom Daley dio un paso que cambiaría su vida a mejor. Utilizando su canal personal de Youtube, publicó un video en el que salía del armario y declaraba su homosexualidad. Tom salió del armario en un momento difícil en lo deportivo. Lo hizo a su manera. Con un vídeo de cinco minutos y medio muy personal. Tumbado en la cama de su casa de Plymouth le explicó al mundo su secreto. También confesó en ese vídeo que había conocido a alguien que le hacía sentirse muy feliz, “y esa persona es un hombre”. La reacción no pudo ser más positiva. Las muestras de apoyo y cariño llegaron de todas partes del planeta y, sobre todo, de conocidos deportistas. Tom Daley se había quitado un peso de encima. ¿Y quién era el afortunado? No tardó mucho en conocerse la identidad: el director y guionista estadounidense Dustin Lance Black, ganador de un óscar por Mi nombre es Harvey Milk. Veinte años mayor que el saltador de Plymouth, ambos se conocieron en una fiesta en Los Ángeles.

No se trata de jugar aquí al cotilleo del corazón. Daley ha reconocido que su relación con Black (con el que se casó este año) le devolvió la tranquilidad necesaria para centrarse de nuevo en su carrera deportiva. Descubrió en su novio (ahora marido) un motivo para volver a entrenarse cada día. Black fue también un apoyo fundamental en el cambio de centro de entrenamiento desde Plymouth a Londres. Daley dejaba así por primera vez la seguridad del nido familiar para volar por sí mismo en la vida más allá del trampolín. Black es una figura importante en la carrera deportiva de Daley como lo fue su padre en los inicios. Con la estabilidad que le dio su nueva pareja, Tom Daley volvió a su mejor forma para llegar a Río 2016. Consiguió una medalla de oro por equipos en los mundiales de natación de Kazán (2015) y dos oros en los campeonatos de Europa de 2016 en Londres. Pero cuando más alto parecía estar, fue en la pileta de saltos de Río de Janeiro, donde la competición le propinó otro duro golpe.

Ya convertido en un deportista famoso dentro y fuera de la piscina, Daley aspiraba a dos medallas en Río 2016. En Pekín era sólo un niño. Londres fueron sus primeros Juegos Olímpicos en la élite, pero ahora tenía los focos de todas las cámaras sobre él y había alcanzado la madurez física y mental. Tras conseguir un bronce en la competición de saltos sincronizados por parejas, llegó su momento de brillar en el torneo individual. Le pudo la presión. Comenzó la semifinal con un par de saltos malos y ya no se recuperó. Tom Daley, para sorpresa y asombro de muchos, se quedó fuera de la final. Fiel a su estilo próximo y cercano, no dejó de atender los micrófonos de la BBC tras la decepción. Entre lágrimas pidió perdón al su público y la presentadora del canal público británico tuvo que consolarlo.

Muchos pensaron que quizás podría ser la última competición de Tom Daley. No le hace falta seguir jugándose el físico saltando desde diez metros para vivir. Su estatus de estrella mediática le augura un futuro relativamente seguro si no toma decisiones erróneas. Pero Daley es un guerrero. Su marido, Dustin Lance Black, le llama cariñosamente monkey warrior (mono guerrero). Un apelativo tan cariñoso como acertado. Daley es un superviviente como ha demostrado durante toda su vida y su carrera. Se tomó un tiempo para pensárselo, pero con el apoyo de su familia, su novio y sus amigos consideró que aún no era tiempo de arrojar la toalla. Su sueño, confesado en miles de entrevistas, es un oro olímpico. Es difícil dada la fuerza de los saltadores chinos, pero quiere intentarlo una vez más y ya piensa en Tokio 2020.

En este 2017 que ahora acaba Daley parece haber conseguido un equilibrio entre sus vidas deportiva, comercial y personal. Sigue siendo una figura habitual en programas de televisión en el Reino Unido, si bien ahora se centra sobre todo en apoyar la lucha en favor de los derechos de la comunidad LGTB en sus apariciones. Su canal de youtube y sus cuentas de twitter e Instagram son sus medios de comunicación favoritos para conectar con el público. Toda esta actividad, sin embargo, parece no afectar a su rendimiento deportivo. En 2017 Daley se proclamó campeón de plataforma de diez metros en los Mundiales de natación de Budapest, en los que también se llevó una plata en los saltos sincronizados desde el trampolín de tres metros. Quizás más importante fue su regularidad en la serie mundial de la FINA, en la que consiguió un bronce en Pekín, tres bronces más en Kazan y acabó el año con una medalla de plata en Guangzhou (China). Pero por supuesto, la medalla de oro se la colgó al cuello el 6 de mayo cuando contrajo matrimonio con su novio, Dustin Lance Black, en Devon.

Tom Daley, el mono guerrero de la plataforma de diez metros ha superado muchas adversidades para llegar donde está. Casi siempre con una sonrisa para el público, se ha convertido en una figura muy querida para los británicos. No ya porque sea un chico guapo (algo que sin duda explota en su lado más comercial), sino por su esfuerzo de superación y su sincera cercanía cuando habla. Ahora, ya en su plena madurez deportiva, le quedan dos años por delante para su mayor reto: conseguir el oro en sus cuartos Juegos Olímpicos.

 

Tom Daley (izquierda) y Matty Lee celebran su medalla de oro en el centro acuático de Tokio. CORDON PRESS

Borja García
Borja García
Periodista de vocación hasta que decidió que prefería tener los fines de semana libres para ir al fútbol. Trabajó para la cadena SER y el Diario AS. Tuvo el privilegio de vivir y contar en directo el Mundial juvenil de fútbol de Nigeria como enviado especial. Hace años decidió cambiar el mundo informativo por el académico. Ahora es profesor de universidad y se dedica a investigar y explicar los entresijos de la gestión y del negocio del deporte en una universidad del centro de Inglaterra. Y a seguir las desventuras del Nottingham Forest.
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