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VanVleet: de no ser drafteado a ganar el anillo en tres años

El deporte es perseverancia, insistencia, dedicación, sacrificio, esfuerzo, superación y, sobre todo, no darse nunca por vencido. De todo esto sabe mucho el flamante campeón de la NBA Fred VanVleet. El base estadounidense se quedó fuera del Draft en 2016, pero no desistió. Estaba seguro de que tenía aptitudes para jugar de forma profesional en la NBA, la mejor liga de baloncesto del mundo.

 

Fredderick Edmond VanVleet (Rockford, Illinois) es un base de 1,83 metros y 25 años. Desde pequeño soñó con ser jugador en la NBA y llegar algún día a ganar un anillo. Le ha bastando un cuarto de siglo para conseguirlo.

Su carrera empezó a despegar como jugador de los Shockers, el equipo universitario de la Universidad Estatal de Wichita (Kansas), en el que jugó cuatro años. Promedió 10,2 puntos, 3,3 rebotes y 4,5 asistencias por partido. Además, en sus tres últimas temporadas como jugador universitario fue incluido en el mejor quinteto absoluto y en el mejor quinteto defensivo de la Missouri Valley Conference (MVC), recibiendo en 2014 y 2016 el premio jugador del año de la MVC.

Sorprendentemente, los premios y las buenas estadísticas no le valieron para estar entre los 60 elegidos del Draft 2016. En esa edición del Draft el número uno fue el australiano Ben Simmons, que juega en el los Philadelphia 76ers. A pesar de ello, insistió y participó en la liga de verano de la NBAcon su actual equipo, Toronto Raptors.

La NBA Summer League es una competición organizada en el mes de julio posterior al Draft. En ella participan la mayoría de las franquicias con plantillas compuestas por jugadores con menos de tres años de experiencia profesional, las elecciones del Draft de ese año y otros jugadores invitados. Entre ellos estaba VanVleet. La competición está concebida para dar oportunidades a los jugadores novatos para que firmen un contrato profesional y entren en las listas definitivas de 15 jugadores que presenta cada equipo de cara a la siguiente temporada. Después de mucho esfuerzo y de actuaciones destacadas durante el torneo estival, Raptors decidió ofrecer un contrato a VanVleet que se rubricó el 18 de julio de 2016.

No fue fácil para el base estadounidense demostrar que se merecía tener una plaza en la NBA. Pero el jugador no se rindió nunca y acabó consiguiéndolo. No satisfecho con ello, su buen hacer dentro de la cancha le ha llevado a ganar protagonismo en cada partido con la franquicia canadiense. Después de su primera temporada, ya nadie ponía en duda que era un jugador más que válido para la liga. Pero tampoco era suficiente para VanVlet: él quería ganar un anillo. Después de una temporada regular para enmarcar, el base de los Raptors firmó ayer un partido para el recuerdo (22 puntos y cinco triples) y consiguió su sueño.

El éxito de los Raptors se debe en gran medida al Draft del año 2016, que será recordado por el de los grandes pelotazos de la franquicia de Toronto. Tras elegir al pívot austriaco Jakob Poeltl, incluido en el traspaso por Kawhi Leonard, el conjunto canadiense se hizo con los servicios de dos jugadores que han sido claves para conquistar el campeonato: Pascal Siakam, elegido el número 27, y el citado Fred VanVleet, que ni siquiera fue seleccionado por ningún equipo en primera instancia.

En lo personal la vida de VanVleet tampoco ha sido nada fácil. El base de los Raptors creció en Rockford, Illinois, lugar que según la revista Forbes es la tercera ciudad con más pobreza de Estados Unidos. Las señas de identidad de Rockford son la miseria, la elevada tasa de desempleo y las pandillas callejeras. En este contexto, y a la temprana edad de cinco años, VanVleet se encontró a su padre asesinado cuando volvía de la escuela. Al parecer estaba envuelto en asuntos turbios y su trágico desenlace se debió a un ajuste de cuentas.

Tres años después del asesinato de su padre, cuando tenía ocho años, su madre se enamoró de un policía veterano llamado Danforth. Con aquel policía convertido en su padrastro llegó una disciplina casi militar a su casa. Danforth hacía sonar el despertador a las 5:30 mientras gritaba al fondo del pasillo que era hora de levantarse. Minutos después VanVleet y su hermano JD estaban subidos en el coche de camino a una cancha de baloncesto para entrenarse con un chaleco de 15 kilos a cuestas para fortalecer su forma física. “Le pegábamos mucho durante los entrenamientos porque encima era el pequeño” recuerda su hermano JD. No fueron días especialmente felices para el nuevo campeón de la NBA. De aquella época destaca que su padrastro “era muy malo. Yo solo quería ser un niño. Posiblemente, esos días no sonreía mucho”.

“No te vas a quedar sentado y ser un vago. No vas a ser un cualquiera. Todo el mundo puede ser un cualquiera”, le repetía hasta la saciedad su padrastro. A pesar de las duras impresiones que transmite, el motivo de tanta dureza era alejarles de la delincuencia. Danforth no iba desencaminado. De Rockford, el jugador de los Raptors recuerda: “No había nada. No teníamos esperanzas ni referentes. Aquí no hay modelos a seguir. Ningún amigo tiene padres que sean médicos o empresarios. Nadie salido de aquí juega en la NBA o es una estrella de la música”.

Cuando solo tenía 14 años, su gran amigo y compañero de equipo, Spider, recibió un disparo en el cuello y se desangró en el acto. La noche en la que sucedió estaba de guardia su padrastro, que fue el encargado de contarle la trágica noticia a su hijastro. A pesar de que la historia es sobrecogedora, el base de la franquicia canadiense estaba más que acostumbrado a noticias de esta índole. Las calles de Rockford estaban inundadas de pandilleros de Los Wacos o los Vice Lords, bandas rivales a las que la mayoría de jóvenes del barrio querían unirse. VanVleet llegó a afirmar en referencia a su época en el instituto que “lo normal es que los chicos llevaran su pistola en la mochila”.

De su adolescencia en Rockford Fred recuerda que “había drogas, prostitución, tengo primos a los que le dispararon… Todo estaba sucediendo a mi alrededor. La gente se alarma cuando lo cuento. Se alarma por mi naturalidad para contarlo, pero para mí todo eso era lo normal.”

En la realidad en la que vivía VanVleet habría podido elegir el mal camino… Pero no fue así. Su familia no le dejó y él tampoco quiso. “Nunca salía de fiesta, no podía salir de casa más tarde de las 10 de la noche. Si había una película que empezara tarde, mis padres me prohibían ir a verla y tenía que esperar al pase del día siguiente por la tarde”, recuerda. “Mi madre me decía que iba a pasar cuatro años aburrido para tener libertar el resto de mi vida”.

Como todos los chicos de Rockford, VanVleet no tenía una familia que pudiese costearle estudios universitarios. Su única oportunidad para seguir estudiando era obtener una beca para jugar al baloncest. Los primeros interesados en el base estadounidense fueron Kent State y North Illinois, pero tampoco con demasiada vehemencia, por lo que decidió esperar. Poco después llego una carta de Wichita State en la que afirmaban que estaban muy interesados en que jugase para su universidad los próximos cuatro años. VanVleet se comprometió sin pensarlo y todo lo demás ya es historia.

Aitor González
Aitor González
Vigués afincado en Madrid. Aficionado a los golpes en la cabeza y, por ende, también al motociclismo y al boxeo. Su primera bicicleta tenía motor y desde ahí ha ido in crescendo. El día que descubrió que no iba a ser ni el próximo Kevin Schwantz ni el próximo Muhammad Ali decidió dedicarse al periodismo. En sus ratos libres le gusta complicarse la vida y leer sobre filosofía y la Guerra Civil, probablemente a causa de algún traumatismo craneoencefálico.
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