El interés de los niños por el fútbol tiene un porqué: el momento en el que sus padres les regalan su primera pelota. Pero el de Javi no es así. El de Vázquez comenzó en el embarazo. Por sus padres, Ramón Vázquez, que fue futbolista del Sevilla en los años 80, y por Elisa López, campeona de España de voleibol. En la barriga de su madre dio tantas vueltas y tantas patadas como las que le acabaría dando al balón. Y comenzó también a correr, no él, sino su sangre, que es más roja que todo el barrio de Nervión.
Alcalá de Guadaíra, conocida tradicionalmente como Alcalá de los panaderos, vio sus primeros pasos. Allí su padre montó la Escuela de Fútbol Base, denominada popularmente «la Escuela de Ramón». Ese era el lugar más frecuentado por los chavales alcalareños para disfrutar del balompié hasta su cierre, en 2011. Y para Javi, que comenzó con cinco años, no iba a ser menos. Había muchas estrellas en su equipo, pero él era el Sol; su talento eclipsaba todo lo que se movía a su alrededor.
El mismo año del cierre de la escuela de su padre llegó al Sevilla. Le propusieron hacer las pruebas y las acabó pasando. Las malas lenguas dicen que fue «enchufado» por su padre. Ahora que ha debutado con el primer equipo, habrá quien piense que su progenitor lo ha impuesto en la alineación. Que el chico vuela solo lo demuestra que ya ha sido convocado en varias ocasiones con las inferiores del combinado nacional.
El sonido del teléfono para notificarle la llamada de la Selección se hizo esperar; lo que no, su liderazgo en el patio. Los Salesianos fue el colegio en el que estuvo de los cuatro a los 16 años. Y allí exhibía todos los días su juego. Siempre era capitán, tanto en las clases de educación física como en el recreo. Tímido, prefería hablar en el campo. A él lo elegían, nunca se ofrecía. Pero aceptaba. En su clase siempre hubo uno que le hizo competencia, un tal Vicente. El resto debía elegir su bando: o eras de Javi o eras de Vicente. Ambos zurdos. Ambos con una calidad exquisita.
La escuela siempre fue testigo de su sevillismo. Tanto en su clase como en su grupo de amigos había una amplia mayoría de béticos. Pero a él le daba igual; siempre traía su bufanda cuando su equipo conquistaba algún título. Trofeos en los que su jugador favorito, Navas, estaba presente. De verlo por televisión a tenerlo como compañero. Las vueltas que ha dado su sueño. Un sueño que ni él mismo puede dominar.
El colegio no sólo fue testigo de su amor por el Sevilla y por Navas, sino de su primera llamada con la Selección. Era la última semana de clase antes de la graduación y todos los profesores vinieron a felicitarle. Él, introvertido, apenas lo expresaba, pero estaba realmente feliz. No pudo graduarse por estar concentrado en Las Rozas. Pero los trenes sólo pasan una vez. Y él decidió subirse.
Su debut ha llegado el mismo día que TVE ha comunicado que Roberto Leal, otro hijo de Alcalá, dará las campanadas de 2019. Parece que el municipio sevillano está de enhorabuena. Ahora hay que ver si ha sido flor de un día o si se mantiene ahí arriba. Lo que sí está claro es que en Alcalá ya empieza a dejar de ser «el hijo de Ramón»; comienza a ser Javi, Javi Vázquez.




