Entiendo que hay muchas presiones para que continúe La Liga. No solo externas, sino también internas: decía Fred Vargas que estamos programados para tener siempre tres problemas en la cabeza, así que si uno vuelve a ser el futuro de nuestro equipo, psicológicamente nos habremos quitado de encima algún tema de verdad importante para sustituirlo por algo en el fondo intrascendente.
Pero todas las razones que puedan esgrimirse para justificar esta urgencia no suavizan el mensaje que se ha dado al hincha de a pie, el que se lleva el bocadillo al estadio y planifica la jornada alrededor del partido, y que se resume en el “todo por el aficionado, pero sin el aficionado”. Seguir con La Liga en este momento es empezar a repartir la tarta antes de que el cumpleañero llegue a su fiesta sorpresa. Aunque es posible que el pecado lleve su penitencia y esta situación también acabe afectando a unas plantillas que pueden encontrarse con un “todo por el jugador, pero sin el jugador”. Y para desarrollar esta teoría es necesario hablar del aprendizaje por refuerzo, del Google Brain Team y de Cecilia, la protagonista de La rosa púrpura de El Cairo, de Woody Allen.
Ahí vamos.
En el mundo de la inteligencia artificial, el aprendizaje por refuerzo es un área en la que los algoritmos parten de cero y van aprendiendo de sus aciertos y errores. Igual que un ser humano. El algoritmo es un agente que realiza una acción en un entorno que se ve modificado y que recibe un refuerzo, positivo o negativo, como respuesta a esa acción En el caso del ajedrez, la acción sería mover una ficha en un tablero que cambiaría y el refuerzo el resultado positivo o negativo de esa acción para el desarrollo de la partida.
¿Y por qué no ver un terreno de juego como un tablero en el que se mueven los jugadores como fichas con unos resultados que permiten valorar distintas estrategias? Esta es la pregunta que debió hacerse la gente del Google Brain Team, un equipo dedicado a la inteligencia artificial, tras comprobar que el aprendizaje por refuerzo fue determinante para ganar en varias partidas a Lee Sedol campeón mundial del Go. Netflix dedicó su documental AlphaGo a contar todo lo que sucedió en ese enfrentamiento, haciendo especial mención a jugadas de AlphaGo calificadas de únicas y creativas.
El reto del fútbol es tan estimulante que no es de extrañar que el Google Brain Team le haya dedicado tiempo y esfuerzo. Para enfrentarse a este desafío, se han centrado en tres áreas: Football engine, Football Benchmarks y Football academy.
Football engine es la reproducción del entorno de un partido de fútbol para que el juego que se desarrolle en él resulte lo más creíble posible. Ni jugadores que puedan correr sin agotarse, ni tiros que hagan agujeros en las redes ni porterías de distintos tamaños. Ahí se definen las reglas a las que todos los equipos se tienen que adaptar.
Footbal academy es el espacio en el que el algoritmo se dedica, mediante aprendizaje por refuerzo, a desarrollar sus técnicas. Desde lanzar un córner a realizar un pase entre líneas o enfrentarse en un uno contra uno a un portero. Hay que volver a incidir en que el algoritmo no ha analizado partidos pasados ni recibido ninguna indicación de cómo se realizan las jugadas. Lo que sabe, literalmente, lo aprende aquí.
Foootball Benchmarks, por último, es el terreno virtual donde el algoritmo se enfrenta a otro previamente programado para poner a prueba todo lo que ha aprendido.
Supongamos que la FIFA aprobara ese entorno del Football engine y que se crearan unas competiciones virtuales en la que los clubs con equipos en el mundo real pudieran participar con sus réplicas virtuales, que no estarían ya en manos de un Zidane o un Cholo, sino en las de un algoritmo atento a cualquier mínimo detalle.
La propuesta sería interesante porque el presupuesto de un club no ya sería tan determinante. El éxito estaría en manos del equipo de inteligencia artificial, que podría fácilmente superar, con trabajo e inteligencia, a rivales que en el mundo real serían prácticamente inalcanzables.
Además de reducir las diferencias de partida, este sistema tal vez nos ofrecería estrategias y alineaciones no vistas hasta ahora. Hay que tener en cuenta que al algoritmo no le interesa la historia. El sólo busca maximizar sus refuerzos y es posible que la forma de lograrlo sea con desarrollos y planteamientos únicos.
Sin duda, el punto más problemático es la creación de los jugadores. ¿Qué impediría a los desarrolladores entrenar jugadores con las características de Messi o de Ronaldo? En lo que se decide este punto, y para poder arrancar, podrían realizarse copias virtuales de los jugadores reales de cada plantilla, adaptando sus características.
Y es aquí donde aparece Cecilia, la protagonista del La rosa púrpura de El Cairo. Cecilia es una apasionada del cine que tiene que elegir entre Tom Baxter, el personaje en blanco y negro que salta de la pantalla para declararle su amor, o Gil Shepherd, el actor en carne y hueso que se presenta para arreglar la situación y que también quiere seducirla.
Nosotros, como Cecilia, también nos veríamos obligados a volcar nuestro afecto en el mundo real o en su copia virtual. Por lo que aprendemos en la película de Woody Allen, en el mundo virtual puedes estar siempre de fiesta y no hay pelea de la que salgas herido. A cambio, hay que asumir que lo que sirven las botellas de champán es gaseosa y que el dinero que utilizan no sirve fuera de su reducido mundo.
Los alicientes para quedarse en el mundo real parecen más convincentes hasta que te encuentras con partidos con las gradas vacías en las que rebotan los gritos de los entrenadores. Esto en el virtual nunca se daría: ahí no hay distancia de seguridad que mantener y hasta los seguidores podemos tener nuestra copia virtual mejorada: siempre joven, siempre de buen humor, siempre animando. Y, si eres el presidente del equipo, para reformar tu estadio no tendrías que hacer obras durante varios meses. Bastaría con ir pasando varios diseños y hacer click en el que más te gusta.
Max Tegmark, en Vida 3.0, afirma que la mejora de los ordenadores es como la subida del nivel del agua en un valle: cada vez quedan menos picos que se encuentren a salvo.







